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Categoría: Columna: Juventud Marxista
° Febrero °
17
2014
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Juventud MarxistaEl Ecosocialismo, una falsa esperanza “verde”

Luego de la caída de la Unión Soviética, la incertidumbre, el miedo, y la desconfianza a sus propias ideas, invadió a un grupo de “renombrados marxistas”, mientras unos optaron por ser los justificadores de la caricatura burocrática en que se convirtió el régimen Estalinista, otros se encargaron de revisar y “corregir” una y otra vez las bases teóricas marxistas, hasta autoproclamarse los nuevos inventores del socialismo actual.

El ecosocialismo, muy de moda actualmente en Venezuela, es vendido a las masas, como la panacea ecológica ante un frío y economicista socialismo ortodoxo. Que, según afirman estos nuevos “socialistas”, no contempla explícitamente el medio ambiente y por lo tanto no ofrece soluciones reales.

Por una parte los ecosocialistas reconocen que el sistema burocrático y autoritario en que se tornó la URSS, no es en lo absoluto el socialismo científico del que escribieron Marx, Engel y Lenin, sin embargo en vez de volver a las raíces teóricas, plantean una nueva forma de “socialismo”, sin Lucha de Clases, sin Dictadura del Proletariado y sin expropiación de la burguesía, en fin, sin un verdadero socialismo, más bien a manera de un Capitalismo Humanista y Verde.

Las herramientas del marxismo (materialismo dialéctico, materialismo histórico, y la economía política), nos permiten analizar y entender que la única fuente de todos los males ambientales a los que esta sometida la sociedad actual y que amenazan con la destrucción de la vida humana y de muchas otras especies, es la implacable ambición que alimenta al Capitalismo. No son los humanos en general los que estamos destruyendo el planeta, sino un pequeño puñado de individuos a través de gigantescas corporaciones, movidas por la lógica del capital, las que destruyen poco a poco, y cada vez más, el medio ambiente.

La burguesía nos ha hecho creer que es una tarea compartida, que si apagamos las luces o desconectamos el cargador del teléfono cuando no les estamos dando uso, ayudamos a salvar al planeta. Sin embargo, nada mas alejado de la realidad. Poco o nada es el aporte que la clase trabajadora, y el pueblo en su conjunto puede hacer, para acabar con la contaminación global, mientras las principales industrias – especialmente en los países del capitalismo avanzado – se niegan a cumplir con regulaciones, para reducir la polución, desechos y desgaste de los recursos naturales (¿acaso puede el capitalismo aceptar regulaciones?).

Quien destruye la selva amazónica, quien privatiza las aguas de ríos y lagunas, quien derriba montañas enteras para extraer los minerales que en ellas se encuentran, no es la sociedad en general, sino la burguesía. Nos hacen creernos cómplices de la destrucción, con el único objetivo de que nos culpemos a nosotros mismos de los daños que ellos hacen, y así desviemos la atención, dejando de reclamarle al verdadero padre de todos los problemas ecológicos en el planeta, al capitalismo.

Los ecosocialistas omiten esta verdad, y haciéndole el juego a la burguesía, plantean cambiar a las personas, al individuo común, sin cambiar el sistema. Con la ingenua e infantil idea de que las gigantes corporaciones, puedan aprender por medio de lecciones de moralidad. Pero, ¿a quién sino es al capitalismo, le conviene una sociedad consumista?, y la sociedad lo es, justo porque el capitalismo la ha “educado” para que así sea. Ante un mayor consumo, mayores ganancias, y bajo la lógica del capital en última instancia esto es lo único que importa.

El ecosocialismo en su afán de mostrarse como una nueva idea, rechaza la base científica del marxismo, y deja de lado todas las medidas “ortodoxas”, que de raíz que pueden salvar al medioambiente. El socialismo científico por su parte, entiende que no son las personas las culpables, sino la lógica en que se rige la sociedad capitalista, ¿acaso pudiéramos imaginar un capitalismo sin un exceso de consumo?, sería esperar que el vendedor de automóviles cuando nos recibe en su oficina nos aconseje reparar el viejo automóvil familiar, en vez de comprarle a él uno nuevo. Todo lo contrario, la lógica del capitalismo le obliga a venderte un vehículo incluso si no lo necesitas. Este derroche de recursos es el verdadero motor que mueve al capitalismo mientras exista.

Sólo acabando con el capitalismo, acabamos con este y muchos de los tantos males que sufre la sociedad en la actualidad. El marxismo nos explica que no hay atajos, ni caminos mágicos. Sólo expropiando las palancas de la economía mundial (monopolios, latifundios y la banca privada), y poniéndolas en manos de la clase trabajadora y el pueblo en general, podemos evitar que las corporaciones sigan destruyendo el planeta. Y esto no es una suposición utópica, todo lo contrario. ¿Quién más que el mismo pueblo puede saber que le conviene?. El campesino no puede permitir la contaminación de las aguas de los ríos de los que depende su cultivo, y su único sustento. El obrero no puede destruir y contaminar la ciudad donde vive, y ve crecer a sus hijos.

Si la humanidad entera es dueña de las riendas de la economía mundial, de forma realmente democrática y tomando en cuenta las opiniones y decisiones en base a las mayorías, no sólo se evitaría seguir contaminando el planeta, sino que en pocos años veríamos como se empieza a recuperar.

La solución no es reinventar el socialismo, poniéndole un nuevo nombre, para confundir a las masas y mantener el sistema opresor y destructivo del capitalismo, sino volver a las verdaderas raíces del socialismo científico. Un ecosocialismo que no plantea cambiar el sistema sino “humanizarlo”, no sólo no puede ofrecernos un futuro “verde”, sino que nos aleja más de él, al alejarnos de las verdaderas soluciones.


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