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| La Revolución en Portugal |
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| Jueves 15 de Mayo de 1975 |
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Tras casi medio siglo de dictadura fascista, la revolución en Portugal abrió una nueva etapa de la revolución europea y mundial. Comenzando como un golpe o pronunciamiento militar ha demostrado las reservas inagotables de fuerza y resistencia que exi
Tras casi medio siglo de dictadura fascista, la revolución en Portugal abrió una nueva etapa de la revolución europea y mundial. Comenzando como un golpe o pronunciamiento militar ha demostrado las reservas inagotables de fuerza y resistencia que existían dentro de las filas de la clase obrera debido a su papel en la sociedad.
A pesar del control de la radio, la televisión, la prensa, la Iglesia y las escuelas, el sistema totalitario se desmoronó. La corrupción y la opresión afectaron al régimen, debilitándolo y socavándolo. Debido a la situación del proletariado en la sociedad, su trabajo colectivo en las fábricas e industrias, su lucha colectiva contra los empresarios; es casi inherente a él la idea de organización, de lucha y una organización diferente de la sociedad. Después de más de dos generaciones de dominio de los burócratas estalinistas, podemos estar seguros de que en Rusia los primeros grandes acontecimientos despertarán a los trabajadores rusos y que éstos recuperarán sus extraordinarias tradiciones. Se quitarán de encima a la casta parasitaria de burócratas, con la misma facilidad que las masas portuguesas entraron en acción con la caída de Caetano. Ya las masas húngaras han demostrado con su revolución política el vacío y la falta de realidad del poder de los burócratas, una más las masas han pasado a la acción. Cuando las masas entraron en movimiento, la burocracia rusa y la de los otros estados estalinistas, demostró su patética incapacidad e insuficiencia. Su poder, como el de la clase capitalista, depende de la inercia de los trabajadores y campesinos. El miedo que el imperialismo norteamericano y la burocracia rusa tienen al movimiento de masas, que amenaza con minar completamente el status quo, no es la última consideración en los intentos de distensión entre ambas potencias. Como le ocurrió a EEUU en Vietnam, la interminable guerra colonial en África socavó el ejército portugués. Quince años de guerra contra los implacables movimientos guerrilleros campesinos en Mozambique, Angola y Guinea, hicieron perder al régimen los últimos sectores que le apoyaban. La débil economía portuguesa no podía aguantar el drenaje de recursos. La pequeña burguesía y el proletariado sufrían la peor parte. Sólo las “siete familias”, los bancos y el capital monopolista se beneficiaron del caos sangriento. Debido a la interminable guerra, nadie estaba entusiasmado con la posibilidad de obtener cargos militares en las fuerzas armadas y, como consecuencia, un gran número de suboficiales eran estudiantes uniformados. La misma oleada de radicalización que se ha reflejado entre los estudiantes de todos los países en el último período también ha alcanzado a España y Portugal. Por esa razón en Portugal llevaban su radicalismo dentro del uniforme. El 25 de abril de l974, en el momento del golpe, la única sección del aparato del estado en la que podía confiar el régimen era la policía secreta, atada al régimen por el terror debido a sus crímenes sangrientos contra la población. Las condiciones señaladas por Lenin y Trotsky para el desarrollo de la revolución existían meses antes de la caída del régimen. Las huelgas de masas a pesar de ser ilegales del proletariado, especialmente en Lisboa. El malestar de los campesinos y la pequeña burguesía. Agitaciones estudiantiles y el intento de la clase gobernante de salvarse con “reformas” sin sentido que agravaban aún más la situación. Todas las condiciones para una explosión estaban madurando. Pero la peculiaridad de la revolución portuguesa, lo que indica la madurez e incluso exceso de madurez del capitalismo para la revolución revelándose primero en sus eslabones más débiles fue que en sus primeras etapas estuvo