Hay un proverbio oriental que dice: un hombre montado sobre el lomo de un tigre tendrá dificultades para desmontar. Cuando las fuerzas de la coalición entraron en Bagdad en marzo de 2003, los imperialistas tenían plena confianza. ¡Ya habían hecho las cosas! Intoxicados por el poder de su maquinaria militar, pronosticaron un futuro brillante para Iraq y Oriente Medio.

Con su bota militar firmemente puesta sobre la garganta de un pueblo postrado, orgullosamente anunciaron que Iraq había sido "liberada". Alardearon en voz alta que esta progresista operación garantizaría la paz y la prosperidad para toda la región. No sólo eso, los pueblos del mundo árabes entusiasmados irían en tropel detrás de la bandera de la democracia occidental, cantando las alabanzas de George Bush y su profeta Tony Blair. Pero cinco años después, las cosas parecen muy diferentes. Cinco años después del famoso discurso "misión cumplida" de George Bush, Iraq está hundido en el caos.

En estas circunstancias parece extraordinario que George Bush aún mantenga que la ocupación norteamericana de Iraq ha sido un éxito. Es lo que este hombre dice e incluso posiblemente lo que cree. En su discurso con motivo del quinto aniversario de la invasión, mencionó la palabra "victoria" en tres ocasiones. Sin embargo, una guerra se pierde o gana dependiendo de si los objetivos de la guerra se han conseguido o no. Debemos recortar cuáles eran los objetivos de esta guerra para el imperialismo estadounidense.

Los objetivos de la guerra

El objetivo declarado de la invasión era eliminar las armas de destrucción masiva que según Bush y Blair estaban en manos de Sadám Hussein, y que supuestamente eran un "peligro real y presente" para los pueblos de EEUU y Gran Bretaña. Pero estas armas jamás se descubrieron y todo el mundo sabe que sólo era una mentira cínica, parte de una burda propaganda con la intención de engañar a la opinión pública sobre los objetivos reales de la guerra para las clases dominantes británica y norteamericana.

El otro objetivo importante se suponía que era combatir el terrorismo, y específicamente al Qaeda. Pero ya es de conocimiento común que al Qaeda no estaba presente en Iraq con Sadám Hussein, quien era su más encarnizado enemigo. Cinco años después de la invasión, sin embargo, al Qaeda y sus filiares han establecido una fuerte presencia en Iraq, que utilizan para atacar a los norteamericanos y a sus amigos iraquíes. La invasión de Iraq no redujo la amenaza del terrorismo, como pretendían Bush y Cheney. Todo lo contario, lo incrementó enormemente.

Durante los últimos cinco años, el terrorismo ha aumentado no sólo en Iraq, sino en toda la región circundante. El odio a EEUU se ha exacerbado de manera colosal debido a las acciones violentas de los ocupantes. Como resultado directo, miles de jóvenes de todo el mundo árabes se han unido a las organizaciones terroristas. De esta manera, George W Bush se ha convertido en el sargento recluta más efectivo para al Qaeda.

La guerra ahora es tremendamente impopular en EEUU. Ya ha provocado la muerte de más de 4.000 soldados norteamericanos, por no hablar de las decenas de miles de heridos y mutilados. Los costes económicos de la guerra son aún mayores. Nadie sabe exactamente cuánto ha costado, pero se calcula que puede estar en los cinco billones de dólares.

¿Se retirarán?

Los dos candidatos demócratas a la presidencia, Barack  Obama y Hillary Clinton, se han visto obligados a defender una retirada rápida. El candidato republicano, John McCain ha apoyado sistemáticamente la guerra pero es una de las principales debilidades de su campaña, especialmente en un contexto de recesión económica.

Bush intenta defender que el nivel de violencia en Iraq ha caído, que la oleada de tropas norteamericanas está funcionando. Pero sigue siendo muy elevada y todo lo que ha ocurrido es que los insurgentes han decidido mantenerse escondidos durante un tiempo o simplemente se han trasladado a otras zonas. Tan pronto como se anuncie el final de la oleada de tropas estadounidenses (como debe ser) habrá un aumento de la insurgencia.

En la actualidad hay aproximadamente 158.000 soldados norteamericanos en Iraq, pero se supone que este verano esa cifra bajará a 140.000. Después de eso, a los generales les gustaría reducir el nivel de tropas. Pero se trata de un tema explosivo para los tres posibles candidatos presenciales y en un año electoral no es probable que ninguno de ellos elija ir en contra de la opinión pública norteamericana.

