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| La rana, el alacrán y los empresarios patriotas...¡que jamás existiràn! |
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| Martes 28 de Octubre de 2008 |
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Porqué los capitalistas son incapaces de desarrollar el país
Lo que vemos en Venezuela es una huelga de inversiones en toda regla. Las consecuencias las sufrimos los trabajadores, los campesinos y los desempleados: subidas de precios, desabastecimiento, mantenimiento de la informalidad y del empleo precario, mala calidad de los servicios, déficit habitacional, deterioro de las infraestructuras,… Mientras una parte significativa de la economía nacional se mantenga en manos de los empresarios estas contradicciones no sólo se mantendrán sino que se verán agravadas, máxime en un contexto de crisis internacional del capitalismo que golpeará inevitablemente a nuestra economía. La rana y el alacrán
Una vieja fábula, según algunos que de origen chino, cuenta la historia de una rana que se encuentra a un alacrán a la orilla de un caudaloso río. El alacrán pide a la rana que le ayude a cruzar el río montado sobre su espalda pero ésta, desconfiada de que pueda picarle con su mortífero aguijón, se niega. Sin embargo, el hábil alacrán -con promesas y buenas palabras- consigue ganarse la confianza de la rana y persuadirla de que un acuerdo sería beneficioso para ambos. “En caso de atacarte, yo mismo me vería perjudicado”, le asegura. Finalmente, la ingenua rana -convencida por la lógica, en apariencia irrefutable, del discurso del alacrán- acepta el trato. Recorrida la mitad del río, la desafortunada rana siente la picadura mortal sobre su espalda. Cuando protesta, indignada y sorprendida ante tan vil engaño, la respuesta del alacrán no puede ser más lacónica ni más exacta: “No puedo evitarlo. Ésa es mi naturaleza”. Alguien debería recordar este cuento infantil a algunos de esos compatriotas que, desde los ministerios y vice-ministerios del Gobierno Bolivariano, se empeñan en seguir cargando sobre las espaldas de la revolución la pesada, y cada vez más peligrosa, carga de eso que ellos llaman “empresarios patriotas” y “economía mixta”.
La idea de que, para transformar el país e impulsar la producción, debemos dialogar con los empresarios (en primer lugar, ¡por supuesto¡, con los –dizque- patriotas); que resulta imprescindible llegar a acuerdos con ellos; que si es necesario debemos, incluso, hacerles algunas concesiones... ; significa en la práctica que, pese al avance que ha representado la nacionalización de varias empresas importantes por parte del Presidente Chávez, buena parte de la economía nacional siga en manos de los empresarios privados. Ello está suponiendo que las políticas progresistas aplicadas por el Gobierno revolucionario, buscando –por primera vez en la historia del país- redistribuir el ingreso petrolero no a una elite parásita (como ocurría en la IV República) sino al conjunto de la sociedad: impulsando las Misiones, reduciendo los índices de pobreza, incrementando a lo largo de los últimos años el poder adquisitivo de los sectores más desfavorecidos; se estrellan contra el muro de una economía que sigue teniendo como base la propiedad privada de los medios de producción y cuyo funcionamiento sigue rigiéndose por la ley capitalista de la búsqueda del máximo beneficio privado a costa de las necesidades sociales. Esta es la razón fundamental de que, pese a la indudable voluntad polìtica del Presidente Chávez de avanzar hacia una transformación revolucionaria de la sociedad venezolana, muchas de las lacras que sufrimos desde hace décadas las masas trabajadoras se mantengan. Aunque el consumo en Venezuela se ha incrementado de manera espectacular a lo largo de los cinco últimos años, la inversión productiva por parte de los empresarios privados, ya sean venezolanos o extranjeros, no crece significativamente. “El consumo anual ha aumentado prácticamente el doble que la producción“, explica el economista burgués Miguel Ángel Santos ("Retos para una polìtica anti-inflacionaria en Venezuela" Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales). Lo que vemos en Venezuela, pese a todos los llamados a los empresarios a incorporarse a la construcción del país, es una huelga de inversiones en toda regla. Las consecuencias de esta ausencia de inversiones las sufrimos los trabajadores, los campesinos y los desempleados: subidas de precios, desabastecimiento, mantenimiento de la informalidad y del empleo precario, mala calidad de los servicios, déficit habitacional, deterioro de las infraestructuras,… La tesis central de este artículo es la de que mientras una parte significativa de la economía nacional se mantenga en manos de los empresarios estas contradicciones no sólo se mantendrán sino que se verán agravadas, máxime en un contexto de crisis internacional del capitalismo que golpeará inevitablemente a nuestra economía y reducirá aún más la inversión por parte de los empresarios privados. En realidad, si repasamos brevemente toda la historia de Venezuela -y especialmente la de las últimas décadas- resulta evidente que los capitalistas, tanto venezolanos como extranjeros, son orgánicamente incapaces de contribuir seriamente al desarrollo nacional. Los alacranes se han puesto “flu” y corbata pero siguen igualito que siempre: no pueden evitarlo, es su naturaleza. ¿Es posible una economía mixta que combine capitalismo y socialismo?
