El asesinato de un grupo de guerrilleros de las FARC en Ecuador por parte del gobierno narco paramilitar de Colombia no es más que una jugada que estaba prevista en el aumento de la escalada del imperialismo norteamericano contra el proceso de cambios sociales que se vienen dando en América Latina y, particularmente, contra la revolución bolivariana de Venezuela.

El asesinato de un grupo de guerrilleros de las FARC en Ecuador por parte del gobierno narco paramilitar de Colombia no es más que una jugada que estaba prevista en el aumento de la escalada del imperialismo norteamericano contra el proceso de cambios sociales que se vienen dando en América Latina y, particularmente, contra la revolución bolivariana de Venezuela.

 

No es casualidad que luego del evidente éxito obtenido por el presidente Chávez con la liberación de un grupo de rehenes colombianos que, además, dejó al descubierto, una vez más, el carácter extremadamente reaccionario y guerrerista del gobierno de la oligarquía colombiana, viniera una acción violenta de este tipo por parte del principal operador político de los EEUU en Latinoamérica, en este sentido tampoco es casualidad que el objetivo de esta acción fuera el comandante Raúl Reyes, principal negociador y cara visible de las FARC en el proceso de negociación.

 

En realidad esta acción se parece mucho a las acciones punitivas selectivas que ejecuta el estado terrorista de Israel en contra de dirigentes árabes en los países vecinos, y esto tampoco parece ser producto de la casualidad ya que tanto Israel como su patrocinante y protector EEUU, principal estado terrorista mundial, están interviniendo abiertamente como asesores y financistas del gobierno colombiano. Estos hechos no deberían de asombrarnos ya que no es la primera vez que ocurren y son la continuación de, como decíamos antes, una escalada en la política diseñada en EEUU de acabar con el “mal ejemplo” que significan para los intereses del capitalismo mundial los cambios revolucionarios que se vienen dando en Venezuela, política que se enmarca en el Plan Colombia y en la doctrina de la seguridad democrática que no es más que la reedición de la tristemente célebre doctrina de la seguridad nacional que se implementó en los países del cono sur del continente con las dictaduras militares de los años setenta, y que sirvió para exterminar a miles de luchadores sociales. Esta doctrina le permite a estados terroristas como EEUU, Israel y Colombia intervenir y realizar acciones militares en los países vecinos e, incluso, más allá como es el caso de las invasiones de EEUU en Irak y Afganistán y justificarlo en base a un supuesto derecho a la defensa y al combate a los grupos y personas que se oponen a sus políticas y que ellos mismos califican de terroristas. 

La lucha de clases en Colombia

La existencia de la guerrilla en Colombia, la más antigua del continente, y la violencia que envuelve la política de ese país no es posible explicarla seriamente fuera del marco de la lucha de clases que se desarrolla allí y que, en un país agrícola como Colombia, gira inevitablemente en torno a la propiedad de la tierra. El origen de esta lucha por la posesión de la tierra se puede situar en la misma conquista del territorio en el siglo XVI por el imperio español. Ya desde ese momento se instala un sistema de despojo de la tierra a sus propietarios originales, los aborígenes, a los cuales somete a un régimen de servidumbre y explotación. A estos siervos se agregarían más tarde los esclavos provenientes de África con lo cual se conformaría el sistema feudal de explotación de la tierra que con pocas variantes se prolongaría hasta entrado el siglo XX.

 

Tan bárbaro fue este sistema de explotación que generó numerosos alzamientos campesinos, incluso antes de la independencia de España, siendo el más célebre el de la revolución comunera en el año 1781 en la provincia del Socorro, cuando los campesinos y pequeños productores comenzaron una protesta contra los impuestos confiscatorios que imponía el imperio español y terminaron con un alzamiento anticolonialista que fue la primera demostración de la disputa por el poder que planteaba la creciente burguesía rural colombiana y que culminaría unos años más tarde con el movimiento independentista. Sin embargo, la independencia de España en poco mejoró la situación en el campo colombiano y los encomenderos españoles fueron reemplazados por los latifundistas criollos que mantuvieron el mismo régimen de explotación feudal sobre el campesinado.

