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Categoría: Venezuela
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03
2014
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La Revolución Bolivariana se ha caracterizado por ser pacífica, y se ha mantenido fiel a esta premisa durante los 14 años en el gobierno. Sin embargo, toda medida progresista que se tome para defender los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en general, debe ser arrebatada de los privilegios de la clase burguesa, es por esto que la oligarquía en Venezuela, no puede quedarse de brazos cruzados mientras esto pasa. Y durante todo este tiempo ha sido un seguro enemigo del gobierno y del pueblo. Ejerciendo incluso la violencia cuando se ve acorralada, o cuando el pueblo intenta defender sus derechos (sicariato de campesinos, sindicalistas, golpes de estado). Algo está claro, la burguesía nunca ha sido pacífica con la revolución y el pueblo. No lo fue cuando tuvo gobiernos aliados, y no lo será bajo gobiernos progresistas.

Esto es una Lucha de Clases

Las clases sociales, se definen en relación al papel que juegan los grupos sociales en torno a los medios de producción. Entre los que poseen la propiedad privada sobre estos medios o clase dominante, y los que se ven obligados a trabajar para estos últimos, al no poseer propiedad alguna. Y no como la “intelectualidad” burguesa nos quiere enseñar, que se refiere a la división social en base a los ingresos que un individuo o familia recibe como fruto del trabajo propio.

En la Venezuela colonial, al igual que en todo el continente americano, estaban los esclavistas terrateniente como clase dominante, y los esclavos como dominados, ya que el principal medio de producción era la tierra y la propiedad de esta era de una pequeña oligarquía, que mantenía bajo su dominio a la mayoría de la población por medio de la esclavitud.

En la actualidad la tierra como medio de produccion paso a segundo plano, y fue reemplazada por las industrias, las fábricas, las empresas, etc. Y la nueva clase dominante es la burguesía, que posee la propiedad privada de estas compañías, mientras que los dominados somos la clase trabajadora, aquellos que no tenemos propiedades y que nos vemos forzados a trabajar por un salario para poder subsistir, mientras los burgueses emancipados de todo trabajo físico y mental, simplemente son los encargados de tomar las decisiones que en definitiva son ejecutadas por los trabajadores.

En la historia de la sociedad humana dividida en clases, siempre ha existido un conflicto perenne entre las clases, cuando la oligarquía colonial, por ejemplo, azotaba a los esclavos, existía un conflicto, entre una clase que imponía sus intereses (los terratenientes), sobre la otra (los esclavos). En nuestra época existe también un conflicto de intereses entre patronos y trabajadores, por una lado la primera quiere pagar menores salarios, vender más caro los productos terminados, y que los trabajadores aumenten la producción, sin recibir mayor paga; mientras que los trabajadores quieren ganar más, trabajar menos, y poder comprar bienes y servicios a menores costos. Este conflicto perenne entre clases antagónicas, donde no hay caminos intermedios y donde sólo una puede salir beneficiada, se denomina Lucha de Clases.

Cuando se beneficiaba a la oligarquía venezolana con las póliticas neo-liberales durante toda la IV República, también se aplastaba enormemente la calidad de vida de los trabajadores, pero cuando aumentamos salarios y regulamos precios, obviamente en beneficio de los trabajadores, estamos limitando, aunque por sólo un poco, la tasa de ganancia de los empresarios. No hay forma de beneficiar a ambas clases a la vez. O defendemos los intereses de los trabajadores, o los de la burguesía.

Esto quedó claramente demostrado, cuando el presidente Hugo Chávez, recién comenzando su gobierno, incluso antes de declarar el rumbo de la revolución hacia el socialismo – inicialmente el comandante Chávez pensaba posible una tercera vía entre el Capitalismo y Socialismo, luego en la practica se dio cuenta que sólo el Socialismo puede darle la mayor felicidad social posible al pueblo –, y luego de una reforma en la Ley de Hidrocarburos, y una tímida Reforma Agraria, fue el suficiente detonante para que la burguesía del país llevara a cabo un golpe de estado criminal.