El problema es que intentar unir el capitalismo y el socialismo es como mezclar agua y aceite, resulta absolutamente imposible. De hecho, cada vez que se ha intentado a lo largo de la historia el resultado ha sido que el capitalismo ha asfixiado y eliminado los elementos de socialismo, de estatización y planificación económica, que se pretendía desarrollar. Tanto en Chile (1970-1973) como en Nicaragua (1979-1990) vimos esto con toda claridad. El capitalismo es un sistema que por su propia naturaleza sólo puede existir extendiéndose, reproduciendo y ampliando constantemente su dominio, sometiendo todo lo que le rodea a la tiranía del dinero contante y sonante y la lucha por la supervivencia, transformando todos los bienes y riquezas que genera el ser humano con su trabajo físico e intelectual en mercancías; subordinando -en fin- cuantas necesidades y anhelos los seres humanos somos capaces de concebir a una única ley de hierro: la de la búsqueda del máximo beneficio para el propio capitalista. Como explicaban Marx y Engels en “El Manifiesto Comunista”: “Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero.Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.(...) Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir: a hacerse burguesas. En una palabra se forja un mundo a su imagen y semejanza (...) La burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad (...) La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglutinado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unas pocos” Esta tendencia del capital a someterlo todo a la ley del máximo beneficio privado es lo que explica que las cooperativas o EPS (empresas de producción social), que fueron lanzadas como modelos de una nueva “economía social” o “mixta” superadora del capitalismo, tiendan a reproducir en su seno las mismas prácticas capitalistas que en teoría deberían superar. El 66% de las cooperativas creadas en Venezuela en los últimos años, según datos de la Superintendencia Nacional de Cooperativas (SUNACOOP), no funcionan. Entre las que sí “funcionan” abundan las denuncias acerca de su transformación en empresas disfrazadas de cooperativas bajo el control no de la asamblea de todos los asociados sino de un individuo o grupo de individuos que en la pràctica fungen como dueños; o las denuncias acerca de la utilización de la figura legal de “cooperativa” para convertirlas, en la práctica, en subcontratistas y tercerizar el empleo. Si el capitalismo no tolera que ningún país permanezca fuera de su influencia y dominio a escala internacional... ¿cómo va a permitir que se puedan construir empresas o sectores aislados no capitalistas, socialistas, o como se les quiera llamar -donde prime el interés social sobre el privado- en medio de una economía capitalista nacional?. Es más, si los principales bancos y empresas del país siguen en manos privadas y no son estatizados (¡ojo¡ bajo control obrero, esto resulta absolutamente imprescindible) ,como paso ineludible hacia la propiedad social de los medios de producción, veremos como todas las lacras de las empresas capitalistas tenderán a reproducirse de manera inevitable en las propias empresas públicas: burocratismo, corrupción, despilfarro, desigualdad, represión sobre los trabajadores,... Esta es una advertencia tanto para las empresas recientemente nacionalizadas como SIDOR, CANTV, las empresas de la Faja del Orinoco, el Banco de Venezuela, etc. como en las que son públicas desde hace tiempo: PDVSA, ALCASA, Venalum, etc. Insistimos: si se permite que un sector considerable de la economía se mantenga en manos capitalistas el resultado inevitable es que las leyes capitalistas siguen mandando. Resulta absurdo entonces extrañarse porque la anarquía de la producción, la lucha por la supervivencia, la explotación, la especulación, la corrupción y todas las demás lacras que acompañan inevitablemente la existencia del sistema capitalista sigan existiendo tambièn y extendiéndose como un cáncer por toda la sociedad. Como explica Alan Woods en su libro respondiendo a las ideas de Heinz Dieterich y otros reformistas: “Si los capitalistas privados aún son necesarios, a esto le sigue, tan lógicamente como el día sigue a la noche, que los benficios son aún necesarios y, por lo tanto, que la extracción de plusvalía es aún necesaria, y la explotación tambièn lo es, y el mercado también es necesario”2 En la transición del capitalismo al socialismo siguen existiendo contradicciones de clase, esto es “abecé” para los marxistas. Los fundadores del socialismo científico explicaron que durante un tiempo se mantendría una lucha (nunca una convivencia armoniosa) entre elementos que seguirán expresando la presión e influencia del capitalismo y la tendencia general del gobierno y el estado revolucionario (si verdaderamente quieren ser tales) a acelerar lo máximo posible la construcción del socialismo. Un punto clave para el inicio y desarrollo de esa transición es precisamente que la polìtica que aplica la dirección revolucionaria busque en todo momento la mejor manera de derrotar y erradicar la influencia capitalista dentro de la economía. Hemos analizado esta cuestión en otros artículos y volveremos sobre ella; pero antes de entrar en el análisis concreto del comportamiento de los empresarios venezolanos resulta imprescindible dejar clara esta idea: la economía de transición al socialismo de la que hablaban los fundadores del socialismo no tiene absolutamente nada que ver con esa concepción de una economía “mixta” en la que capitalismo y socialismo pueden coexistir –por así decirlo- pacíficamente durante varias décadas y que de un modo gradual evolucionaría –casi sin darnos cuenta- hacia el socialismo. En primer lugar, la transición al socialismo, como insistieron hasta la saciedad Marx, Engels, Lenin y Trotsky, sólo puede iniciarse econ la “expropiación económica y polìtica de la clase dominante”. ¿Qué significa esto concretamente? Que el gobierno revolucionario arranca la propiedad de, como mínimo, la banca, las principales industrias y la tierra de manos de los capitalistas y pone todas estas fuentes de riqueza en manos del estado. Al mismo tiempo, (no antes ni después), el control del poder estatal debe pasar de las manos de la burocracia a