Los medios de
comunicación de la burguesía bombardean constantemente al público
general con la idea de que en los países capitalistas desarrollados se
"consume demasiado", lo lógico debería ser entonces consumir menos.
Cuando utilizan la palabra "nosotros" ellos quieren decir por supuesto
la clase obrera y la clase media, no los ricos. Ellos intentan inculcar
en los trabajadores un sentimiento de culpabilidad. Lo que pretenden es
un programa de austeridad que implica recortes de los salarios reales y
menos gasto en el estado del bienestar. Esto se adecúa muy bien a las
necesidades de la clase capitalista que pretende reducir los costes de
producción para ser aún más competitivos en el mercado.
El propósito de este artículo es demostrar que la escasez de alimentos
que afecta a muchos países este año no se debe a ningún desastre
natural, o al hecho de que haya demasiados seres humanos que alimentar.
Los datos lo demuestran y nos ocuparemos de este tema a lo largo de
este artículo.
En 1859 Marx explicaba lo siguiente:
"Ninguna formación social desaparece
antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben
dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de
producción antes de que las condiciones materiales para su existencia
hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la
humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede
alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos
objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están
gestando, las condiciones materiales para su realización". (Carlos
Marx. Prólogo a la Contribución de la Economía Política. 1859).
Lo que Marx dice en el párrafo citado anteriormente es que no es
posible ninguna nueva sociedad hasta que no han nacido las fuerzas
materiales de la nueva sociedad. A lo largo de un período de
aproximadamente dos siglos, el capitalismo ha creado unas masivas
fuerzas productivas. Este hecho también se aplica a los alimentos, no
sólo en términos absolutos sino también en términos relativos, es
decir, en proporción al número real de seres humanos que habitan el
planeta.
El problema no es de producción sino de distribución. Hay
cientos de millones, en realidad miles de millones, de personas que
pasan hambre no porque no se produzca suficiente comida, sino porque no pueden permitirse comprar la comida que se produce.
De esta manera, tenemos "sobreproducción" de alimentos, no en el
sentido de que se produzcan más alimentos de los necesarios, sino en el
sentido de que hay demasiados para que puedan ser absorbidos por el
mercado. Siempre debemos tener en cuenta que para los capitalistas sólo
existen los individuos si tienen poder adquisitivo, es decir, dinero en
sus bolsillos para gastar. Si no tienen dinero entonces no entran en
sus estadísticas.
Eso es así si lo miras desde un punto
de vista económico. Pero desde el punto de vista político la situación
es muy diferente. A principios de este año tuvimos disturbios
alimentarios en docenas de países a través del mundo. Estas personas
inexistentes desde el punto de vista del mercado salieron a las calles
en Haití y forzaron la dimisión del primer ministro. De esta manera
tenemos un incremento de la inestabilidad social y político, una
consecuencia directa de los límites del capitalismo.
Por encima de la crisis alimentaria
tenemos la crisis generalizada del capitalismo que ha tenido un gran
impacto en la conciencia de los trabajadores de todo el mundo. Miles de
millones de personas están cuestionando el sistema bajo el que viven.
Este sistema se suponía era el mejor que podíamos esperar, si creemos a
los medios de comunicación de masas, a los gobiernos y presuntos
expertos económicos.
Para los marxistas lo que está
ocurriendo en el mundo no es una sorpresa. En realidad, lo sorprendente
no fue en absoluto el crack financiero. Lo sorprendente fue lo que
tardó en llegar. Durante años habíamos avisado de que esta crisis
estallaría tarde o temprano. Si se leen los artículos publicado en
Marxist.com durante estos años, se podrá ver que explicamos de una
manera consistente y sistemática que la acumulación de esas enormes
cantidades de deuda, es decir, capital ficticio, finalmente llevaría a
una crisis severa.
En 2006 explicamos:
"Hemos entrado en el período más
turbulento de la historia mundial. Una sacudida tras otra está
sacudiendo los cimientos del sistema. La situación mundial se
caracteriza por una extrema inestabilidad, que se refleja en el
callejón sin salida del sistema capitalista a escala mundial. El mundo
se ha hundido en un torbellino de conflictos, guerras y terrorismo. Las
tendencias contrarrevolucionarias en la actual situación mundial son
obvias. Son una expresión de la lucha por la supervivencia de un
sistema socio-económico ha superado su utilidad histórica y se ha
convertido en una barrera para el progreso humano. El viejo sistema
está en una situación de enfermedad terminal pero se niega a morir". (La revolución mundial y las tareas de los marxistas. 2006).