Obama ha hecho mucha oposición a la invasión en primer lugar y su promesa de acabar con la guerra también es popular. Dice que sacará a las tropas para finales de 2009, aunque en la práctica esto no pueda ocurrir. Si miramos los detalles de su plan no está tan claro. Dice que retiraría una o dos brigadas de combate de Iraq cada mes, eso significa la presencia de un gran número de tropas norteamericanas durante un tiempo prolongado en el futuro. Incluso después de eso dice que dejaría a los soldados para "proteger la embajada de EEUU y luchar contra al Qaeda donde sea necesario", que se "reservaría el derecho" a reentrar en Iraq para detener el genocidio. ¡Es un plan de retirada muy ambiguo!

En cuanto a Hillary Clinton, ella defiende sacar a una o dos brigadas cada mes, mientras deja "pequeñas fuerzas de choque y de élite" para luchar contra los terroristas. Pero sus planes suponen una presencia más larga en Iraq que lo previsto por Obama. Por su parte, McCain, que muestra signos de excesiva autoconfianza o de demencia senil avanzada, ha dicho que EEUU debe quedarse y luchar en Iraq, defienden que EEUU mantenga sus bases en ese país durante cien años mientras se termina el trabajo que se empezó en Iraq. Esto significa que si él llega a la Casa Blanca, la ocupación se hará interminable. Mientras tanto, cientos más de soldados norteamericanos y miles de iraquíes morirán.

Sin embargo, independientemente de quien de ellos se convierta en el próximo presidente de Estado Unidos, se encontrará con el hecho de que la guerra se ha perdido. Tarde o temprano, las fuerzas norteamericanas tendrán que salir. La única duda es si la rapidez y el alcance harán posible disfrazas la humillación de EEUU y presentar la derrota como una victoria.

En el momento de la invasión, George Bush trató a las Naciones Unidas con absoluto desprecio, pasando por algo al Consejo de Seguridad como algo irrelevante (que lo es). Ahora los Demócratas quieren recurrir a la ONU y a los gobiernos de Oriente Medio para facilitar la retirada norteamericana. ¡Son sólo cálculos cínicos de la diplomacia burguesa! Mientras Washington pensaba que podía conseguir sus objetivos por la fuerza no estaba interesado en los servicios de mediadores. Pero ahora se da cuenta de que está atrapado en un conflicto invencible y costoso, y por eso ha redescubierto el valor de la diplomacia y comienza a cantar: "benditos sean los pacificadores". De la misma forma que un borracho se sujeta la cabeza cada mañana después de una fiesta y, de repente, descubre el deleite de la abstinencia y jura que nunca beberá más: hasta la próxima fiesta.

Desgraciadamente para Washington, la ONU puede que no sea de demasiada ayuda porque su sede en Bagdad fue bombardeada en agosto de 2003. Los rusos y los chinos no estarán muy entusiasmados para permitir que el Consejo de Seguridad, que fue espoleada despóticamente por los estadounidenses en 2003, ahora sirva de cobertura para la retirada de Washington. Tampoco los europeos se darán prisa para ayudar.

Esto significa que, para retirarse de Iraq, EEUU necesita llegar a un acuerdo con las potencias vecinas: Irán y Siria. Este es una anatema para George Bush, pero el próximo ocupante de la Casa Blanca no tendrá otra alternativa que buscar un acuerdo. Incluso esta posibilidad no está del todo clara ya que los anteriores intentos han fracasado. Los iraníes, en particular, tienen una posición fuerte porque tienen mucha influencia entre la población chií de Iraq. Washington tendrá que estar dispuesto a iniciar discusiones con Irán sobre todas las cuestiones, sin exigir la suspensión de los planes nucleares. Será una trago después de los faroles y fanfarronadas sobre el programa nuclear de Irán, pero no tienen demasiadas alternativas.

Locura sectaria

El problema central es que el estado iraquí, que fue destruido en el momento de la invasión, no se ha reconstruido. Los norteamericanos primero intentaron basarse en los kurdos y chiíes. Pero esto alejó a los suníes. La exclusión rigurosa de todos los miembros del antiguo Partido Baath de los estamentos públicos fue otra ofensa más para la población suní, que se posicionó tras la insurgencia armada. El país degeneró en enfrentamientos sectarios, étnicos y religiosos que amenazaron con destruir el tejido de la sociedad iraquí. Aumentó la oleada de atentados suicidas, secuestros y otras atrocidades, las poblaciones suní y chií se polarizaros y dividieron en distintas zonas. Como la policía era incapaz de defenderles contra la violencia sectaria, se basaron en sus milicias locales. Según aumentaba el poder de las milicias chiíes y suníes creció, se reducía el poder del gobierno central.

