Juventud MarxistasLa autonomía de las universidades públicas

Sólo trasformando radicalmente la enseñanza, la organización y la educación de la juventud, conseguiremos que el resultado de los esfuerzos de la joven generación sea la creación de la sociedad comunista.” Vladimir Lenin, discurso ante el III Congreso de las Juventudes Comunistas.

Las luchas estudiantiles que se libraron en Venezuela por la autonomía de las universidades públicas, surgieron de la batalla histórica de la izquierda nacional en contra de la opresión del estado burgués y la dictadura del capital –tanto en su fase abiertamente dictatorial (perezjimenismo), como en su fase “democratica” que le siguió– y en especial en el aparato alienante de la educación burguesa.

Pero lo que en ese momento parecía una salida progresista para avanzar hacia la construcción de un sistema educativo libre de todo adoctrinamiento partidista, se convirtió en instrumento de la burguesía, aprovechando la autonomía para crear los semilleros de las juventudes de la clase trabajadora, que en la actualidad defienden a la burguesía y a sus brazos políticos agrupados en la MUD.

Es de esperarse que la burguesía, con su clara conciencia de clase, use todos nuestros errores a su favor, especialmente cuando no logremos entender la lucha de clases, y nuestro papel en esta. No es posible construir una mejor sociedad rogando a la burguesía que juegue un papel humanista o revolucionario. Como diría el Che Guevara “al imperialismo [y a la burguesía en general] ni tantito así”, y le dimos tanto a nuestra burguesía, que ahora nos golpean a través de nuestra juventud, la juventud de la clase trabajadora.

Es cierto que la autonomía de las universidades nos permite erradicar el poder del estado burgués en la educación, sin embargo, esto no acaba con el problema de raíz. Por el contrario, solo obliga a que la burguesía controle directamente, por si mismos y sin el apoyo de la legalidad burguesa (en otras palabras, sin hipocresías) el sistema educativo tradicional.

Esto le permitió a la derecha dirigir un paro educativo nacional con intenciones desestabilizantes, en contra del gobierno del camarada presidente Nicolás Maduro. Que terminó con la pérdida del semestre para muchos de los jóvenes universitarios, incluso de aquellos que no apoyaban tales medidas de la derecha.

Sin embargo, esto nos debe llevar a una reflexión que nos permita, sobre la base de los errores de nuestra clase, plantearnos las estrategias correctas y realistas para lograr el destierro del poder de la burguesía de todo el aparato educativo.

Es cierto, que el estado burgués, por no ser nada más que la institución creada para “validar legalmente” su opresión y defender sus intereses de clase, debe permanecer al margen de la educación, sin embargo a través de la autonomía universitaria, no se garantiza en lo absoluto, que por otro medio “legal” la misma burguesía llegue ejercer su influencia y seguir utilizando a las universidades como medios para formar y adaptar a las juventudes al sistema capitalista, para perpetuar la sociedad de clases.

Al mismo tiempo esta autonomía en un gobierno progresista de izquierda, incluso sin la influencia de la derecha, puede convertirse en traba para la transformación de la sociedad. Ya que los profesores se negarían a adaptar sus carreras para que sean consecuentes a la construcción del socialismo, confundiendo estas acciones con el adoctrinamiento del que piensan estar exentos actualmente, al ignorar que estas carreras fueron creadas tradicionalmente, como toda la educación formal, con el fin de adoctrinar a las juventudes y mantener el sistema de turno.

Por ejemplo, muchos profesores de carreras como Economía, Administración, Educación, etc. formados (sin saberlo) bajo una visión pro-capitalista, serían incapaces de entender y promover por si solos, teorías que niegan la mayor parte de lo que ellos han enseñado por años. Es por esto que se hace necesario una planificación centralizada de la educación, dirigida por el mismo estado.

Sin embargo, esto nos lleva a la contradicción entre: autonomía y control alienante burgués (actualidad); contra la planificación centralizada y adoctrinamiento partidista (pasado). Cada opción es tan indeseable como su contraparte.

Como lo dice nuestra cita de Lenin, es prioritario revolucionar radicalmente a la educación, eliminando y desterrando todo el aparato cultura-educativo, destinado a alienar a nuestros jóvenes, y hacerlos presos del sistema capitalista.

Por esto, y para resolver esta contradicción debemos avanzar hacia la verdadera democracia interna dentro de cada escuela, liceo y universidad, incluso dentro de las instituciones privadas. Se trata de que un consejo estudiantil (o como lo queramos nombrar), elegido por cada uno de los trabajadores (profesores, administradores y obreros) junto con los estudiantes, donde cada voto valga lo mismo sin importar si se trata de un obrero o de un doctor en filosofía. Este órgano democrático debe tener la potestad de regular, controlar y dirigir, a través de asamblea y democráticamente y en cooperación con el estado, desde las políticas de ingreso y cuanto dinero se recibe del estado, hasta cuanto se gasta en salarios, mantenimiento, etc. Pudiendo lograr a mediano o largo plazo, eliminar la función de los rectores (que replican al sistema capitalista), y cambiando con esto las relaciones de producción dentro todo el sistema educativo.

Esta revolución educativa no significará un cambio inmediato en el sistema de educación, ni en la conciencia de los trabajadores educativos y el alumnado, sin embargo, representa la única forma real y a corto plazo, de eliminar el poder de la burguesía, de repartir este poder al pueblo, y de garantizar que la educación estará destinada realmente a representar los intereses de las mayorías: de la clase trabajadora.


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