Una indicación de que en 2006 no exagerábamos es el actual callejón sin
salida del capitalismo mundial. Cuando decíamos que "hemos entrado en
el período más turbulento de la historia mundial" algunos dudaron de
que fuese cierto. ¿El período en el que hemos entrado realmente podría
ser más turbulento que la primera mitad del siglo XX que presenció dos
guerras mundiales y la peor crisis económica experimentada por el
capitalismo? Nadie puede dudar ahora de que teníamos razón y que
realmente hemos entrado en ese período.
Las contradicciones acumuladas durante
décadas han salido a la superficie de la sociedad como una venganza. Y
dentro de esta crisis tenemos la crisis particular de la producción de
alimentos o, para ser más precisos, de distribución de alimentos.
Bajo el capitalismo tenemos millones de
parados y se necesitarían producir muchas cosas, tenemos millones de
personas perdiendo sus casas y hay muchas viviendas vacías, millones
mueren de hambre y se produce una abundancia de alimentos.
La cuestión de los alimentos y la
presunta "crisis alimentaria" es utilizada por la burguesía para
defender la idea de que necesitamos medidas de austeridad en los países
capitalistas desarrollados. La pequeña burguesía añade su voz
intentando hacer que todos nos sintamos culpables por nuestra supuesta
"opulencia". Es una manera infantil y superficial de decir lo mismo. Si
los trabajadores en occidente comieran y consumieran menos esto no
resolvería de ninguna manera la crisis alimentaria en los países más
pobres. El poder adquisitivo de miles de millones de pobres a través
del planeta no se dispararía de repente.
Así que la cuestión de la crisis
alimentaria requiere desenredar los mitos propagados por los medios de
comunicación oficiales. Una forma muy común y banal de analizar el tema
es que "hay demasiados seres humanos" o que "las personas en occidente
consumen demasiado". De esta forma la culpa no está en el sistema
capitalista, sino que recae sobre los hombros de la clase obrera de los
países industrializados. Esta idea está bastante de moda entre los
seguidores del movimiento "verde". Una mirada más cerca y profunda de
la situación real revelará que el mundo realmente produce suficientes
alimentos para todos. Como ya hemos dicho antes, el problema no es de
oferta, ¡sino de capacidad para comprar!
El mecanismo de la deuda en el "Tercer Mundo"
Para empezar nuestro análisis del
problema es útil mirar atrás en el tiempo y examinar cómo evolucionó a
lo largo de los años el endeudamiento de los países subdesarrollados y
cómo ha aumentado en provecho de los países imperialistas y sus elites
dominantes.
Ya antes de los años setenta existía el
fenómeno de la creciente deuda del "Tercer Mundo". Pero desde mediados
de los setenta (es decir, desde la primera recesión mundial simultánea
desde la Segunda Guerra Mundial) cada vez más países se vieron
obligados a recurrir al FMI y al Banco Mundial para renegociar sus
deudas e implantar una política conocida como "programas de
estabilización del FMI".
Durante todos los años sesenta y
setenta esta situación afectó a los países más pobres, los programas de
austeridad derivados de esta situación provocaron resultados similares
a los actuales: crecimiento del desempleo, aumento de los precios de
los productos básicos, empeoramiento de la sanidad, servicios sociales
y también dio lugar a numerosos movimientos de masas, muchos de ellos
con un carácter revolucionario.
En el fondo de esta situación estaba la política monetarista que dominó
el pensamiento económico burgués después de la explosión de la
inflación en la década de los setenta. Frente a esta situación, los
capitalistas sintieron la necesidad de "sacar" del sistema el capital
ficticio que habían acumulado. Esta situación es la que se enfrentan de
nuevo hoy en día, pero a una escala mucho mayor.