dirigida por oficiales de bajo o medio escalafón, y lo más significativo, de todos los sectores de las fuerzas armadas: tierra, mar y aire. Es cierto que en la Península Ibérica existe una tradición de golpes de estado llevados a cabo en diversos momentos y por los diferentes sectores de las fuerzas armadas, republicanos y monárquicos reaccionarios. Pero una de las diferencias es que debido a la presión de las contradicciones engendradas durante dos generaciones de fascismo y la invencible guerra colonial, la mayor parte de los oficiales se habían posicionado contra el régimen. El descontento explosivo y el deseo de encontrar una salida evidenciando la división en el seno de la débil clase dominante se manifestaron en el libro de Spínola en el que defendía una forma peculiar de Federación Lusitana con las colonias, en realidad una forma distinta de mover la baraja pero con el control firme en manos portuguesas. La negativa a hacer la más mínima concesión ni siquiera destituir de sus puestos a Spínola y Costa Gómez y la ciega obstinación del régimen ayudaron a precipitar la conspiración: se formó el MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas). En Italia, en 1943, la destitución de Mussolini y la llegada al poder de Badoglio precipitaron el movimiento de masas y la creación de soviets en sólo veinticuatro horas. Lo mismo ocurrió en Portugal. El derrocamiento de Caetano precipitó el movimiento inmediato de las masas y la intervención en la escena de la historia del joven proletariado portugués. Si no se formaron los soviets fue por la política de la dirección de los partidos comunista y socialista. El MFA defendía vagamente una cierta forma de “democracia” democracia burguesa y en realidad no tenía un programa claro, y en esa etapa aún menos tenía un programa social. Pero la salida a la calle de las masas cambió la situación. Esto se ha podido ver siempre en el curso de una revolución, y también lo veremos en el futuro. El movimiento de las masas produjo la confraternización con la base de las fuerzas armadas —soldados, marinos y aviadores, trabajadores y campesinos uniformados. Los soldados apoyaban las ideas del socialismo y comenzaban a presentarse abiertamente como militantes del PCP y del PSP, incluso una minoría se adhirió a grupos ultraizquierdistas. Los generales, almirantes y comandantes de la Fuerza Aérea, las capas superiores de la oficialidad habían perdido el control de la situación. Si hubiera existido un partido revolucionario de masas, habría sido completamente posible organizar soviets y el proletariado podría haber tomado el poder rápidamente y sin dificultad. No existían fueras que pudieran oponérsele. Qué esta era la situación se pudo ver el 1º de Mayo, días después del colapso del régimen de Caetano, cuando más de millón y medio de personas participaron en la manifestación. (¡Esa era la consecuencia de cincuenta años de sistemática “erradicación” del marxismo!). Prácticamente toda la población adulta de Lisboa y de otras zonas limítrofes debía estar presente. Los soldados, marineros y aviadores se manifestaron junto con los obreros. Era imposible en aquel momento emprender ninguna acción contra el movimiento de los trabajadores. Los dirigentes del PSP y PCP se limitaron simplemente a adular a sus libertadores: la casta de oficiales. Al igual que sus hermanos, la casta burocrática de los países estalinistas, la dirección del PCP no ha aprendido nada de los acontecimientos de la última época y ha olvidado todo. Los dirigentes de esta generación de estalinistas y reformistas, no han aprendido nada de las enseñanzas de Marx y Lenin. En realidad son el freno más conservador para el desarrollo de la revolución. Desprecian a las masas, las consideran “ignorantes” y “dóciles”, no son capaces de llevar a cabo la revolución y de ahí su búsqueda de aliados burgueses. Sin perspectivas y sin una teoría elaborada de la revolución o de los procesos revolucionarios, su solución a todos los problemas es intentar algún tipo de acuerdo con los verdaderos amos de la sociedad, la burguesía liberal. No quieren ni tienen confianza en la revolución socialista, en el sentido