Los propios imperialistas norteamericanos son en gran medida responsables de esta locura sectaria. Se dieron cuenta demasiado tarde que destruyendo el ejército iraquí habían eliminado la única fuerza que podría actuar como contrapeso al poder iraní en la región. Los chiíes, que al principio eran considerados aliados, cada vez más se volvieron hacia Irán. Los estadounidenses entonces decidieron cambiar su política e intentaron contener a las milicias chiíes reclutando apoyo entre los suníes. Se aprobó una ley que revisaba el duro proceso de des-baathificación. Era demasiado para los chiíes pero demasiado poco para los suníes, que aún considera la ley demasiado restrictiva. Las leyes para compartir los ingresos del petróleo y las elecciones provinciales todavía tienen que reformarse. La constitución no se ha revisado sin inflamar aún más las pasiones sectarias.

En una visita para conmemorar el quinto aniversario de la invasión norteamericana, Dick Cheney, el vicepresidente de EEUU, fue a Bagdad para alabar como "fenomenales" lo que él considera logros políticos y de seguridad. Cheney no tuvo suerte en el momento de su discurso. Inmediatamente después, fracasó una conferencia que pretendía conciliar a los partidos políticas rivales, los grupos suníes y los chiíes se fueron. Este pequeño incidente sirve para subrayar la naturaleza extremadamente frágil de la situación y del propio gobierno.

Barbarie imperialista

Iraq, que era uno de los estados más desarrollados y cultos de la región, ha quedado reducido a unas condiciones espantosas que rayan la barbarie. Más de un millón de iraquíes han muerto debido al conflicto en su país desde la invasión de 2003, estas son las últimas estimaciones. En 2006, la prestigiosa revista médica británica The Lancet, calculaba el número de muertos entre 392.979 y 942.636. Esto provocó un torrente de injurias por parte de la clase dominante británica y norteamericana, dispuestas a mantener en la ignorancia a la opinión pública y ocultar las calamidades que ellos han infligido a la población iraquí. Pero las últimas cifras demuestran que incluso The Lancet había subestimado seriamente el número de iraquíes muertos en este conflicto.

Una encuesta reciente de Opinion Research Business (ORB), uno de los principales grupos de encuestas de Gran Bretaña, demostraba que el 20 por ciento de los iraquíes han tenido al menos un muerto en su familia debido al conflicto, más que por causas naturales. Este hecho significa aproximadamente 1.000 muertos diarios, supera al número de muertes del genocidio de Ruanda.

El número de iraquíes muertos no agota la letanía de sufrimientos de la población iraquí. Más de cuatro millones han tenido que huir de sus hogares y buscar cobijo en los campos de refugiados de Siria y Jordania, donde llevan una existencia miserable. Es un inmenso desastre humanitario sobre el que guardan un discreto silencio nuestros "humanitarios" occidentales. La educación y la sanidad, que tenían un nivel muy alto en Iraq, prácticamente están destruidas. Millones de iraquíes no tienen acceso al agua potable, menos aún a una escuela o hospital.

Estos hechos acaban totalmente con los mitos hipócritas sobre la supuesta naturaleza humanitaria de la invasión de Iraq. Bush y Blair derramaron lágrimas de cocodrilo por el triste destino del pueblo iraquí con Sadám Hussein. Sí, Hussein era un monstruo, pero los imperialistas son unos monstruos aún mayores. No están motivados por el humanitarismo, la democracia ni por cualquier otro sano ideal que utilizan como cortinas de humo para encubrir sus verdaderos intereses, lo que les preocupa es el sórdido beneficio y el patente saqueo.

La invasión de Iraq fue un acto criminal perpetrado por gánsteres que pensaban que podrían saquear la riqueza petrolera de Iraq, y repartirse nuevas esferas de intereses y paraísos para las grandes petroleras en Oriente Medio. Pero esta aventura les ha salido mal. Los iraquíes están luchando y en lugar de beneficios están sufriendo grandes pérdidas. Incluso el país más rico sobre el planeta no puede mantener indefinidamente tal hemorragia de dinero y sangre.

El imperialismo norteamericano es la fuerza más contrarrevolucionaria del planeta. Sus crímenes son legión y se pagan con el sufrimiento y la muerte de millones de hombres, mujeres y niños inocentes. Pero estos crímenes provocan la indignación de otros millones, tanto en EEUU como en el resto del mundo. El movimiento contra la criminal ocupación de Iraq está creciendo, con él también la conciencia de que para que la humanidad pueda vivir, el capitalismo y su descendencia monstruosa del imperialismo, deben desaparecer de la faz de la Tierra. Cuando la humanidad finalmente ponga el epitafio sobre la tumba de este monstruo, recordará el veredicto del historiador Tácito sobre el imperialismo romano: "Han creado un desierto y lo llaman paz".

Londres, 20 de marzo de 2008