 

Si algo ha caracterizado siempre a la burguesía rural colombiana es su profundo odio de clase hacia el campesinado, lo cual se materializa en la extrema violencia con que lo ha reprimido y mantenido sometido hasta la fecha. Cada vez que los campesinos han reclamado algún derecho han sido masacrados sin piedad y con un alarde de crueldad que recuerda los momentos más oscuros de la humanidad. Se puede decir, con muy pocas excepciones, que toda la historia colombiana del siglo XIX y XX está bañada en la sangre de los campesinos colombianos.

 

Esta violencia casi permanente ha tenido sus picos en distintos períodos, posiblemente uno de los más característicos haya sido el que va de 1949 a 1958, entre esos años se calcula que fueron asesinadas unas 180.000 personas, 65% de las cuales eran campesinos (1). El motivo principal de esta violencia tuvo su origen en la expropiación de la tierra a los campesinos, baste decir que en 1957 “de 93.800 propiedades rurales el 42 % de ellas quedó abandonado por sus moradores y dueños…”(2). Incluso el fenómeno del paramilitarismo como arma de la burguesía en contra de los campesinos no es nuevo en Colombia: “En el año de 1951 se opera un curioso fenómeno que implica la escisión del bloque llanero. El fenómeno consiste en que los amos, dueños del hato, se vuelven contra la peonada en armas… Cuando aflora nítida la aspiración de la peonada a una más justa nivelación económica y se orienta la conciencia del hombre hacia causas de justicia por obra de la revolución, surge intransigente, ciega la “policía de corral”, cuyo primer paso converge hacia una climatización de ideas para salvar la industria ganadera, motivo más que suficiente que justificará una represión feroz... Fueron creadas las “guerrillas de paz” o contraguerrillas a fin de frenar el alzamiento popular” (3).

 

Es en los años 50 que surgen también las guerrillas de las FARC como respuesta a la violencia por parte de la burguesía rural colombiana. Con la industrialización del país, la burguesía trasladó los métodos violentos que empleaba en el campo a las ciudades para reprimir al movimiento obrero, principalmente a sus representantes sindicales a los cuales ha venido asesinando sistemáticamente. En su orgía de sangre, y haciendo suyo el lema que el mejor enemigo es el enemigo muerto, una burguesía degradada y corrompida, cuyo principal negocio es actualmente el narcotráfico, ha acabado a sangre y fuego con todos sus oponentes, recordar los 3.000 militantes de la Unión Patriótica asesinados en los años 90.

Evidentemente la lucha de clases en Colombia, donde la burguesía se ha cebado en el empleo de métodos fascistas para mantener sometidas a las clases populares, ha alcanzado unos niveles de violencia y de polarización tales que la única salida posible es el aplastamiento total de esta burguesía salvaje a través de una combinación de lucha armada en el campo y de un fuerte movimiento de masas en las ciudades dirigido por la clase obrera colombiana que ha demostrado tener un alto nivel combativo a pesar de la represión a la cual ha estado sometida.

 

En estas condiciones la única posibilidad de victoria para las masas colombianas pasa porque esa clase obrera se dote de una dirección revolucionaria  que, trabajando coordinadamente con la guerrilla rural como elemento de apoyo y no como eje de la lucha, logre cohesionarlas en torno a un programa socialista. En ese sentido las FARC deberían conectarse con el movimiento obrero para brindar todo su apoyo y experiencia para la construcción de esa dirección y, a la vez, romper con el aislamiento al que han quedado confinadas en la selva. El programa neoliberal  del gobierno burgués con su adhesión al ALCA, que generará mayores conflictos en la sociedad colombiana, sumado a la crisis mundial del capitalismo y al proceso revolucionario que se desarrolla en Venezuela crean las mejores condiciones  para que una política de este tipo tenga grandes posibilidades de éxito.      