de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, con el control de las masas, con una genuina democracia obrera o la dictadura del proletariado. Están orgánicamente unidos a la burguesía liberal y en el caso del PCP también a la burocracia estalinista rusa. El MFA y los dirigentes obreros sin perspectivas La peculiaridad fundamental de la revolución portuguesa fue que la insurrección inmediata empezó como un movimiento de las fuerzas armadas. Después las masas se echaron a la calle para ajustar cuentas con la policía secreta. En Rusia fue un movimiento de masas el que afectó al ejército. Cuando la policía tuvo que huir se llamó al ejército para restablecer el orden. La gran mayoría de los oficiales permanecieron leales al zarismo. La rebelión afectó a las filas más bajas del ejército, incluidos muchos suboficiales que se pasaron a la revolución victoriosa. Pero el movimiento de masas y la relajación de la disciplina en las fuerzas armadas significaba que la situación en Portugal, como luego demostraron los acontecimientos, era incluso más favorable que en febrero de 1917 en Rusia. Lenin explicó que la entrega del poder después de febrero a la burguesía liberal fue una cuestión de la conciencia en las masas. Además estaba el problema de la guerra con Alemania, que los mencheviques y social revolucionarios podían utilizar como una amenaza a la revolución. Pero Portugal estaba envuelto en una agresiva guerra colonial para mantener la esclavitud del pueblo africano, además era una guerra que tenía lugar lejos, en un continente diferente. ¡El principal impacto de la guerra era el mayoritario deseo de salir! Por otra parte, la situación internacional era mucho más favorable. El corrompido régimen de Franco no podía intervenir por miedo a provocar un movimiento entre las masas españolas. Durante la II Guerra Mundial, la División Azul (española) luchó en el Frente del Este. En Portugal Franco no se atrevió a intervenir ni siquiera con una división. El imperialismo mundial se había pillado los dedos al intentar aplastar los movimientos de los pueblos coloniales. Pero si el régimen bonapartista español no podía intervenir, la situación era aún más desfavorable para las potencias imperialistas europeas y no europeas. En el sentido de la correlación mundial de fuerzas, el agotamiento del capitalismo y la debilidad del poder burgués en comparación con la fuerza potencial de la clase obrera mundial, la revolución portuguesa estaba y está en una posición mucho más favorable que- la Revolución Rusa y las revoluciones del período entreguerras o de la inmediata posguerra. Las filas de las fuerzas armadas apoyaban la revolución. Habrían respondido inmediatamente a la creación de soviets o “juntas” obreras con la creación de soviets de soldados. Habrían respondido a la agitación de los principales partidos obreros, especialmente del PCP, para que entraran en acción. La verdadera peculiaridad de la Revolución Portuguesa en comparación con cualquier otra revolución del pasado es la implicación de la masa de oficiales bajos y medios incluso algunos generales y almirantes en la revolución. Si el poder del Estado como han explicado Marx y Lenin se reduce al control de cuerpos de hombres armados, entonces la decadencia del régimen portugués se mostraba con toda su desnudez. La burguesía se lo jugó todo a la carta de la represión feroz y totalitaria de las masas. Más de dos generaciones sufrieron sus consecuencias, la burguesía perdió todo el apoyo de la clase media y, por contagio, incluso el de una gran parte de la casta de oficiales. La guerra sin sentido en África jugó un papel importante, pero no es la única explicación. La masacre aún más lunática perpetrada durante la guerra de 1914-18 no hizo que la casta de oficiales (rusos) abandonara mayoritariamente al zarismo. No dudaron en pasarse al lado de la contrarrevolución y apoyar las guerras de intervención contra su propio país. En 1918 la revolución alemana se encontró con la oposición del grueso de la oficialidad. La contrarrevolución de Hitler contó con el apoyo de la abrumadora mayoría de los oficiales. En la revolución española de 1931-37, el 99 por ciento de los oficiales se pasaron al bando de