Este artículo corresponde a la serie de documentos del camarada Ted Grant que estaremos publicando próximamente, a pesar de que estos fueron publicados originalmente durante todo el siglo pasado, sirven como material de formación, por su valor histórico y por las lecciones que en ellos se encuentran para las luchas en el presente. Ted Grant, nacido en Sudáfrica bajo el nombre de Isaack Blank, fue el fundador de la Corriente Marxista Internacional, con la intención de defender las ideas del marxismo en las organizaciones de la clase obrera. Fimer defensor del Marxismo, se definía a sí mismo como marxista, leninista y trotskista. Sus ideas hacen hincapié en que los revolucionarios deben trabajar dentro, fuera y alrededor de las organizaciones de masas porque los trabajadores comienzan a movilizarse a través de las organizaciones tradicionales y porque fuera del movimiento obrero no hay nada.

Lecciones de España

1938

Bajo el disfraz transparente de la agitación de una “Alianza por la Paz”, el Frente Popular[1] de Gran Bretaña da ahora sus primeros pasos para entrar en la arena política. Los liberales levantan atentamente los oídos, los jefes del Partido Laborista se oponen vigorosamente al proyecto y el Partido Comunista, el iniciador de la agitación, está utilizando todos los recursos que posee para el nacimiento del Frente Popular. Ahora es urgente y necesario que los trabajadores británicos saquen las conclusiones de los acontecimientos en España, examinar la experiencia del frentepopulismo como aparece en la práctica de la guerra civil y así afrontar los problemas de mañana.

León Trotsky, que en una serie de artículos y panfletos sobre la situación española ha señalado de una manera consistente el camino que las masas españolas deben recorrer si quieren vencer al fascismo, ha defendido de una forma insistente que para seguir ese camino el partido revolucionario de los trabajadores debe ponerse al frente del despertar de las masas españolas. Trotsky acaba su panfleto: La revolución en España, escrito en 1931, con estas palabras: “Para llevar a cabo eficazmente todas estas tareas son necesarias tres condiciones: el partido, el partido y el partido” (León Trotsky, La revolución española y las tareas de los comunistas. Incluido en La revolución española (1930-1939). Madrid, Fundación Federico Engels, 2006, p. 110).

Las condiciones para la victoria de los trabajadores sobre la reacción, resumidas así tan epigramáticamente, están aún sin cumplir, esta es la lección que debe llegar a la conciencia de la clase obrera tanto en Gran Bretaña como en España. Mientras que los fascistas españoles se preparaban abiertamente, con ayuda desde el extranjero para asestar su golpe, el gobierno del Frente Popular fracasó visiblemente a la hora de hacer los preparativos que habrían destruido al enemigo rápida y fácilmente. El ejército quedó intacto en manos de los reaccionarios que delante de las narices del gobierno del Frente Popular consolidaron una poderosa base entre los moros[2] que, al descubrir que las cadenas del nuevo gobierno no eran menos mortificantes que las de la monarquía, fueron presa fácil de las promesas de Franco. Por otro lado, los dirigentes reformistas impidieron que los trabajadores pusieran en práctica aquellas medidas que habrían frustrado los planes fascistas: la creación de milicias obreras y comités de fábrica. Cuando, a pesar de los ruegos de sus dirigentes que les suplicaban que no “provocaran” a la reacción, que no “contrariaran” a sus socios republicanos-capitalistas del Frente Popular, los trabajadores atacaron y los campesinos tomaron la tierra, el gobierno respondió arrestando a los huelguistas, rompiendo las asambleas de trabajadores, censurando los periódicos obreros, disparando a los campesinos. Esta es la historia relatada por los artículos de prensa y las comunicaciones oficiales en los meses del Frente Popular que llevaron a la guerra civil. De esta forma, el Frente Popular en los meses que precedieron al alzamiento de Franco, amordazó y ató a las masas, empujando a algunos hacia en el campo contrario para unirse a los moros frente a un gobierno “democrático” que perpetuaba su miseria y opresión.

Ni el Frente Popular ni ningún otro gobierno capitalista podrían resolver los problemas básicos de la España moderna. Cinco millones de familias campesinas sin suficiente tierra, tres millones de ellas sin nada de tierra, estaban oprimidas por los impuestos y estaban hambrientas. Sólo la expropiación de los grandes terratenientes y el reparto de la tierra entre los campesinos pobres podían aliviar su hambruna. Pero esta solución era imposible bajo el capitalismo, porque toda la estructura de la banca española descansa sobre las hipotecas agrarias, de este modo, la ruina de los grandes terratenientes significaría también la ruina de los capitalistas y los banqueros. Sólo un Octubre español[3] podría, asestando un golpe mortal a la clase capitalista y terrateniente, aliviar el hambre de las masas agonizantes del campo.