las de los trabajadores y el conjunto de los oprimidos a través de la extensión de los Consejos de Trabajadores y la vinculación de estos con los Consejos comunales, campesinos, estudiantiles,... El actual estado sigue manteniendo, en esencia, la vieja estructura burguesa. Para poder hablar de una transición al socialismo con unas mínimas posibilidades de éxito el actual aparato estatal debe ser desmantelado y sustituido por un estado obrero revolucionario basado en el poder organizado de los trabajadores y el resto de los oprimidos. Sin un estado genuinamente revolucionario y sin la estatización de al menos los principales medios de producción bajo control obrero es imposible pensar en transición alguna hacia el socialismo porque cualquier tipo de planificación democrática e incluso de control real sobre la economía resulta imposible. Sólo puedes controlar lo que está en tus manos. El resultado final de la lucha: si la transición al socialismo se completa efectiva y satisfactoriamente, o si lo que ocurre es que se imponen los elementos capitalistas, depende de la relación dialéctica, contradictoria y en constante movimiento, de toda una serie de factores nacionales y, sobre todo, internacionales. El más importante de ellos es la extensión de la revolución a otros países o su aislamiento, y vinculado a ellos la correlación de fuerzas entre las clases a nivel nacional e internacional. Vinculado a los anteriores aspectos, otro factor de gran importancia es la comprensión por parte de la dirigencia revolucionaria al frente del gobierno y del estado revolucionario de estas ideas, su capacidad para aplicar el método marxista y saber determinar en qué momento de esa lucha entre capitalismo y socialismo estamos, qué medidas son las mejores para ayudar a desarrollar los elementos socialistas e ir eliminando y reduciendo a su mínima expresión los elementos capitalistas. Lenin y Trotsky, analizando las tremendas dificultades que tuvo que enfrentar el estado obrero en Rusia a principios de los años 20, insistieron en un determinado momento en que el elemento fundamental en el que se expresaba el carácter obrero del estado (y el instrumento más importante para poder garantizar el avance hacia el socialismo) era precisamente la comprensión por parte del núcleo dirigente del Partido de las leyes objetivas que rigen la transición. Su capacidad para ayudar en cada momento a que las masas obreras y campesinas pudieran ser conscientes de cuáles eran los principales peligros que amenazaban con mantener e incluso restaurar plenamente el capitalismo y la forma de luchar contra ellos. “Decir siempre la verdad a las masas por amarga que ésta sea”, decía Trotsky. Como resultado de esta concepción, el estado obrero mantuvo contra viento y marea toda una serie de medidas que eran irrenunciables para poder seguir hablando de transición al socialismo: el control obrero en las empresas tanto del estado como privadas, el mantenimiento de la propiedad estatal de las grandes empresas e incluso de la mayor parte de las medianas, el monopolio estatal del comercio exterior, etc
Uno de los elementos que favoreció de manera decisiva la degeneración y burocratización de la revolución rusa fue precisamente, que, junto al aislamiento de la revolución en un país económicamente atrasado, esta dirección consciente encabeza por Lenin y Trotsky, que explicaba a las masas tanto los avances como los retrocesos y peligros, fue sustituida por la dirección burocràtica de Stalin. Stalin y quienes le acompañaban en la dirección no tenían una conciencia clara de los problemas y contradicciones que enfrentaba la revolución. Al no comprender teóricamente los mismos iban dando bandazos y sustituían el análisis científico, marxista, de la realidad por una mezcla de ocultamiento de la realidad y triunfalismo. Golpeada por los vaivenes de la economía y de la lucha de clases, intentando ocultar los problemas y peligros en lugar de hacer consciente de ellos a todos los revolucionarios para poder combatirlos, presentando como triunfos lo que eran amenazas y retrocesos, y en general oscureciendo la cuestión teórica de la propia transición en lugar de aclarándola, esta dirección dejó de ser una herramienta consciente para la contrucción del socialismo y se convirtió en instrumento de la contrarrevolución burocrática. Se buscan empresarios patriotas. Interesados llamar a Haiman el Troudi
En los últimos meses hemos visto distintos planes en este sentido. El Ministro de Planificación, Haiman el Troudi, organizaba el 11 de junio la reunión del Presidente Chávez con los empresarios. Esta reunión dejó perplejos y desorientados a muchos revolucionarios pero no contribuyó ni un ápice –como demuetran las cifras- a que ningún sector empresarial significativo se comprometa con el reimpulso productivo del país. Los empresarios (tanto los escuálidos como los autodenominados bolivarianos) se limitaron a poner cara de “yo no fui (alguno ni siquiera podía ocultar una sonrisita irónica), “calarse” el discurso del Presidente Chávez sobre el socialismo, aplaudir (¡¡como no¡¡) la eliminación del impuesto de transacciones financieras y ,por supuesto, poner la mano al final de la reunión a ver cuantos millones de bolívares caían. Meses después, en Agosto, el Gobierno decidía flexibilizar los controles de precios y cambios. Una vez más: ¿Cuál ha sido el resultado de estas concesiones? ¿Han contribuido a incrementar la inversión privada? ¿Han ayudado a avanzar en la soberanía productiva del país? La respuesta es un rotundo... ¡¡NO¡¡ Los mismos capitalistas venezolanos se ven obligados a reconocer aquello que los reformistas parecen no querer aceptar. La capacidad utilizada en la industria volvió a bajar en el último trimestre de 2007 al 59,2% frente al 63,6%. Este dato sólo es un reflejo más de la contracción de la inversión privada: “…En el primer semestre de 2008, el PIB del sector público registró un aumento de 22,4% en relación con el primer semestre del año pasado, en contraste, el PIB del sector privado se redujo en 0,5%, por lo que su participación dentro del PIB total pasó de 71,6% en el primer semestre de 2007 a 67,2% en el primer semestre de este año” “se espera una desaceleración aún mayor en el crecimiento de la inversión