Franco. Y aún más cerca, en 1926 la inmensa mayoría de la casta militar apoyó a Salazar. En el péndulo político ha habido un giro enorme a la izquierda. Durante tres décadas, la pequeña burguesía ha ido girando más a la izquierda como demuestra el movimiento estudiantil. En Portugal el callejón sin salida del capitalismo y el odio hacia las camarillas del capital monopolista que acuñaron su dinero con la sangre y el sufrimiento de la población y los soldados, se ha reflejado en el aislamiento de los círculos más ricos. Ellos apoyaron y se beneficiaron hasta el último momento del régimen totalitario. El odio hacia estos parásitos se extendió a sectores de la oficialidad. Esto es una indicación de que el capitalismo ha agotado su misión histórica y se ha convertido en un obstáculo cada vez más importante para la producción. En Portugal, como demuestra el desafortunado episodio de Spínola, incluso el Estado Mayor estaba dividido. El régimen estaba tan podrido que realmente la revolución fue incruenta. La mayoría de las víctimas después de la caída de Caetano se produjeron por asesinatos desesperados y vengativos de la PIDE, la policía secreta portuguesa, que no veía más futuro que una celda o una bala. Las masas intervinieron inmediatamente para quitarlos del medio, eliminando cualquier posibilidad de reagrupamiento y reconstrucción por su parte. El régimen de Caetano murió sin defensa popular, ni siquiera entre las clases medias. Sin embargo, la ceguera, la falta de perspectiva, de programa y de una política clara por parte del MPA, se hizo evidente con la entrega inmediata del poder a Spínola ¡ante la insistencia de su amigo Caetano! Sin la intervención y la presión del movimiento de masas de la clase obrera, que había afectado a las filas de las fuerzas armadas, la revolución se habría extinguido. La principal fuerza de la revolución en Portugal fue el movimiento de masas. Esto ha tenido su efecto en la tropa e incluso en las capas medias y superiores del ejército. La reacción se reunió alrededor de la figura del nuevo presidente Spínola. Él no había participado en la conspiración por que era un hombre conectado, por su matrimonio, con los monopolios y él mismo contaba con una gran riqueza, por eso esperó prudentemente los resultados. ¡Las manifestaciones y el movimiento en las calles demostraban con la liberación del ”populacho” que las cosas habían ido demasiado lejos! Spínola decidió frenar a las masas y se preparó para capear el temporal de la revolución. No tenía intención de abandonar el dominio de las colonias africanas, lo que intentaba era mantener el control imperialista portugués pero de una forma disfrazada. Más tarde, cuando la lucha se hizo visible, el general de brigada Gonçalvez reveló que Spínola había amenazado con pedir a Sudáfrica y a EEUU ¡qué intervinieran con sus ejércitos en las colonias africanas! Sin embargo, debido al tomentoso movimiento de masas en una serie de huelgas y manifestaciones espontáneas contra los bajos salarios y las terribles condiciones laborales en Lisboa, y con el vacío de poder debido a la inexistencia de partidos burgueses organizados, Spínola no tenía otra alternativa que formar un gobierno de coalición o frente popular con los liberales en posiciones dominantes, y con el PCP y el PSP representados en el gabinete. El Movimiento de las Fuerzas Armadas no tenía un programa propio claro excepto un vago antifascismo. El hecho de que eligieran a Spínola como presidente es una prueba de su ingenuidad. Spínola calculaba que la revolución se calmaría con el cansancio y la desilusión de las masas. Creía que podría manipular fácilmente al Movimiento de las Fuerzas Armadas un movimiento de oficiales que en ese momento pensaba en términos de democracia burguesa. El programa del Movimiento de las Fuerzas Armadas era impreciso. La declaración del 25 de abril constaba de “libertades civiles, programa de salvación nacional, elecciones generales y libres para elegir una asamblea constituyente... una forma propia de vida política y social... un gobierno militar como una fase de transición”. Todavía el 6 de mayo Costa Gómez, ahora a la “izquierda”, declaraba en Angola que Portugal