La agresión a Ecuador y a Venezuela

La política agresiva del gobierno narco paramilitar de Colombia que está sufriendo una vez más el Ecuador, ya la ha padecido Venezuela en más de una ocasión, no hay que olvidar que en el año 2004 había enviado agentes policiales a Caracas a secuestrar a Rodrigo Granda para llevarlo a Colombia, y más recientemente con el caso de un capo de la droga al cual mataron en Mérida. Por eso son correctas las medidas tomadas por el presidente Chávez de cerrar la embajada en Bogotá y de movilizar al ejército a la frontera: con un gobierno tan reaccionario y ladino es preferible estar prevenido, y más si como parece obvio después de las declaraciones de los voceros uribistas, la segunda parte del plan consiste en hacer aparecer a los agredidos como agresores.

 

Según el material conseguido por el ejército colombiano en unas supuestas computadoras que milagrosamente se salvaron del bombardeo al campamento guerrillero, ahora resulta que tanto el presidente Rafael Correa como el presidente Chávez son los patrocinantes de las FARC como parte de una estrategia para derrocar a la oligarquía colombiana. El agresor gobierno burgués de Colombia ahora es la víctima y con ello justifica su agresión a Ecuador y una posible agresión a Venezuela, nuevamente las casualidades no son tan casuales, el forjamiento de pruebas es el típico modus operandi del imperialismo yanqui quien ha llevado al grado de la perfección el autoatentado para justificar sus agresiones, tampoco es casual que el Departamento de Estado de los EEUU justifique la actuación de un pupilo que le ha salido tan bueno.

Con esta acción el imperialismo también logró destruir, o por lo menos paralizar, el proceso unitario que estaba impulsando Venezuela en Sudamérica, con lo cual se demuestra algo que hemos venido diciendo desde que comenzó dicho proceso unitario: es imposible desarrollar ninguna unidad apoyándose en las “burguesías nacionales” y dentro del marco del capitalismo. Esa unidad tan necesaria, y que fuera uno de los mayores anhelos de Simón Bolívar, sólo será posible, además de un modo natural, de la mano de la revolución socialista continental, de la mano de los trabajadores y campesinos latinoamericanos. La burguesía es la principal enemiga de la unidad de los pueblos latinoamericanos, los ejemplos desde 1810 hasta nuestros días sobran. Por eso, repetimos: cualquier intento unitario basado en la burguesía y fundamentado en el sistema de producción capitalista está condenado al fracaso.

Otra lección que debe extraer el pueblo y el gobierno bolivariano de todo esto es que hasta hace poco se presentaba al presidente narco paramilitar Uribe como un “amigo”, como una persona de derecha pero honorable con la cual se podía hacer negocios y tener relaciones normales, jamás se puede confiar en la burguesía, y como decía Trotsky: es un crimen que un revolucionario no debe cometer el sembrar esas ilusiones en las masas. La burguesía es nuestra principal enemiga, el proletariado no tiene nada que ver con ella, nuestros intereses son diametralmente opuestos y antagónicos.

 

También es bueno recordar que tanto la burguesía como el proletariado son internacionales, sus luchas no tienen fronteras, los intereses de los trabajadores colombianos son los mismos intereses que los de los trabajadores venezolanos, y lo mismo ocurre con los intereses de la burguesía, por eso es normal que, ante lo ocurrido, la burguesía venezolana, a través de sus medios de difusión con Globovisión a la cabeza, se cuadre incondicionalmente y trate de justificar al gobierno burgués de Colombia, son la misma burguesía con los mismos intereses. Nunca debemos olvidar que nuestros únicos amigos, nuestros únicos hermanos, nuestros únicos aliados en Colombia, y en cualquier parte del mundo, son los trabajadores y los campesinos. Con ellos debemos trabajar unidos para acabar con el sistema capitalista y construir el reino de la libertad, el socialismo.