privada, desde un aumento de 39,9% registrado en el año 2007 a apenas 6,9% en 2008 e incluso llegar alcanzar una leve contracción en el año 2009. En cambio, se prevé que la inversión pública, registre crecimientos por encima de la inversión privada, al alcanzar 8,6% en el año 2008, esto sería, 420 puntos básicos por encima del aumento experimentado en 2007 y un nuevo aumento en el 2009 hasta ubicarse en 14,7%.” (Boletín de Análisis de Coyuntura del Banco Mercanti, Septiembre de 2008). El grueso de la inversión depende del estado, los empresarios privados -pese a todas las ayudas y concesiones- han renunciado a participar en el desarrollo del país. El mismo Boletín de los burgueses del Mercantil, tras constatar la tendencia a la desaceleración en el crecimiento del PIB, concluye que: “el menor crecimiento económico descansa en un debilitamiento en el boom de consumo y una insuficiente propensión a invertir por parte del sector privado” (el subrayado es nuestro) Mas allá de lo que, parafraseando al autor de las anteriores líneas, podríamos definir como una indudable propensión al eufemismo, la idea central que contiene su análisis no puede ser más obvia. La causa fundamental de que el incremento del ingreso petrolero y las polìticas redistributivas más justas implementadas por el Gobierno nacional no hayan podido transformar decisivamente el país (¡¡por ahora¡¡) y solucionar todas las lacras que sufrimos los jóvenes y trabajadores es que seguimos en una economía capitalista, el desarrollo de la producción sigue dependiendo en su mayor parte de la inversión privada y los empresarios privados sencillamente no están dispuestos a invertir. Todos los llamados, súplicas, quejas o amenazas no cambiarán este hecho. Pero, si nuestros reformistas todavía albergan alguna duda, preguntemos a los propios empresarios acerca de lo que están haciendo o piensan hacer con sus capitales. Según la “Encuesta de Coyuntura Industrial” realizada en Junio de este año por la asociación empresarial Conindustria y la consultoría Lucas Consultores, que investiga el comportamiento de los empresarios a lo largo del primer trimestre de 2008 y sus perspectivas de inversión para lo que resta de año: sólo un 5 % de los empresarios manifiesta haber invertido en nuevas instalaciones o tener la intención de hacerlo. Este es precisamente el tipo de inversión que sugiere cierta disposición a ampliar seriamente la producción y crear nuevos puestos de trabajo. El 47% manifiestan haber invertido o estar dispuestos a invertir únicamente en maquinaria. Este concepto indica que quieren aprovechar el empuje de un consumo que, aunque desacelerado, todavía mantiene cierto impulso pero hasta ahí. Este tipo de inversión no suele crear nuevo empleo en cantidades apreciables sino incrementar la explotación de los trabajadores que ya existen. Incluso, en la gran mayoría de casos, lo que acaba significando es sustitución de mano de obra por maquinas mas avanzadas que permitan reducir el número de trabajadores, los costes y maximizar los beneficios, incrementando la plusvalía que se extrae por cada trabajador. El 30% restante de los encuestados son (con perdón) aún “más arrechos”: manifiestan que no han invertido nada ni piensan hacerlo. Parece que cuando los alacranes se reúnen, sin crédulas ranas delante a las que embaucar, no tienen problema en prescindir de los grandes discursos patrióticos -pronunciados para mejor llenarse los bolsillos con el dinero del estado- y dicen lo que piensan realmente. Las razones que aducen todos los empresarios son las mismas: “el clima de incertidumbre polìtica”, las polìticas “intervencionistas” del gobierno, la “inseguridad jurídica” (es decir el miedo a que les multen, sancionen o ,peor aún, les expropien si siguen con las marramucias que han hecho toda la vida), los controles de precios y cambios, la inamovidad laboral... En definitiva : el hecho de que en Venezuela hay una revolución, la clase obrera y el conjunto de los oprimidos nos hemos puesto en marcha y no estamos dispuestos a “calarnos” por más tiempo su expoliación. Las subidas de precios: un golpe a la línea de flotación de la revolución
El debate sobre el control de precios Los marxistas hemos explicado muchas veces que medidas como el control de precios o cambios, que en un primer momento y durante un tiempo pueden ayudar a estabilizar los precios de ciertos productos, o a dificultar la salida de capitales, si se quedan ahí y no son continuadas con medidas decisivas que ataquen la causa fundamental de la crisis del capitalismo (la propiedad privada de los medios de producción) acaban teniendo cada vez menos efecto e incluso pueden acabar convirtiéndose de un paso adelante en una nueva dificultad. El problema, como ya hemos explicado, es que la actividad empresarial, el capitalismo, no admite ningún tipo de control. Acabar con el capitalismo es posible, controlarlo y dirigirlo es absolutamente imposible. Como ha explicado Alan Woods en su libro “Reformismo o Revolución” es como intentar enseñar a un león a comer lechuga.“Si el Estado acepta las relaciones capitalistas de propiedad y después actúa de una manera que no gusta a los propietarios de la industria, estos últimos dejarán de invertir, o se irán al extranjero. Cerrarán sus fábricas, como si fueran cajas de fósforos, echando a miles de trabajadores a la calle” (A. Woods, “Reformismo o Revolución.Marxismo y socialismo del siglo XXI. Respuesta a Heinz Dieterich”. Capítulo “La economía del socialismo del siglo XXI. Aptdo. “Cómo no hacer una revolución”). Los controles tienden a trancar el funcionamiento normal del capitalismo pero son insuficientes para llevar al socialismo. Para ello, como ya hemos dicho, es imprescindible la expropiación de los capitalistas y la estatización bajo control obrero y social. “Convencido de que la inflación responde a muchos bolívares detrás de pocos productos, el Gobierno aplicó la receta clásica para contener la expansión del dinero. Gracias al aumento de las tasas de interés, la venta de bonos en dólares, el incremento de la porción de los depósitos que los bancos no pueden prestar (encaje) y la moderación del gasto público, en los primeros seis meses de este año la liquidez no creció en términos reales. No obstante, la inflación no deja de golpear el ingreso. Analistas consideran que la estrategia monetaria deja por fuera el estímulo a la producción, pieza esencial para lograr que se incremente la oferta.” (El Universal, 14-08-08)