no tenía intención de retirarse”. Cuando se le preguntó si la Junta garantizaría la independencia si era el deseo democráticamente expresado por el pueblo, respondió: “el futuro gobierno será quien lo decida. La Junta tiene sólo una función limitada, restaurar la democracia en Portugal”. Entre bastidores, las embajadas imperialistas, especialmente la norteamericana, presionaban a Spínola para que pusiera fin a la revolución. Los aliados de la OTAN miraban con recelo al “cuco en su nido”, es decir, a los ministros comunistas del gabinete. Spínola en secreto confabulaba con las potencias imperialistas. La embajada estadounidense garantizaba a las multinacionales en Portugal que se restauraría la “calma” y que el PCP, y posiblemente el PSP, estarían fuera del gobierno para finales de 1974. Spínola intentaba asumir un papel bonapartista con el apoyo del MFA, los dirigentes del PCP y del PSP, sin política ni perspectivas, especialmente este último, iban detrás de Spínola. Alvaro Cunhal jugó un papel especialmente cobarde, el PCP presentaba a Spínola, a pesar de su pasado, como un gran demócrata y un antifascista. Sin una organización flexible o general de los trabajadores y los soldados, como las juntas o los soviets, que las direcciones del PCP y PSP no tenían intención de fomentar, se produjo un movimiento elemental y masivo hacia los recién creados sindicatos, la clase obrera sentía la necesidad instintiva de organizarse en algún tipo de organización de masas. Ahora, más del 50 por ciento de los trabajadores, un porcentaje más alto que en la mayoría de los países industrializados, está organizado en sindicatos poderosos. Era este poder lo que preocupaba a Spínola y a los representantes del Capital. Después de la revolución de febrero y antes de la Revolución de Octubre, la organización de las masas en sindicatos alcanzó un nivel nunca visto en Rusia. Los trabajadores sentían la necesidad de organizarse como una forma de conseguir mejores condiciones laborales y salariales, y también para defender la revolución. La escasez de comida y el hambre existente entre los trabajadores, les obligó a luchar por reivindicaciones elementales. Los dirigentes del PCP y PSP intentaron contener a los trabajadores portugueses. Los estalinistas decían que las huelgas provocarían a la “reacción”. Las concesiones arrancadas a los monopolios en forma de subidas salariales, eran según ellos, un “complot” para destruir la revolución. Decían que el “70 por ciento” de la “industria” portuguesa empleaba entre 1 y 5 trabajadores y que por lo tanto estos aumentos salariales ¡provocarían su bancarrota! En realidad la mayor parte de la industria estaba en manos de los bancos y las “siete familias”. La política de los dirigentes reformistas y del PCP sólo podría haber llevado a la victoria del complot contrarrevolucionario de Spínola. Spínola y la intentona de reacción En todo momento las maniobras de Spínola iban dirigidas a preparar un giro bonapartista de la revolución y para concentrar todo el poder en sus manos. Este sólo era un paso para aplastar la revolución que desde el primer día había sido su principal preocupación. La elección de Carlos Da Palma como primer ministro fue el primer paso para conseguir este objetivo, un propósito ante el que estaban totalmente cegados el dirigente del PCP, Cunhal, y el del PSP, Soares. Su política de coalición los hacía más incapaces para entender los acontecimientos que incluso a los oficiales “no políticos” del ejército que estaban acostumbrados a obedecer ordenes. Si hubiera dependido de esos “dirigentes” hoy en Portugal habría una dictadura bonapartista spinolista, con un carácter totalitario. Carlos Da Palma pidió al Consejo de Estado en Julio de 1974 poderes más amplios anunciando su dimisión si no le concedían esos poderes. Cuando se los negaron, él y otros tres ministros liberales dimitieron. Carlos Da Palma había pedido celebrar en tres meses la elección del presidente para poder consolidar el poder de Spínola, además de la redacción de una constitución provisional y retrasar las elecciones a la Asamblea Constituyente hasta 1976.Se trataba pues de una conspiración con la colaboración de la