Algunas cifras ayudarán a demostrar
cómo ha crecido la deuda del "Tercer Mundo". En 1960 era de 18.000
millones de dólares; en 1970 había pasado a 75.000 millones y en 1973 a
112.000 millones de dólares. Una década después, en 1984, se había
disparado hasta los 900.000 millones de dólares. En un período de sólo
24 años la deuda total del mundo subdesarrollado se ha multiplicado por
50, lo que implica el pago de enormes tipos de interés a los países
industrializados desarrollados.
Vemos este asombroso aumento de la
deuda, pero aún sería más impresionante si compara con lo que iba a
llegar después, hasta 1973 la deuda se mantuvo dentro de ciertos
límites, gracias a los ingresos por exportaciones de los países más
pobres y las remesas enviadas por sus trabajadores inmigrantes. Todo
esto fue posible sobre la base del masivo boom de la posguerra
(1948-1973). En ese período el PIB global de los principales países
capitalistas desarrollados creció entre un 500 y un 600 por ciento, un
crecimiento sin precedente de las fuerzas productivas, algunas de las
migajas de este impresionante banquete cayeron al mundo
subdesarrollado.
Sin embargo, en términos relativos, la
imagen era diferente. Cuando los países capitalistas desarrollados
pasaban a través del largo período de boom, con una enorme expansión de
la producción y con una acumulación de capital, la mayoría de los
países menos desarrollados se vieron atados cada vez más a las
necesidades de los países industrializados, con un intercambio desigual
de valor. Conseguían menos por más. Los precios de sus exportaciones
(principalmente materias primas y productos agrícolas) caían con
relación al aumento de los precios de los bienes industriales. Esto
también explica su creciente endeudamiento con los países imperialistas
y su sistema bancario.
Los Programas de Ajuste Estructural
1975 fue un punto de inflexión, con la
primera recesión mundial simultánea desde la Segunda Guerra Mundial.
Esto afectó de manera dramática a los países subdesarrollados y la
situación a la que se enfrentan estos países empeoró (como demuestra la
cifra anterior de 1984). En esta situación los bancos privados
comenzaron a jugar un papel creciente en la concesión de créditos a
estos países, empeorando aún más la deuda. Pero la deuda se debía
devolver y con interés. ¿Estos países dónde encontraron en gran parte
el dinero para financiar la devolución de la deuda?
La respuesta del sistema financiero
occidental para "resolver" la crisis llegó en marzo de 1980 con los
famosos "préstamos de ajuste estructural". En realidad ya existía algo
parecido desde los años cincuenta pero a una escala mucho menor.
(Después se desarrollaron más).
Estos préstamos estaban vinculados a
ciertas condiciones: tipos de interés más altos; reducción de los
controles de precios; reducción de impuestos a las empresas privadas;
reducir la intervención estatal en la economía; recortes de subsidios a
alimentos básicos y por supuesto la privatización. Ese fue el remedio
de las potencias imperialistas para los países subdesarrollados. ¡Es
como un hombre que sufre de malnutrición y el médico le dice que todo
lo que necesita es seguir una dieta estricta!
La preocupación real del FMI no era el
sufrimiento de los pueblos de estos países. La idea de que ellos
presentaban era que si conseguían que estos países exportaran más
entonces podrían equilibrar sus presupuestos y reducir la deuda. Al
mismo tiempo, exigían que estos países abrieran sus mercados internos,
redujeran las barreras arancelarias y subvenciones estatales a los
productores locales, facilitando así la exportación de los países
industrializados a esos países.
Podemos ver el ejemplo con lo ocurrido
en Filipinas en 1981. En ese año al país sólo se le concedía un crédito
si su gobierno aceptaba reducir los controles proteccionistas a la
importación. Eso haría que los productos de los países desarrollados
fueran más baratos y por tanto más competitivos en los mercados
internos de los países más pobres.
En Filipinas, en 1982 los pagos de
intereses como porcentaje del gasto gubernamental pasaron del 19 al 57
por ciento, mientras que al mismo tiempo se producía un colapso del
"gasto en capital", es decir, inversiones, del 19,3 al 4,4 por ciento.