La primera vía fue la que tomaron los sandinistas en la última parte de su gobierno cercados por el capitalismo, traicionados por la burocracia estalinista en pleno inicio de la restauración capitalista en la URSS y sometidos a la presión ideológica de lla socieldemocracia internacional y os reformistas d etodos los pelajes. El resultado es conocido por todos: la crisis recayó sobre las espaldas de los trabajadores, la inflación siguió disparándose, los empresarios lejos de invertir siguieron sacando los capitales del país. La desmoralización que estas concesiones provocaron entre las bases revolucionarias permitieron que amplios sectores de las mismas masas que en 1984 habían dado un 67% de apoyo al FSLN en las urnas en 1990 cayeran en la desmoralización. La oposición contrarrevolucionaria ganaba las elecciones en 1990 con un 54% de apoyo frente al 40% del Frente Sandinista. La segunda opción fue la que Fidel y el Che aplicaron en Cuba a lo largo de los años 1961 y 1962. Con todas los problemas y contradicciones que se quiera, causados en primer lugar por el cerco capitalista y el aislamiento de la revolución en un sólo país, la estatización de los medios de producción es el principal instrumentosque ha permitido a la revolución cubana resistir hasta hoy y convertir a una pequeña isla en un punto de referencia a nivel internacional en terrenos como la salud, la educación, el deporte o la cultura.
¿Qué situación más favorable para un empresario se puede imaginar que la de un país donde hay un incremento general del consumo durante varios años seguidos? Y, sin embargo, los empresarios venezolanos, podríamos decir parafraseando a Galileo, no se mueven... El crecimiento de la demanda lejos de trasladarse a la inversión y la producción lo que provoca es que se dispare la inflación. Es una ley básica del capitalismo: si aumenta la masa de dinero en circulación y no lo hace en la misma medida el volumen de productos que se producen en el país el resultado, más pronto que tarde, es el encarecimiento del precio de cada producto. En los últimos 3 años las cifras de crecimiento del PIB venezolano han sido 10,3%, 10, 3% y 8, 3% (en el primer trimestre de 2008 el crecimiento fue 4,5%) la inflación mientras tanto ha crecido 14, 2%, 17,3% y 22,5% (anualizada a Mayo de 2008 estaba en el 31,7%). A finales de 2006 la cantidad de billetes y monedas existentes en Venezuela representaba un valor de 31.440 millones de Bs a finales de 2007 represntaba ya 46.596 millones de Bs. Pero aunque la cantidad de dinero creció un 49,6% la liquidez sólo creció un 28,7%. Una buena parte de esa liquidez la engulle la inflación.
"El demonio venezolano" El capitalismo se basa en la búsqueda del máximo beneficio para el burgués a costa de la explotación de los trabajadores. Pedir a los capitalistas que renuncien a una parte de sus beneficios y se preocupen de invertir, crear empleo y producir para que el pueblo tenga productos a buen precio es simplemente pedirle peras al olmo (o “al horno”, como diría el inefable filósofo contrarrevolucionario del Zulia). El que no quiera entenderlo terminará como la rana de la fábula: sorprendido, indignado, pero herido de muerte La naturaleza parasitaria de la burguesía venezolana hunde sus raíces en el mismo origen, carácter y desarrollo del capitalismo en Venezuela. Éste fue débil desde su nacimiento y, llegado tardíamente a la escena de la historia, se forjó sobre la base de una dependencia absoluta respecto a las burguesías de las grandes potencias imperialistas. Ni siquiera en los años de su juventud la burguesía venezolana fue capaz de mostrar un mínimo de iniciativa y espíritu innovador. La liberación del dominio español fue en realidad obra del empuje revolucionario de las masas de campesinos, esclavos y artesanos. Incluso el puñado de líderes de la revolución libertadora que (como fue el caso de Bolívar) tenían un origen burgués en realidad actuaron en gran parte por delante, al margen e incluso contra la voluntad de los sectores decisivos de la clase dominante. De hecho, ésta no dudó en traicionarlos. Las oligarquías colombiana y venezolana prefirieron dividir el cuerpo vivo de la Gran Colombia y entregar las riquezas y el dominio efectivo de sus países al imperialismo antes que apoyar el proyecto bolivariano de unidad latinoamericana y soberanía, pues éste tendía a movilizar a las masas explotadas y podía poner en cuestión su parasitismo y privilegios. Desde entonces, éstas han sido siempre las señas de identidad de la burguesía venezolana: una clase dominante que desprecia y odia a su propio pueblo casi tanto como envidia y se arrodilla ante el poder opresivo de la burguesía estadounidense y las demás burguesías imperialistas. Fueron estas características de la clase dominante las que obligaron al Libertador a exclamar al final de sus días: “He arado en el mar”. Durante la Guerra Federal ésa misma burguesía -incluso los sectores que se decían liberales y revolucionarios- decidió asesinar a Ezequiel Zamora porque temía tanto a las masas populares que el caudillo revolucionario aragueño había despertado a la vida polìtica que prefirieron hundir el país en el caos, la miseria y el letargo productivo a arriesgarse a una revolución polìtica y social que cuestionaba inevitablemente su derecho a seguir saqueando la riqueza nacional. El descubrimiento del petróleo sólo vino a agudizar todavía más un parasitismo que los empresarios venezolanos llevaban ya clavado en las entrañas.A lo largo del boom petrolero del siglo XX la burguesía venezolana siguió caracterizándose por dedicarse a saquear la riqueza nacional y evadirla o malvenderla al mejor postor sin desarrollar el país... Según algunos cálculos el dinero ingresado a Venezuela por el petróleo durante la mayor parte del siglo XX fue el equivalente a cinco Planes Marshall4. ¿A dónde fue a parar toda esa inmensa riqueza? Mientras el boom de la economía mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial permitía un margen de maniobra amplio a los capitalistas