camarilla de Spínola. Este último mantenía la presidencia y mientras esperaba una ocasión más propicia. Pero tuvo que sacrificar al profesor Carlos Da Palma y en su lugar se encontró con un gobierno más a la izquierda. Pero lo más importante es que no había podido conseguir el control del MFA que, aunque con paso vacilante, controlaba las fuerzas armadas. Para agudizar la tensión Da Palma explicó, con su estilo de catedrático liberal, que la situación existente en Portugal (una oleada de huelgas, el movimiento huelguístico de los trabajadores, la expulsión por parte de los trabajadores de los directores que pertenecían al partido fascista, la existencia de elementos de control obrero, la intervención de los comités de empresa en la contratación y despido de trabajadores, las manifestaciones de trabajadores....) “equivale a un clima de indisciplina social que es completamente contrario a mi temperamento y a mis ideas sobre la democracia”, y por esa razón él había pedido mayor poder. El profesor liberal, acostumbrado a la calma de su edificio de la universidad pública custodiado por las botas y las armas de la policía fascista, ¡debía tener en ese momento horribles pesadillas! Que los obreros levanten la cabeza, pidan derechos y planteen sus necesidades, a estos caballeros les parece una locura. En esto Da Palma plagia a otro profesor liberal ruso, Miliukov, quien siendo ministro usaba casi exactamente las mismas palabras para describir la situación de la revolución rusa. A estos señores lo que les aterroriza es la ruptura por parte de los obreros del insano asilo del capitalismo y por eso necesitan a los carceleros fascistas. Pero los dirigentes de los partidos obreros estaban ciegos antes este proceso. El periódico del PCP, Avante, condenaba las propuestas de Da Palma y apelaba a Spínola, que era el auténtico manipulador. Después de la salida de Da Palma, Spínola continuó su complot e intentó preparar el ambiente para un nuevo intento. En un discurso pronunciado el 18 de julio Spínola declaró que el “clima de anarquía no puede continuar... cualquier intento de subvertir la disciplina será considerado una traición contra la libertad y la democracia”. La primera crisis del nuevo gobierno portugués cogió por sorpresa a los dirigentes del PCP y el PSP (lo mismo ocurrió en las siguientes crisis). Carlos Da Palma, el primer ministro liberal burgués, dimitió de acuerdo con Spínola. La intención era empujar el gobierno hacia la derecha, librarse de los ministros del PCP y más tarde echar del gobierno a los del PSP. Las elecciones a la Asamblea Constituyente se habían pospuesto durante un año para dar tiempo a los partidos burgueses a organizarse. Pero cada vez más Spínola trataba de jugar algún tipo de papel bonapartista con el semi-bonapartista Movimiento de las Fuerzas Armadas. Las masas reaccionaron con todas sus fuerzas. El Consejo del MFA rechazó las sugerencias de Spínola. En su lugar, el general de brigada Vasco Gonçalves se convirtió en primer ministro y la mayoría de los puestos del gabinete pasaron a manos de oficiales de las fuerzas armadas. Así pues, el intento de empujar a la revolución hacia la derecha fue abortado y adquirió un ímpetu mayor hacia la izquierda, ¡mientras fracasaba la intentona de echar del gobierno a los ministros del PCP! Además de no cumplir las garantías que Spínola había dado al embajador norteamericano sobre la expulsión de los comunistas antes de final de año, la posición de Spínola dentro del MFA se debilitó. Los oficiales comenzaron a recelar de su actitud. Que la reacción no pudiese conseguir rápidamente una base de apoyo en Portugal no fue debido a la perspicacia, clarividencia y comprensión de los dirigentes de los partidos obreros. Si hubiera dependido de la política que ellos defendían ante las masas seguro que Spínola habría conseguido una base de apoyo. Ellos habían participado en la trampa ficticia y burguesa de presentar a Spínola como un héroe de la revolución. Si hubiera dependido de ellos, la revolución portuguesa habría seguido los primeros pasos de la revolución española en 1931-37. En dos años la derecha republicana de Lerroux y Gil Robles consiguió ganar una base