De esta manera vemos que en realidad
los Programas de Ajuste Estructural (PAE) estaban diseñados para crear
un contexto favorable para los países imperialistas, no para fortalecer
en absoluto la economía local. Aunque según la teoría los países
subdesarrollados se suponía que desarrollarían sus exportaciones, los
principales mercados para esas exportaciones en realidad eran EEUU, la
UE y Japón, todos con barreras proteccionistas en sus mercados,
mientras que los mercados de los países subdesarrollados debían estar
abiertos forzosamente a las importaciones de los países
industrializados. En esta situación la única manera en la que podían
competir los países pobres en un "mercado abierto" era reduciendo aún
más los salarios de sus trabajadores ya de por sí muy pobres.
La aplicación de esta política lejos de
fortalecer las economías de los países subdesarrollados llevó a muchas
bancarrotas en las industrias locales. Frente a industrias avanzadas
más competitivas, las industrias de los países más pobres no podían
mantener su situación ni siquiera dentro de su propio mercado. Este
hecho demuestra cómo la política impuesta por los imperialistas no
pretendía fortalecer la economía de los países más pobres... más bien
lo contrario.
Podemos dar otro ejemplo, Haití en
octubre de 1995. El gobierno se negó a firmar un acuerdo de préstamo
con el Banco Mundial porque creía que no podría aplicar la política
vinculada al préstamo. La respuesta fue que USAID bloqueó un préstamos
de 4,5 millones de dólares para presionar al gobierno y que éste
firmase el "plan de ajuste". Más tarde veremos los efectos que tuvo
para la agricultura haitiana.
Esta política se aplicó en Bolivia,
Costa Rica, Costa de Marfil, Indonesia, Malawi, Somalia y en muchos
otros países. Países como México y Filipinas se han transformado
pasando de países que antes eran autosuficientes en alimentos, a países
dependientes de los alimentos.
El efecto de esta política en Zimbawe
es un claro ejemplo de cómo el imperialismo destruye una economía
local. A principios de 1990 se impuso un Programa de Ajuste Estructural
patrocinado por el FMI y el Banco Mundial. La deuda de Zimbawe había
crecido en el período anterior. Parte de esas deudas en realidad se
habían heredado del anterior gobierno racista blanco.
Para reducir la deuda y pagar los
intereses de la deuda contraída, se redujo drásticamente el gasto en
educación y sanidad. Más importante aún fue la eliminación de las
subvenciones estatales a los alimentos y los controles de precios. El
resultado fue que la población comenzó a pasar hambre. En 1997, Zimbawe
gastaba siete veces más en servicio de la deuda (pago de intereses) que
en educación y sanidad.
Todo esto lo llevó a cabo Mugabe.
¡Mientras exprimía la riqueza de las masas empobrecidas de Zimbawe y se
la entregaba a los países occidentales entonces era amigo de Occidente!
El caos que actualmente existe en el país es un resultado directo de
esta política.
Los efectos de esta misma política en Haití fueron similares. La
agricultura se liberalizó y los ingresos rurales y la producción
colapsaron. Los pobres ahora se ven reducidos a alimentarse de lodo
mezclado con un poco de aceite y grasa, ¡lo justo para llenar sus
estómagos!
La verdadera relación entre los países subdesarrollados y desarrollados
El mecanismo de la deuda oculta la
relación real entre los países subdesarrollados y los desarrollados. El
mito es que occidente garantiza la "ayuda" a esos países. La realidad
es que con esta "ayuda" encierran a estos países una trampa mortal. Los
préstamos realmente crean una situación mediante la cual se saca más
capital de los países pobres de lo que realmente entra, para ser más
claros: enriquecen a los capitalistas y banqueros en los países
desarrollados.
Una cifra confirma este hecho: ¡En 1989
las denominadas "naciones en vías de desarrollo" pagaron 52.000
millones MÁS de dólares al mundo "desarrollado" en pagos de intereses
de la deuda de lo que recibieron en ayuda o préstamos!
Este proceso llevó a una abrupta caída
de los subsidios gubernamentales a la agricultura, afecto severamente a
la capacidad de estos países de alimentarse. Filipinas pasó de ser un
exportador neto de alimentos a convertirse en uno de los principales
importadores mundiales de arroz, mientras que una parte importante del
PIB abandona el país en concepto de servicio de la deuda.