venezolanos, al pueblo sólo llegaron migajas y a menudo ni eso...Ahi están los ranchos, las infraestructuras desatendidas durante décadas, el 50% de economía informal y la represión contra todos los intentos de las masas de mejorar su condición social. Cuando la crisis internacional del capitalismo, ya en la segunda mitad de los setentas y principios de los ochentas, obligó a los empresarios venezolanos a tener que competir en el mercado mundial optaron por saquear de manera aún más descarada que antes el estado y hundir al país en la podredumbre. Es conocido el dato de que durante los años 90, poco antes de que estallase la revolución, en los barrios populares de Caracas y otras ciudades importantes aumentó de manera sorprendente el consumo de comida para perros. ¡Y desde luego no era porque los obreros y desempleados se comprasen mascotas, sino porque los ingresos de muchas familias no alcanzaban ya ni para comprar alimentos! Este es el prontuario de la clase dominante venezolana a lo largo de los últimos doscientos años; mientras el capitalismo, mejor o peor, era todavía capaz de avanzar y desarrollar seriamente las fuerzas productivas. ¿Qué se puede esperar de estos parásitos hoy, cuando toda la economía mundial se hunde en el marasmo de una crisis que si algo evidencia es la incapacidad de la burguesía para seguir desarrollando las fuerzas productivas a escala mundial como lo hacia en el pasado? Fueron los graves problemas sociales ocasionados por este parasitismo de la clase dominante lo que abrió la puerta a la revolución. Hoy la burguesía venezolana recuerda a un viejo libertino decrépito: incapaz de renunciar a los vicios del pasado pero demasiado débil y falto de confianza en sus propias fuerzas al mismo tiempo como para poder volver a disfrutrarlos. La hipocresía capitalista
“Entre 2004 y 2007 los altos porcentajes de capacidad ociosa (que a su vez eran consecuencia de los sucesos de 2002 y la huelga general de ese año y febrero de de 2003 (así sigue llamando el escuaido Santos al lockout golpista organizado por los empresarios venezolanos con ayuda de la mafia de la CTV) abonaron el terreno para una estrategia keynesiana (alto gasto público, bajas tasas de interés…) La expansión de la demanda provocó un crecimiento del PIB de 56% que si bien es bastante elevado contrasta con el crecimiento del 99% registrado en el consumo nacional. Cuatro años después con el aparato productivo operando a plena capacidad y el entorno que rodea la inversión privada muy deteriorado el país ha entrado en una incómoda situación: si se mantienen los empujes de demanda vía gasto público el resultado será cada vez menos crecimiento y mas inflación. Por supuesto, como buen burgués, el contrarrevolucionario Santos intenta escurrir el bulto y convertir lo que supone a todas luces una denuncia sin paliativos de la clase social a la que pertenece, en diatribas culpando al gobierno bolivariano de desalentar la inversión empresarial por el sencillo hecho de que no hace las polìticas que quieren los empresarios ¿Cuál es ese entorno deteriorado que rodea a la inversión privada y, según parece, dificulta su expansión? Abelardo Daza, otro analista contrarrevolucionario, lo explica: "El congelamiento de precios, leyes que no alientan la inversión privada, la invasión de tierras y la sobrevaluación de la moneda no estimulan la producción y hay un desequilibrio con la demanda". O sea: la culpa de que los empresarios no inviertan –aunque hace décadas que no invierten- la tienen las políticas del gobierno y el que hay una revolución, con todo lo que eso implica: ya saben ustedes, fea gente chavista de piel más bien oscura (campesinos, obreros y demás) ocupando tierras e incluso empresas, pidiendo salarios dignos, derechos sociales. ¡O sea, jelou,... un horror¡ Nuestro viejo amigo, el economista escuálido Santos, también tiene algo que decir acerca de esto: “Una alternativa a corto plazo para generar crecimiento económico es la contratación de nuevos trabajadores (…)” ¡Bien por Santos¡ ¡Maravilloso descubrimiento¡ Pero, claro, “el problema está en que también en este frente el gobierno ha intervenido imponiéndole a la empresa privada condiciones laborales insostenibles , entra las que no sólo se incluye el régimen de prestaciones sociales sino también la inamovilidad laboral y los aumentos de salario mínimo por decreto”. Sí, ahí está el detalle, como diría Cantinflas. ¿Quien va a invertir en estas condicones? Con los obreros exigiendo salarios decentes y derechos sociales, e incluso organizando sindicatos y huelgas...Con los campesinos ocupando tierras. Con el pueblo movilizado y el Presidente del gobierno, en lugar de hacer lo que hacen los gobiernos decentes: armar “paracos”, mandar a la policía o el ejército contra los trabajadores, etc. aprobando decretos subiendo el salario mínimo o dificultando el despido. Desde luego, el entorno para la inversión en Venezuela está muy pero que muy deteriorado... ¿Qué propone el inefable Santos y sus amigos para mejorarlo? Nada, cuatro “pendejadas”: desmantelar todas y cada una de las medidas sociales que el Gobierno del Presidente Chávez ha tomado a lo largo de los últimos años intentando responder a las expectativas de su base social. Eso sí. Como no está loco, Santos propone hacerlo poco a poco, y buscando un diálogo y un pacto nacional. ¿Con quién? ¿Será con los reformistas? …¡Ay de la pobre rana como se deje embaucar por el alacrán¡ ¿Formación Bruta… de qué? Uno de los indicadores que utilizan los economistas para medir la salud de una economía, sobre todo para ver la disposición de los capitalistas a invertir, su confianza en el futuro, es la Formación Bruta de Capital Fijo. Durante el auge de los años 70 la Formación Bruta de Capital Fijo en Venezuela superaba el 20% del PIB y en el año 1978 alcanzó su punto álgido con un 42%. Posteriormente, la FBCF tiende a caer hasta situarse entre el 13 y el 16%. Un dato que viene a confirmar el carácter parásito y antinacional de los capitalistas venezolanos es que en Venezuela la parte de la FBCF aportada por el estado es año tras año superior a la representada por la inversión privada. Esta situación se mantiene hasta 2004 cuando, por una extraña decisión, el INE y el Banco Central de