social y la victoria en las urnas. Pero el tiempo y la decadencia del capitalismo a escala mundial han tenido su efecto. A la mayoría de los oficiales les había afectado la sangrienta y agonizante guerra en África. Pero más importantes eran los efectos de los quince años de guerra sobre las masas sin derechos y bajo un régimen bárbaro de terror y tortura. Las masas habían vivido en unas condiciones de pobreza y trabajo durísimo, sin perspectivas y con una esclavitud diaria ineludible. Las masas buscaban alguna luz y alivio a su situación. El capitalismo mundial ahora está minado. El febril giro a la izquierda de la clase media en Portugal, y ahora en Grecia, es un síntoma de la agonía del capitalismo europeo y mundial que afecta primero a la margen mediterránea. Durante los próximos diez o veinte años probablemente veremos acontecimientos similares, con un ritmo más o menos ligero, en la mayoría o en todas las potencias europeas, y también en EEUU y Japón. España será el próximo país. En el momento actual sólo en Portugal suena la obertura de la revolución. La gloriosa sinfonía se tocará en España. Debido a la ausencia de una dirección revolucionaria en Portugal, en contraste con la revolución rusa, la revolución ha tenido la peculiaridad de que cada paso delante de la revolución ha estado provocado por los movimientos de la contrarrevolución. En este sentido la clase obrera ha dado prueba de una voluntad aún más determinada a resistir las intentonas de la reacción que en el curso de la propia revolución rusa. La clase obrera es más numerosa y poderosa que los trabajadores rusos en el momento de la revolución. El 10 por ciento de la población rusa eran trabajadores industriales mientras que en Portugal es el 33 por ciento. En España durante la revolución de la preguerra, el proletariado suponía el 25 por ciento de la población. Con la casta de oficiales radicalizada, las masas conscientes de las guerras perdidas en África donde se habían malgastando la sangre y los recursos portugueses, la implacable voluntad de las masas de no regresar jamás al infierno del fascismo totalitario y el contexto internacional, todas éstas eran condiciones muy favorables para el desarrollo de la revolución. Si el proceso fue más lento en algunos aspectos que en la revolución rusa fue debido a la “dirección”, que ha ido detrás de los acontecimientos y se ha dejado arrastrar por ellos, en lugar de dar una dirección consciente al proceso. Ellos, “los dirigentes”, han seguido o se han visto arrastrados por el movimiento de la base. Spínola, después de consultar a los dirigentes del ejército en África, tuvo que decretar la “descolonización” o conceder la independencia a las colonias africanas, simplemente porque las fuerzas armadas, incluyendo a los suboficiales, no querían seguir luchando para mantener los intereses del imperialismo portugués; aunque trató de mantener Angola dada su gran riqueza todavía sin explotar. Pero al ver como se desarrollaba el proceso revolucionario, los monopolios y el capital internacional cada vez estaban más alarmados. Spínola era el foco de la reacción. Después de intentar quitarse de encima a las fuerzas armadas, Spínola utilizó su posición de Presidente para iniciar una campaña bonapartista. Se pospusieron las elecciones y comenzó una campaña para un plebiscito bonapartista que confirmara como presidente a Spínola, “el héroe de la revolución”, y darle las bases para reunir a los oficiales reaccionarios, al campesinado y la pequeña burguesía, especialmente en el norte donde están los elementos políticamente mas atrasados. Se trataba de movilizar a la reacción y después preparar el golpe. En Lisboa, Oporto y otras ciudades aparecieron carteles invitando a manifestarse a la “mayoría silenciosa”, eran los preparativos de lo que debería ser una movilización contrarrevolucionaria en Lisboa para el 30 de septiembre de 1974. En este proceso estaban implicados elementos sospechosos de pertenecer a la antigua “legión portuguesa” y otros grupos fascistas simpatizantes. Exigían la elección del presidente antes de las elecciones generales. Los monopolios, y probablemente el capital internacional, pusieron mucho