Regresemos al caso de Haití: Hace 20
años este país producía 170.000 toneladas de arroz al año, lo que
equivalía al 95 por ciento de sus necesidades de consumo interno, así
que importaba muy poco. Pero en 1995 intervino el FMI con sus
préstamos. El problema es que los préstamos llegaban con unas
condiciones adjuntas. Haití conseguía el préstamo si reducía sus
aranceles (impuestos) sobre el arroz importado, de un 35 a un 3 por
ciento. De esta forma el arroz importado, principalmente de EEUU, era
más competitivo. Esto destruyó la producción local y ahora el 75 por
ciento del arroz consumido en Haití proviene de EEUU. Este es un
ejemplo muy claro de cómo el imperialismo destruye la capacidad
productiva en estos países para estimular su propia producción y
beneficios. Que estas prácticas puedan llevar a una hambruna de masas
es algo que les preocupa muy poco.
En todo este proceso vemos cómo los países pobres son obligados a abrir
sus mercados para cumplir las reglas del "libre comercio". ¿Pero se
aplican estas reglas a los países desarrollados? ¡En absoluto! Desde
finales de los años noventa los subsidios estatales a la agricultura
han cubierto el 40 por ciento del valor de la producción agrícola en la
UE y un 25 por ciento en EEUU. En los 30 países más ricos, el 30 por
ciento de los ingresos agrícolas procede de las subvenciones estatales,
un total de 280.000 millones de dólares anuales.
Vemos por ejemplo cómo el algodón
norteamericano se vende en el mercado mundial a precios que están entre
un 20 y un 55 por ciento por debajo de coste real de producción. ¡Esto
ha provocado la bancarrota de los campesinos de África central y
occidental! Podemos hacer la siguiente pregunta: ¿Dónde está el "libre mercado"? Comprobamos cómo hay una regla para el poder y otra para el rico.
Además de todo esto tenemos el fenómeno de la política denominada "set
aside" en la UE, mediante la cual se paga a los campesinos para que
mantengan la tierra en barbecho, es decir, para que no produzcan.
Tenemos la destrucción de alimentos tanto en la UE como en EEUU para
mantener altos los precios en el mercado. Canadá, por ejemplo, paga a
los ganaderos para que maten cerdos y así reducir la oferta y mantener
altos los precios. Pero la carne, en el mejor de los casos, es
utilizada para producir comida de perros, no para alimentar a los
hambrientos del mundo.
El ejemplo de Malawi
¿Realmente la situación debe ser así? ¡Evidentemente no! Lo
que ocurrió en Malawi en 1999 es un buen ejemplo. Ese año el gobierno
decidió ignorar el consejo del FMI y del Banco Mundial y dio a los
pequeños campesinos un paquete inicial de semillas y fertilizantes. ¡El
resultado fue que ese año Malawi tuvo plusvalía nacional de trigo!
Pero después el Banco Mundial y otros
"donantes de ayuda" intervinieron y obligaron al gobierno a reducir el
programa con el argumento de que "distorsionaba el mercado". Así que yo
no se entregaron paquetes gratuitos a los pequeños campesinos. Y,
sorpresa, esta situación llevó al colapso de la producción agrícola. En
2000-2002 en Malawi hubo una hambruna y unas 1.500 personas murieron a
causa de ella.
En 2005, Malawi se enfrentó a una
crisis alimentaria aún peor. Una vez más, el nuevo gobierno ya había
tenido suficiente "ayuda" del FMI/Banco Mundial y decidió reintroducir
los subsidios para fertilizantes. Dos millones de familias campesinas
pudieron comprar fertilizantes aun tercio (33 por ciento) del precio de
mercado y también obtuvieron descuentos en semillas. Se pueden adivinar
los resultados: durante dos años Malawi tuvo una cosecha enorme, un
millón de toneladas de maíz de excedente e incluso ¡exportó alimentos a
Sudáfrica!
Sólo este ejemplo demuestra que hay un
enorme potencial para producir alimentos en estos países. El problema
no es el cambio climático o el crecimiento de la población (aunque el
clima ha afectado a las cosechas en algunas zonas del mundo). Si que se
trata de la política económica, del capitalismo y de su funcionamiento.
