El ex-presidente español Felipe González apareció recientemente en primera plana de los grandes medios de comunicación para anunciar su intención de defender, en calidad de abogado, a los mediáticos opositores venezolanos Leopoldo López y Antonio Ledezma, que actualmente se encuentran presos por alentar conspiraciones y motines –que han causado varios muertos y multitud de daños materiales- contra el gobierno venezolano.

No se trata, por tanto, de los opositores pacíficos y democráticos que nos quiere vender la prensa. Ambos tienen un largo recorrido político bastante siniestro.

Leopoldo López participó activamente en el golpe de Estado de Abril de 2002 contra el gobierno democrático de Hugo Chávez, llegando incluso a estar implicado en la detención del Ministro del Interior de Justicia. También Antonio Ledezma respaldó el golpe de 2002, además de participar en el paro patronal del mismo año que ocasionó pérdidas al país valoradas en 21 mil millones de dólares. Y no ha tenido escrúpulos en negarse a reconocer los procesos electorales en los que ha fracasado estrepitosamente. En 2014 participó en el plan “La salida” convocada por Leopoldo López y María Machado que incluyó acciones violentas que ocasionaron la muerte de 43 ciudadanos venezolanos. Finalmente, en 2015 es detenido por estar implicado en un fallido plan de golpe de Estado contra el presidente Nicolás Maduro.

Si viviesen en España Leopoldo López y Antonio Ledezma hace ya tiempo que estarían presos y serían considerados terroristas. Pero tratándose de Venezuela, conviene deformar la realidad y hacer ver a la opinión pública que son presos políticos maltratados por el represivo régimen bolivariano. El hecho de que Felipe González se preste a esta farsa obedece al menos a dos motivos fundamentales.

Primero, porque no deja de ser un títere del imperialismo y los grandes poderes económicos, que no dudan en utilizar su proyección pública para atacar al gobierno de Venezuela y mostrarlo públicamente –una vez más- como represor y contrario a las libertades. Esto se explica porque una vez más ha fracasado la movilización en la calle de la clase media reaccionaria en Venezuela, y por la negativa de los gobiernos latinoamericanos a secundar esta campaña del imperialismo para no quedar desprestigiados ante sus propias masas que miran con simpatía a Venezuela. El segundo motivo es aún más obvio: tratar de desgastar todo lo posible al –ahora mismo- enemigo número 1 del Régimen, a Podemos.

Se critica hasta la saciedad a la formación de Pablo Iglesias por el mero hecho de que buena parte de sus líderes han defendido –al menos en el pasado- el proceso bolivariano. De cara a la opinión pública todo lo relacionado con Venezuela le huele a azufre a un amplio sector de la población en España (más de una década de mentiras y manipulaciones en la prensa española sobre Venezuela es lo que tiene). Los miembros de Podemos están en buena medida hastiados de que les asocien con todo lo malo de Venezuela, y el oportunismo de González viene a recordarles a que éste y su formación están comprometidos con la oposición, mientras que los dirigentes de Podemos siguen manteniendo una oposición ambigua.

Debemos de recordar no solo el oportunismo de González, sino también su infinita hipocresía. Ahora clama en favor de los derechos humanos en Venezuela, pero sin embargo apoyó en su etapa de presidente a uno de los jefes de estado más corruptos y represores de la historia de Venezuela: Carlos Andrés Pérez.

La etapa de Carlos Andrés Pérez no solo estuvo marcada por una pésima gestión económica causada por la aplicación de nefastas recetas neoliberales impuestas por el FMI, sino por una gran brutalidad y represión en las calles. Baste recordar el inefable Caracazo (año 1989) en el que entre desaparecidos y asesinados se contaban miles de personas. Pero de la represión entonces (donde el gobierno de Pérez saco al ejército a la calle a disparar contra ciudadanos que protestaban por las medidas del gobierno) poco se hablaba en la prensa española y poco le importaba al señor González.

Si Felipe está realmente preocupado por los presos políticos y de conciencia debería ofrecerse para asistir a los presos políticos de Marruecos, Arabia Saudita o China, o en la propia España a los presos y encausados por participar en manifestaciones o piquetes de huelga, y oponerse públicamente a la "Ley Mordaza" del PP. El problema es que todos estos países tienen gobiernos amigos de las multinacionales españolas para las que trabaja el propio Felipe González.