Las condiciones de los trabajadores en las ciudades igualmente representaban un problema irresoluble bajo el capitalismo. La industria española, nacida demasiado tarde para competir con las mercancías baratas que la industria extranjera más desarrolla es capaz de echar a raudales en mercados celosamente guardados, es incapaz ni siquiera de encontrar un mercado interno debido a una población campesina empobrecida. Marx y Lenin pensaban que para los trabajadores no había salida a su prisión de salarios escasos y creciente desempleo excepto derribando las barreras del capitalismo y poniendo el control de la industria en manos de la clase obrera.

En los primeros meses de la guerra civil los trabajadores españoles buscaron espontáneamente esta salida como una parte esencial de su lucha contra la reacción, pero no sólo con el método militar se podía derrotar a Franco. Se necesitaban medidas para despertar a las masas, darles algo por lo que luchar, era necesario poner en funcionamiento consejos de fábrica, taller y pueblo, crear tribunales obreros, iniciar una fuerza policial y una milicia obreras. De este modo podrían comenzar a existir los comienzos de un Estado obrero para dirigir una guerra revolucionaria contra los fascistas, que existían uno al lado del otro con el Frente Popular, desafiando su autoridad y arrebatando sus funciones.

Los partidos socialista y comunista llegaron al rescate del gobierno capitalista amenazado de extinción. Entraron en el gobierno de Frente Popular y Caballero[4], aclamado como el Lenin español, se convirtió en primer ministro. Paso a paso, las conquistas de los trabajadores fueron arrebatadas en nombre de la “defensa de la democracia”. La milicia obrera se disolvió en el ejército republicano, desaparecieron los tribunales obreros y se desmantelaron los cuerpos de policía obrera.

El mismo proceso ocurrió en Catalunya donde el POUM entró en el gobierno de coalición, declarando que era un gobierno obrero. Pero el POUM también proclamaba que la guerra civil era fundamentalmente una cuestión de socialismo frente a capitalismo, una realidad que socava las mismas bases del Frente Popular. Los republicanos y los estalinistas unidos en una campaña vil de calumnias contra el POUM, acusado de estar al servicio de Franco, lo echaron del gobierno, prohibieron su propaganda y periódicos, arrestaron y encarcelaron a sus dirigentes. A principios de mayo de 1937, el gobierno inició un ataque provocador contra los trabajadores para recuperar la posesión de las fábricas y edificios que estaban bajo el control de los trabajadores. Se superó la resistencia de los trabajadores y la burguesía recuperó el control total de los terrenos económico, político y militar.

Las alternativas a las que se enfrentan hoy las masas españolas son, por un lado, a la victoria de Franco iniciando un régimen totalitario o, por otro lado, una victoria problemática de un régimen capitalista “democrático” que en una España agotada y devastada sólo pueda gobernar mediante una dictadura mal disimulada. En cualquiera de los dos casos, fijarán con más seguridad las cadenas a los miembros de los trabajadores, campesinos y el pueblo colonial, agotados y engañados.

Desde sus mismos inicios, el Frente Popular repudió en su programa no sólo las medidas socialistas sino también las semisocialistas. Era el guardián abierto y manifiesto de la propiedad capitalista, colgando planes grandiosos de reformas futuras ante los ojos de la población y desviar así su atención de las miserias actuales. El proyectado Frente Popular en Gran Bretaña está cortado por el mismo patrón. “Cualquier idea de socialismo dejará ser dejado a un lado en el momento actual”, esto es lo que declara Sir Stafford Cripps[5] en Tribune (14 de abril de 1938), suplicando un “frente democrático” de gobierno. El Daily Worker apoya al candidato liberal en las elecciones frente al candidato laborista, sonriendo con desprecio ante el “asombroso descubrimiento” del laborismo de que los liberales no son socialistas, como si los liberales realmente lo pretendieran” (11 de mayo de 1938).

Para Gran Bretaña y España, la lucha contra el fascismo es la lucha por el socialismo. Los planes de armamento y comida, las amenazas de espías y las precauciones ante incursiones aéreas sirven para advertir a los trabajadores de que el período de “paz” se acerca rápidamente a su final. La recesión industrial estadounidense se extiende a Gran Bretaña; en los primeros tres meses de 1938 el declive de las emisiones de nuevo capital, 33 millones de libras, frente a los

49.505.000 del período correspondiente en el año anterior, indican las dimensiones de la próxima recesión industrial. El aumento del desempleo en la industria de armamentos y el aumento del reclutamiento para el servicio militar, sirven para enmascarar el crecimiento del desempleo industrial, y el cambio de centro de gravedad de la economía nacional no es visible en las estadísticas generales del comercio y la industria debido al estímulo artificial de los preparativos de guerra, que ayudan a ocultar el proceso real de la crisis económica. Los males que afectan a los órganos vitales del capitalismo en decadencia producen como síntoma una actividad febril en ciertas ramas de la actividad industrial, acompañada por ese falso sentido de bienestar que debe ser reconocido como la “prosperidad” previa a la guerra, el delirio que precede a la crisis.