La crisis actual tiene sus raíces en la
recesión mundial de 1973-1974 y la explosión de la inflación en el
mismo período. La respuesta de los capitalistas fue adoptar una
política monetarista y llevar a cabo privatizaciones y recortes del
gasto público. Con las privatizaciones, los capitalistas buscaban
nuevos campos de inversión y beneficios más rápidos.
Esto es lo que vimos en los países
capitalistas desarrollados y que aún vemos hoy. Este proceso tenía su
paralelo en los antiguos países coloniales, pero en ese caso ha
significado la muerte
para millones de personas. Ahora vemos este peligro reapareciendo en
Somalia, Etiopía y en otros lugares. En el Cuerno de África unos 14
millones de personas hoy están en riesgo.
La actual crisis alimentaria refleja la
crisis general del capitalismo durante un período de 30 años. La
situación se está volviendo intolerable y esto explica los disturbios
en aproximadamente 40 países del globo. Esta rebelión es parte de la
marea ascendente de la lucha de clases en todas partes.
Y se produce suficiente comida en el
mundo para alimentar a todos. La FAO en los años noventa publicó un
estudio sobre la producción mundial de alimentos y demostraba que el
mundo producía suficiente para alimentar a todos con 2.700 calorías
diarias, mientras que en 1965 esta cifra era de sólo 2.300 calorías.
Así que la producción de alimentos aumentó no sólo en términos
absolutos sino también con relación al crecimiento de la población.
Otro estudio reciente (del año 2000)
decía que el mundo producía 3.500 calorías diarias por cada habitante
del planeta. Y eso sólo en producción de grano. No incluía cosas como
los vegetales, judías, nueces, tubérculos, fruta, carnes grasas y
pescados. Si incluimos todos tenemos que se producen más de 2 kilos
diarios de alimentos por persona, divididos aproximadamente en 1,2
kilos de granos, judías y nueces, 0,5 kilos de frutas y vegetales y 0,5
kilos de carne, leche y huevos.
Por tanto, ya bajo el capitalismo
actual se producen suficientes alimentos para alimentar a todos. Desde
el año 2000 no se ha producido una caída significativa en la producción
global de alimentos.
En realidad, en 2007 se registró una
cosecha global de trigo récord. En los últimos veinte años la
producción de alimentos ha aumentado una media del 2 por ciento anual,
mientras que la población mundial ha crecido sólo un 1,4 por ciento al
año.
Es verdad que en el período reciente
los stocks han sido más bajos, pero aún hay suficientes alimentos para
todos. El cambio climático ha afectado a algunas zonas, como el caso de
Australia que ha padecido una sequía, pero la producción mundial global
no ha caído.
Producción mundial de trigo; por millones de toneladas
Producción mundial de arroz; por millones de toneladas
Lo cierto es que los países capitalistas desarrollados han concentrado
en sus manos la producción de alimentos, estrangulando a los países más
pobres. Hace cuarenta años las "naciones en desarrollo" tenían una
plusvalía exportadora neta de unos 7.000 millones de dólares. En 1980
había caído hasta los 1.000 millones. Hoy lo que ellos denominan
"déficit alimentario del sur" se ha convertido en 11.000 millones de
dólares anuales. Ahora los países pobres tienen que comprar alimentos a
los ricos.
Biocombustibles
Repetimos: no se ha producido una caída
de la producción mundial de alimentos. Sin embargo, ha habido algunos
cambios políticos y una redirección de la producción agrícola que ha
afectado a la oferta. Por ejemplo, en EEUU el 30 por ciento de la
producción de grano se ha cambiado a la producción de biocombustibles.
Prefieren poner alimentos en los tanques de gasolina que alimentar a
las personas.
Han intentado encubrir esta situación
como parte del esfuerzo mundial de reducir el efecto invernadero
causado por el exceso de emisiones de carbono a la atmósfera. Pero
algunos cálculos demuestran que el etanol basado en el cereal, en lugar
de reducir un 20 por ciento las emisiones de carbono, como pretendían
originalmente, lo que han hecho es casi doblar las emisiones durante un
período de treinta años.