Venezuela (BCV) dejan de suministrar los datos de inversión pública y privada por separado. Esta decisión se une a la de no explicar en qué bienes se concentra la FBCF. El resultado es que a lo largo de los últimos tres años, los informes de los sectores reformistas que dominan instituciones como el BCV o los ministerios de Finanzas destilan triunfalismo y proclaman sistemáticamente que la FBCF se ha recuperado. En contra de toda evidencia empírica, dicho sea de paso, pues cualquiera que tenga ojos en la cara ve que la apertura de nuevas plantas industriales y la creación de empleo por parte de la empresa privada brilla por su ausencia. Es el estado (ya sea directamente o contratando e inyectando real a empresas privadas) el que está impulsando en solitario la economía, como demuestran los datos que dimos al inicio de este artículo. La crisis económica mundial agravará aún más la huelga de inversiones por parte del empresariado venezolano. Ya lo está haciendo. La reciente crisis internacional ha desvelado algo que pronosticaba Marx en El Capìtal: la tendencia imparable de los capitalistas a la especulación financiera, a intentar convertir el dinero en más dinero sin tener que pasar por el doloroso y peligroso proceso de la producción. Esto significa destruir fuerzas productivas, excluir a una masa creciente de millones de personas de la producción y amenaza con conducir al conjunto del planeta a la barbarie. En última instancia esta tendencia del capitalismo refleja que la contradicción básica de este sistema la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la propiedad de los medios de producción, de la apropiación del producto que se genera con el trabajo de todos, ha llegado a sus límites. La burguesía en todo el mundo muestra cada vez más claramente su carácter parásito y decadente, su incapacidad para seguir desarrollando las fuerzas productivas como lo hacía en el pasado. En esta patética carrera por ver qué clase dominante es más parásita, degenerada e incapaz de dirigir la sociedad se podria decir que por una vez y sin que sirva de precedente nuestra burguesía puede presumir de estar colocada en el grupo de cabeza y contar con serias opciones a medalla. En un interesante trabajo, “El Período de Crisis y ajuste en la economía de Venezuela a partir de la evolución de la tasa de plusvalor”, Juan Pablo Mateo Tomé explica con cifras y ejemplos lo que podríamos llamar la paradoja de los años 80 y 90 en Venezuela. A pesar de una conjunción absolutamente favorable para la inversión privada, a saber: gobiernos burgueses dispuestos a privatizar todo lo privatizable y aplicar polìticas antiosociales y antiobreras, una reducción contundente de los costes salariales, todo tipo de ayudas públicas y -sobre todo en los 80- una recuperación clara del consumo, la inversión privada por parte de los capitalistas en Venezuela lejos de incrementarse se contrajo. La clave de que ello ocurriera es la misma que hoy estamos dando: la naturaleza parásita de los empresarios venezolanos que venimos analizando a lo largo de este artículo. “Con la excepción de los primeros años de la crisis, su magnitud en relación al PIB (la del consumo privado) permanece relativamente constante con valores superiores al 50% de la demanda agregada , incluso superando los índices correspondientes a la expansión de los años 70. En vista de la ostensible caída de los ingresos salariales (…) podemos inferir que una porción importante del plusvalor apropiado por la clase capitalista se ha empleado en un fin improductivo como el consumo personal (gastos suntuarios, etc) Pero ,sin duda, aún es más relevante la fuga de excedentes (el reciclaje de petrodólares)”. Aunque los salarios entre 1978 y 1996 caen un 60%, el salario real en 1996 representa el 43% del de 1971 y los costes laborales unitarios en 1994 suponen un 47% del nivel de 1973 la burguesía venezolana se muestra incapaz de invertir y desarrollar el país. ¿Qué entorno quieren entonces para animarse a invertir? Sólo la expropiación y estatización de los medios de producción puede desarrollar el país
Como hemos visto, la huelga de inversiones y fuga de capitales por parte de los empresarios venezolanos, prolongada durante décadas, fue la causa principal de la decadencia económica del país a lo largo de los 80 y 90 y del inicio de la revolución bolivariana. Precisamente por eso, si la revolución no arranca las empresas de manos de esos parásitos para ponerlas de una vez por todas a producir en beneficio del conjunto de la sociedad, y deja que esta decadencia económica se prolongue estará cavando su propia tumba. La carga que supone para la economía nacional el mantenimiento de la propiedad privada de los medios de producción resulta cada vez más insoportable y amenaza con herir de muertea la revolución. “Las estadísticas de Cadivi indican que sin tomar en cuenta las compras realizadas a través del convenio Aladi, las importaciones de alimentos suman 2 mil 639,65 millones de dólares en los primeros siete meses de este año, una magnitud que se traduce en un salto de 101% respecto al mismo período de 2007. (...)Si bien el incremento en el costo de los alimentos impacta a todos los países de América Latina, los venezolanos sufren el temblor con mayor fuerza.De acuerdo con estadísticas oficiales en los primeros siete meses de este año los precios de los alimentos aumentan 21,8% en Venezuela, mientras que en Colombia el incremento es de 12,78%, en Ecuador 16,22%, y en Perú 6,9% (...)Un informe elaborado por la FAO indica que en 16 países de América Latina en los primeros cinco meses del año la inflación promedio de los alimentos se ubicó en 7,2% mientras que en Venezuela sumó 15,3%.” Por el momento el ingreso petrolero ha permitido mantener esta contradicción si bien con un coste social cada vez mayor. Mientras el ingreso petrolero ha aumentado en lios últimos años una media del 22% el dinero destinado a importar alimentos y otros bienes por parte del estado lo ha hecho una media de un 44%. Con la inevitable caída de los precios del petróleo como consecuencia de la recesión internacional del capitalismo (una caída que sólo acaba de empezar y cuya magnitud es imposible predecir) esta situación se puede hacer absolutamente intolerable.