Mientras siga el boom de la preguerra y las masas británicas continúen en un estado relativamente pasivo, los burócratas del ala de derechas de los sindicatos y el Partido Laborista se opondrán al Frente Popular. Cuando las masas comiencen a moverse, como hicieron en España y Francia, en busca de una solución militante a sus dificultades, la burocracia laborista no tendrá escrúpulos en seguir el ejemplo de sus homólogas en España y Francia, para intentar poner un freno al movimiento de masas y seguir el camino del frentepopulismo. Si hoy se resisten al Frente Popular no es porque sea un abandono abierto y traidor ni siquiera de una pretensión de socialismo, sino porque están bastante satisfechos con su propio estatus en la sociedad capitalista, porque temen el inevitable desenmascaramiento al que les someterá tomar el poder político. Hoy atacan a los liberales como no socialistas, mañana los justificarán y defenderán, trabajarán mano a mano con ellos en la conspiración “rompe huelgas” del Frente Popular, como sus hermanos reformistas del Partido Comunista ya están haciendo.

El Partido Comunista de Gran Bretaña proclama el Frente Popular y apoya a los liberales con un programa de “armas para España”, “defensa de las libertades democráticas”, “avance económico y social del pueblo”. El Frente Popular francés en el poder no suministró armas a España, los esclavos coloniales franceses del norte de África e Indochina recibieron su parte de “libertades democráticas”, balas y sentencias de prisión, el gobierno del Frente Popular francés mordisqueó las concesiones arrebatadas a la clase dominante mediante la acción huelguística directa de los trabajadores franceses y frustraron sus conquistas salariales mediante la manipulación monetaria. Los liberales y los capitalistas “progresistas” ofrecen, en lugar de reformas, “planes” grandilocuentes de reformas. Los escritos de los dirigentes del Partido Comunista demuestran que ellos son bien conscientes del papel traidor de los liberales. Hoy son capaces de explotar la reputación de militancia que se han ganado gracias al trabajo de los militantes del partido en la lucha sindical, para dirigir a los trabajadores militantes por el camino político proyectado por sus maestros del Kremlin. Stalin y compañía están dispuestos a sacrificar las aspiraciones socialistas de la clase obrera británica en aras de una alianza de guerra con la burguesía británica y para este propósito han ordenado un Frente Popular en Gran Bretaña. Los dirigentes del Partido Comunista saltan obedientes, rotunda y descaradamente contradicen sus argumentos de hace unos meses, consciente y deliberadamente manipulan a los trabajadores en busca de una coalición de gobierno con el enemigo de clase, vendan los ojos a los trabajadores mientras los liberales preparan la daga que les clavarán por la espalda.

El Partido Comunista realiza su trabajo traidor con grandes gritos de “¡Unidad! ¡Unidad!” Pero la clase obrera británica constituye dos tercios de la población y arrastraría tras de sí a la mayoría de la clase media más baja si estuviera dotada de un programa audaz de reivindicaciones socialistas. Los trabajadores no tienen necesidad de una alianza con ningún sector del enemigo de clase, menos aún con los liberales decadentes y desde hace tiempo en bancarrota. Ellos instintivamente saben que la unidad es un arma todopoderosa en su lucha, la unidad de la “clase obrera”. El Frente Popular es una caricatura de la unidad. Un frente genuino, con una base de clase, que una a los trabajadores, a sus organizaciones y a sus partidos sobre un programa de lucha común, hoy es una ardiente necesidad, el único medio de defender esos derechos y privilegios que los trabajadores han ganado durante generaciones de lucha y sacrificio. La defensa eficaz de las concesiones conquistadas debe llevar inevitablemente a una campaña por los plenos derechos de los trabajadores y a la lucha por el poder obrero.

La experiencia de España es una advertencia y una lección para los trabajadores de todo el mundo, sobre todo para los trabajadores británicos. El drama de ayer en España se está ensayando hoy en Gran Bretaña. Mañana se representará si los trabajadores británicos no consiguen darse cuenta de la naturaleza de las tareas que la historia ha situado ante ellos. Y en preparación para abordar esas tareas, la clase obrera tiene necesidad sobre todo de “el partido, el partido y el partido”.


Notas

1. El Frente Popular fue el nombre que se dio a las coaliciones formadas entre los partidos obreros y los llamados partidos liberales o radicales. La Internacional Comunista adoptó la política del Frente Popular en 1935 tras la debacle que llevó a Hitler al poder.

2. Se denomina así a la población árabe del noroeste de África. Durante años Marruecos luchó para conseguir la autonomía del dominio español. El Frente Popular no hizo nada y Franco les prometió la independencia.

3. La Revolución Rusa tuvo lugar en octubre de 1917 según el viejo calendario ruso.

4. Largo Caballero, líder del ala de izquierdas del PSOE en los años treinta. Primer ministro de septiembre desde 1936 a mayo de 1937.

5. Stafford Cripps, parlamentario laborista desde 1931, expulsado del partido durante un período en 1939 por hacer campaña a favor del Frente Popular. Como ministro de Hacienda desde 1947 a 1950, introdujo un programa económico austero. Tribune era el periódico de la izquierda reformista del partido que Cripps ayudó a fundar en 1937.



 
 

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