La nacionalización de la industria petrolera, y de un pequeño porcentaje de las tierras fértiles del país en manos de latifundistas parasitarios, significaría luego la conquista de derechos fundamentales para la clase trabajadora y el pueblo – ya que por ejemplo justamente desde la expropiación de PDVSA se logró el surgimiento y financiamiento de todas las misiones sociales del país –, esto sólo fue posible arrancándole privilegios a la burguesía petrolera y latifundista del país. Estos es precisamente una manifestación de la Lucha de Clases.

¿Qué espera la burguesía de un gobierno de conciliación?

Todas y cada una de las conquistas de la revolución para el beneficio del pueblo, han sido gracias a la eliminación de privilegios y poderes de la clase dominante del país – no sólo del poder político que mantenían gracias a los gobiernos aliados durante toda la historia republicana de Venezuela, hasta la llegada de la Revolución –. Las regulaciones de precios, aumentos de salarios, inamovilidad laboral, etc. significan limitaciones a las tasas de ganancias de la burguesía (aunque sea por un poco), lo cual afecta sus intereses.

Es por esto que cualquier llamado a la burguesía del país a trabajar en beneficio del pueblo, vendiendo a precios justos de forma voluntaria e invirtiendo sus capitales para el desarrollo de las industrias y tierras del país, es exactamente igual a llamar a los trabajadores a que trabajen más horas por salarios más bajos, con el único objetivo de beneficiar a los empresarios.

No tiene sentido pedir a la burguesía que deje de lado sus intereses de clase para defender intereses populares, que les son antagónicos y adversos, y que significan perdidas para ellos mismos. Por lo tanto, mientras se mantengan las condiciones y conquistas que ha logrado la revolución, no hay forma de que la burguesía cese en la guerra económica y en su empeño de derrocar al gobierno, para instaurar uno subordinado a sus intereses.

Cualquier gobierno que espere contar con el favor de la burguesía, debe en primer lugar gobernar en beneficio de los intereses de esta, y esto significa dejar de lado los intereses del pueblo, e incluso tomar medidas que sean abiertamente anti-populares. Algo que ocurrió en el pasado de Venezuela, y especialmente en toda la IV República. Es por esto que sólo las políticas mas neo-liberales, que destruyan por completo todas las conquistas de la revolución, pueden satisfacer a la burguesía (nacional e imperialista).

Entre algunas de las medidas que pide la burguesía para cesar la guerra económica están principalmente: 1.- liberación del dólar (no para poder importar libremente, puesto que es algo que ya hace, sino para guardar sus capitales en el extranjero), 2.- flexibilización de las relaciones laborales (volver a la antigua Ley Trabajo y la eliminación de la Ley de Seguridad Laboral, LOPCYMAT, con lo que la burguesía puede explotar más y mejor a la clase trabajadora), 3.- desregulación de los precios y el mercado en general (de tal manera que sea la burguesía, en base a sus intereses de clase, que decida cuanto, como y a que precio se produce), 4.- Privatización de las industrias expropiadas, y no más expropiaciones (y con esto acabar cualquier tipo de organización de los trabajadores – Consejos de Trabajadores, Consejos de Fábricas e incluso Consejos Campesinos).

Como vemos, sólo la destrucción de las principales conquistas de la revolución en los planos económicos, laborales e incluso sociales, pueden satisfacer los intereses de la burguesía.

Como solucionar los problemas económicos del país

Ahora bien, incluso una burguesía satisfecha y en favor del gobierno, no significa que esta se va a prestar para beneficiar los intereses de su clase antagónica. Más aun tampoco significa de que pueda jugar algún papel progresista, ya que antes de desarrollar las fuerzas productivas del país, deben primero romper con las ataduras que le someten al imperialismo.