Detrás de la presunta preocupación por
el medioambiente está una política consciente del imperialismo
norteamericano, que busca asegurarse suministros "seguros" de energía
en la medida que zonas como Oriente Medio están en una situación de
caos político. Su aventura en Iraq ha fracasado y no ha conseguido los
resultados esperados.
Durante los últimos ocho años el
porcentaje de tierra en EEUU que ha pasado a producir cereales para
biocombustibles ha aumentado gradualmente. En el año 2000, sólo el 6
por ciento de la producción total de cereal en EEUU iba para la
producción de etanol. En 2005 esta cifra había aumentado al 14 por
ciento y en 2006 alcanzó el 20 por ciento. Esta es precisamente la
cantidad de la producción de cereal norteamericano que estos últimos
años se dedicaba a la exportación.
No es una causalidad, por tanto, que en
el año 2007 las exportaciones de cereales norteamericanas cayeran a una
tasa del 19 por ciento, considerando que EEUU tradicionalmente contaba
con aproximadamente el 40 por ciento de todo el comercio de cereal en
el mercado mundial, casi una caída de una quinta parte de las
exportaciones de cereales norteamericanas para consumo humano es normal
que tengan un impacto importante en la oferta internacional de
cereales. Las matemáticas son fáciles: una quinta parte de 40 es un 8
por ciento. Así que tenemos una caída brusca del 8 por ciento del
cereal disponible en el mercado mundial, y no se debe a una calamidad
humana, sino a la situación política mundial.
La especulación
Otro aspecto importante a considerar es la especulación.
Los especuladores han estado cambiando sus operaciones hacia el mercado
de alimentos. En los últimos años, los especuladores han provocado
burbujas en la bolsa, en las empresas puntocom, en el mercado
inmobiliario, etc., Cada una de ellas ha estallado en determinado
momento. La burbuja inmobiliaria comenzó a pincharse hace
aproximadamente dos años. Y sólo hace dos años, a mediados de 2006,
comenzó la especulación intensa en contratos de futuros en la
producción agrícola. ¡Desde junio de 2006 el número de contratos de
futuros en trigo, soja, cereales y arroz se ha triplicado!
Producción mundial de alimentos: trigo, soya, maíz, arroz
En 2006 la bolsa de Nueva York se unió a la de Ámsterdam, Bruselas,
Lisboa y París para crear una bolsa unificada electrónica de futuros,
¡de esta manera hacían más fácil la especulación! Fue un importante
factor que contribuyó a crear una burbuja de precios en los productos
agrícolas. Como resultado, los precios globales han aumentado un 83 por
ciento durante los últimos tres años.
Lo que hemos visto es un cambio del
capital de una burbuja a otra en busca de beneficios más rápidos y
fáciles. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha dejado a millones
sin casa en todo el mundo. ¡Ahora la burbuja alimentaria está matando
de hambre a millones de personas!
El sistema capitalista mundial sólo
significa desempleo, falta de vivienda, de sanidad, etc., Significa la
muerte para millones de personas, que mueren porque no pueden
permitirse pagar los precios de los productos agrícolas que han subido
debido a la especulación.
Producir para la necesidad no para el beneficio
¡Con esto basta para condenar el
sistema capitalista! Ha llegado el momento de gestionar la situación de
una manera diferente: la producción para la necesidad y no para el
beneficio. Regresaremos a Marx: "las condiciones materiales para su
solución ya están presentes o al menos en proceso de formación". La
economía mundial puede producir suficiente comida para todos. Ya
produce más de lo que realmente necesitamos, como demuestra el caso de
Malawi tiene el potencial para alimentar a muchos más. Lo que hemos
visto en el período reciente es a los gobiernos occidentales arrojando
cientos de miles de millones de dólares, en realidad billones, al
sistema bancario. Este dinero desaparecerá en un pozo sin fondo. Pero
lo que revela es que los recursos existen. Esta enorme cantidad de
capital se podría utilizar para erradicar la deuda del "tercer mundo" y
proporcionar ayudas a los campesinos. Sobre esta base, todos los países
africanos podrían producir plusvalía de alimentos.