Por supuesto, la expropiación y estatización de los bancos , las industrias privadas y la tierra sólo debe ser el primer paso. Este debe verse acompañado inmediatamente por el control de esas empresas estatizadas por parte de los trabajadores. Para ello es imprescindible que la clase obrera se organice y agrupe, construyendo sindicatos de nuevo tipo, revolucionarios, y Consejos de trabajadores en todos los centros de trabajo y se dote de un programa marxista en estas líneas. El inicio de una genuina transición hacia el socialismo en Venezuela se contagiaría inmediatamente al resto de pueblos de Nuestra América y de otras zonas del planeta. Hoy en todo el mundo el capitalismo sólo puede ofrecer a laos jóvenes, trabajadores, campesinos y desempleados miseria, deshaucios, despidos en masa, guerra y violencia... La necesidad de otro sistema, del socialismo, nunca ha sido mayor. Hemos entrado en una nueva etapa en la historia de la humanidad en la que posiblemente s edecidirá el destino final de ésta: o entrar en una nueva era en la que desaparezca toda opresión por motivos de clase, raza, sexo, religión o solidariadad, en la que no haya más explotación del hombre por el hombre, más guerras, o hundir a la especie humana en nuevamente en el fando de la barbarie, la guerra y la autodestrucción... La lucha sólo acaba de empezar y su resultado final se decidirá a nivel internacional. La transición al socialismo, como hemos explicado, empieza con la contrucción del estado obrero y la expropiación de los capitalistas en un país pero el socialismo sólo se puede triunfar definitivamente a nivel mundial. La historia nos ha hecho un regalo a los trabajadores venezolanos: ha puesto a nuestro alcance la oportunidad de ser quienes abramos la puerta a esa nueva era de justicia, paz y libertad.
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Los intentos prácticos por incorporar a los empresarios nacionales al desarrollo del país, independientemente de cuales sean las intenciones de quienes defienden estas posiciones, están empujando el carro de la revolución bolivariana por caminos que no son ni los que queremos ni los que necesitamos. La necesidad de ganar a sectores de los empresarios supuestamente interesados en desarrollar el país es utilizada por no pocos dirigentes como excusa para no expropiar empresas y sectores clave, así como para frenar cualquier paso que intentan dar las bases en el sentido de acelerar la marcha hacia el socialismo: tomas de empresas o tierras privadas, intentos de desarrollar Consejos de Trabajadores y participar en la gestión de las empresas del estado o instituciones publicas, ... El Gobierno incluso ha tenido que dedicar recursos que podían haber sido destinados a industrializar el país y paliar graves problemas sociales a intentar fomentar una inversión privada que una y otra vez se niega a arrancar.
A lo largo de los últimos meses, los empresarios han concentrado su ofensiva contra la revolución en el terreno económico sobre dos puntos: el control de precios y el control de cambios, sobre todo el primero. Por cierto, no sólo los escuálidos: no pocos de los autodenominados “empresarios bolivarianos” les han acompañado en sus reclamos pidiendo flexibilizar ambos controles. Recientemente el Presidente Chávez salía al paso respecto al debate sobre el control cambiario diciendo que podían esperar 100 años a que se eliminase. Esto anima a las bases revolucionarias y supone un revés para los planes de los contrarrevolucionarios. Pero ¿es ésa la opinión de todos los altos funcionarios del estado? A juzgar por las declaraciones (y lo que es peor: las acciones) de muchos de ellos no parece. El problema es que muchos de estos funcionarios aceptan en un 100% la lógica de los capitalistas. Esto se vio claramente con las argumentaciones que dieron muchos de ellos para flexibilizar el control de precios.

La búsqueda de inversiones de capitalistas extranjeros no es ninguna solución. Todos los factores que hemos enumerado para explicar porqué los empresarios venezolanos no quieren invertir son aplicables al resto de los capitalistas. Estos, en el mejor de los casos, se aprovechan de las ayudas y facilidades concedidas por el Gobierno intentando atraerlos para llenarse los bolsillos pero a la hora de invertir y crear empleo reproducen las mismas pautas de comportamiento que hemos analizado.