Desarrollar las industrias y el campo, en otras palabras, desarrollar el Capitalismo en un país donde este está atrasado, significa que las industrias nacionales deben abastecer los mercados que en la actualidad son propios de las burguesías imperialistas, o sea las burguesías nacionales deben competir contra los gigantes monopolios internacionales, y destronarles.

De la misma forma que las burguesías de un país no se quedarán de brazos cruzados mientras un gobierno progresista les quita privilegios para brindarles conquistas sociales al pueblo, una burguesía imperialista tampoco puede permitir que una burguesía de un país “inferior”, les quite los mercados que en la actualidad ellos controlan y que les permiten colocar sus productos. Adicionalmente, las poco desarrolladas burguesías de Venezuela también dependen del capital de los bancos del imperialismo, no sólo porque es donde guardan sus capitales propios, sino también porque es donde obtienen los prestamos que utilizan para sus operaciones (no olvidemos que la burguesía parasitaria de los países del capitalismo atrasado, no invierten su propio capital, sino el de prestamos y terceros).

Esto quedó de manifiesto durante la IV República, la burguesía, incluso con gobiernos aliados y complacientes, no fueron capaces de desarrollar el país, ni romper con el imperialismo. Por el contrario, se apostaron a los pies de este, sometiéndose voluntariamente a sus intereses. Es por esto que no podemos esperar que la burguesía juegue algún papel progresista, incluso de satisfacer los pedidos de la burguesía, gobernando en base a los intereses de esta clase y en contra del pueblo, con el fin de acabar con la guerra económica, el mayor avance que podemos lograr es sólo eso, derrotar la guerra económica, cualquier profundización en el desarrollo de la economía del país, significa una amenaza en contra del imperialismo y sus burguesías quienes controlan los mercados mundiales. Ademas las burguesías del país son en extremo débiles, para competir con los monstruosos monopolios globalizados.

“Sólo el pueblo salva al pueblo”, y sólo los intereses de la clase trabajadora son los intereses del pueblo en general. Si la economía sigue siendo dirigida por la burguesía, seguirá sometida a sus intereses. Por el contrario, sólo una economía planificada democráticamente por la misma clase trabajadora puede desarrollar el país en beneficio de las mayorías y no de unos pocos.

Para esto es necesario nacionalizar bajo control obrero (y no bajo la tutela de la burocracia; ya ha quedado comprobada su ineficiencia en las industrias básicas nacionalizadas) todas las palancas de la economía actualmente en manos de la oligarquía – los monopolios nacionales e internacionales, los latifundios y toda la banca privada –. Si la nacionalización de PDVSA representó ingresos de capital suficientes para llevar adelante todos los proyectos progresistas de la revolución. Una economía totalmente planificada y en beneficio del pueblo pudiera multiplicar todas estas conquistas, y traer muchas conquistas nuevas.

Entre tantas otras cosas, podemos nombrar: salarios por encima de la cesta básica; empleo pleno bajo condiciones laborales óptimas que no impliquen desgaste de la salud por enfermedades ocupacionales, eliminando a corto plazo la pobreza de raíz, y a un mediano o largo plazo la inseguridad, la violencia en las calles, etc.; alimentos y medicinas de calidad, a bajos precios y de total disponibilidad (eliminando el acaparamiento y la escases); seguridad social para todos los discapacitados y adultos mayores, hayan o no cotizado para el IVSS; educación y sanidad pública de mayor calidad e incluso más accesible para todos (al eliminar también la educación y salud privadas); viviendas de calidad a bajos costos, pudiendo incluso trasladar los habitantes de barrios enteros a zonas con pleno acceso a los servicios básicos y fuentes de empleo; desarrollos tecnológicos y científicos en base a los intereses del pueblo y no bajo la lógica del capital, lo cual puede acabar con enfermedades que las farmacéuticas no se interesan en curar, ya que tiene una mayor rentabilidad con paliativos y calmantes (por ejemplo el SIDA, la diabetes, etc.), y muchas otras más.