Algunas cifras ayudarán a ilustrar las
enormes contradicciones que hoy existen. De los 4.400 millones de
personas que viven en los países subdesarrollados, el 60 por ciento no
tienen acceso a la sanidad básica, un 30 por ciento no disponen de agua
potable, un 25 por ciento carecen de vivienda decente, un 20 por ciento
no tienen acceso a los servicios sanitarios modernos, un 20 por ciento
de los niños no pasan de la educación primaria y un 20 por ciento están
desnutridos. Más de 1.200 millones de personas viven con menos de un
dólar al día, más del 50 por ciento son niños.
La otra cara de esta situación es que
las tres personas más ricas del mundo han acumulado unos activos
mayores que el producto nacional bruto combinado de los países menos
desarrollados con sus 600 millones de habitantes. Los activos de las
200 personas más ricas del mundo son mayores que los ingresos
combinados del 41 por ciento de la población mundial.
Nada de esto lo provocan factores
naturales. Son la consecuencia directa del modo de producción
capitalista. Aliviar la deuda de los 20 países más endeudados se
podrían conseguir a un coste de entre 5.500 millones y 7.700 millones
de dólares. Eso es menos de lo que cuesta un bombardero silencioso. La
educación básica para todos costaría sólo 6.000 millones de dólares
anuales. Proporcionar agua y sanidad para todos sólo 9.000 millones de
dólares. El cuidado sanitario básico y las provisiones de alimentos
costarían 13.000 millones de dólares (Fuente: Programa para el
Desarrollo de las Naciones Unidas. Informe sobre el Desarrollo Humano
años 2000, 1999 y 1998).
En EEUU, el país más rico del mundo,
los pobres mueren por carecer de cuidados sanitarios básicos y dar
sanidad gratuita a todos costaría 42.000 millones de dólares, pero no
hay ni un centavo disponible para este tipo de gastos.
¿No está suficientemente claro que la
fuente de los problemas está en el móvil del beneficio que mueve el
sistema capitalista? Toda la propaganda de los medios de comunicación
sobre la "escasez de alimentos" es falsa. Las cifras que hemos
proporcionado demuestran claramente que hay comida disponible y que el
planeta puede producir más.
Los medios de comunicación de la
burguesía bombardean constantemente al público general con la idea de
que en los países capitalistas desarrollados se "consume demasiado", lo
lógico debería ser entonces consumir menos. Cuando utilizan la palabra
"nosotros" ellos quieren decir por supuesto la clase obrera y la clase
media, no los ricos. Ellos intentan inculcar en los trabajadores un
sentimiento de culpabilidad. Lo que pretenden es un programa de
austeridad que implica recortes de los salarios reales y menos gasto en
el estado del bienestar. Esto se adecúa muy bien a las necesidades de
la clase capitalista que pretende reducir los costes de producción para
ser aún más competitivos en el mercado.
Como ya hemos visto, en esta campaña de
propaganda deshonesta en muchos países capitalistas desarrollados
cuentan con la ayuda de grupos como el Partido Verde, que venden la
idea de que consumir menos tendría un efecto positivo sobre las
condiciones de vida en el mundo. Lo que ignoran estas personas es que
los trabajadores ya consumen menos como resultado de la profundización
de la recesión en la que acabamos de entrar. Las cifras demuestran que
el consumo de ciertos alimentos ha caído. En países como Gran Bretaña
los supermercados de "descuento" como Lidl y Aldi han visto aumentar
sus ventas un 25-30 por ciento en este último período. ¿Esta reducción
del consumo ha tenido un efecto beneficioso para miles de millones de
pobres en el poder o ha provocado un cambio significativo en los
ingresos de los países subdesarrollados? No, por supuesto. El ataque a
la clase obrera es en todos los países, desde el menos al más
desarrollado.
Lo que hace falta no son ajustes
menores aquí o allí dentro del sistema capitalista. Hay que eliminar el
propio sistema. ¡Debe ser sustituido por un sistema socialista mundial!
La crisis actual del capitalismo mundial, y la "crisis alimentaria" es
parte de esa crisis global, está llevando a millones de personas a
cuestionar el propio sistema bajo el que vivimos. Los datos y cifras
son claros. Debemos utilizarlas dentro del movimiento para
contrarrestar la propaganda de los principales medios de comunicación y
explicar lo que realmente está sucediendo.
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