dinero en la campaña. Todos estos preparativos estuvieron rodeados de declaraciones furiosamente patrióticas en la prensa burguesa. Spínola nombró a los comandos encargados de la guardia en el palacio presidencial. Decenas de miles de reaccionarios debían ser trasladados en camiones hasta Lisboa procedentes de Oporto y el norte del país. En la misma Lisboa también se dejó ver la “mayoría silenciosa”. Comenzaran a extenderse rumores de que la reacción, especialmente los antiguos miembros de La legión Portuguesa iban a traer armas a Lisboa. Incluso empezaron a circular noticias de que se estaban escondiendo armas en la “Lisboa roja”. Las masas comenzaron a alarmarse. Mientras Cunhal suplicaba a Spínola desde las paginas de Avante y en sus discursos para que hiciera algo para “detener a la derecha”, las masas comenzaron a actuar. En los últimos días de septiembre empezaron a aparecer barricadas alrededor de Lisboa, en las carreteras que llevaban al centro que es donde se iba a celebrar la manifestación. Los soldados de las patrullas se negaron a intervenir o miraban con indiferencia cuando los obreros que defendían las barricadas desarmaban a los oficiales. Muchos obreros estaban armados con revólveres y rifles que algunos soldados les hablan entregado. Todo estaba preparado para un enfrentamiento sangriento. En este momento, Spínola se dio cuenta de que no contaba con una fuerza real en la que confiar. La atmósfera electrizante obligó al MFA a actuar. Exigieron a Spínola que se definiese y suspendiera la manifestación. Al principio Spínola intentó luchar y les desafió. El 28 llamó hizo llamar al palacio presidencial al primer ministro Vasco Gonçalvez y al ministro Melo Antunez. ¡Y les arrestó! Intentó declarar el estado de emergencia que le hubiera dado todos los poderes y el control de las fuerzas armadas. Costa Gómez, comandante en jefe, se negó a firmar las órdenes a las tropas. Aunque lo hubiera hecho no habría servido de nada porque las tropas se negaron a moverse. Spínola se percató de que ni siquiera podía confiar en las tropas de choque, porque éstas no estaban dispuestas a disparar sobre otros regimientos o contra las miles y decenas de miles de trabajadores que comenzaban a congregarse. A las dos horas Gonçalvez y Antunez fueron liberados. Al ver fracasado su objetivo, es decir, la movilización de la reacción contra las masas, Spínola tuvo que suspender la manifestación y dimitir. Así pues, el intento de unir fuerzas para un contragolpe derechista fue derrotado, de nuevo por la movilización espontánea de los trabajadores. Esto empujó a la revolución más hacia la izquierda. Cunhal, dirigente del PCP, en una entrevista concedida al Diario de Lisboa, tan tarde como el 25 de septiembre, suplicaba a Spínola, origen y principal organizador de esta reacción, que “¡tomase medidas para sofocar a la derecha¡”, así pues, ¡suplicaban a Belcebú para que éste hiciera algo contra todas los diablillos! La manifestación había sido organizada entorno a consignas como: “Contra el clima de anarquía... no a los extremistas... se están preparando nuevas formas de esclavitud”. El discurso de Spínola del 10 de septiembre fue una incitación para que se organizase la reacción derechista. La legión Portuguesa y otros grupos de derechas y fascistas, se movilizaron en apoyo a Spínola. Quizá el llamamiento más serio fue el que hizo el 26 de septiembre el Sindicato de Trabajadores del Transporte para que los trabajadores se negaran a trasladar a los manifestantes a Lisboa en tren o en autobús. Entonces los organizadores amenazaron con traer a sus fuerzas en camiones. Esto se frustró con el levantamiento de barricadas. El 28 de septiembre militantes de izquierda desafiaron las órdenes del ejército de abandonar las barricadas levantadas a las afueras de Lisboa. Grupos de soldados armados, marinos y obreros, que llevaban insignias de “seguridad” en las solapas, hicieron una redada en los hoteles de Lisboa buscando a los “derechistas”, es decir, a los fascistas. Ya habían hecho todos los preparativos para un golpe que coincidiese con la manifestación pro-Spínola. Qué lamentables e inadecuados fueron la política y los preparativos del PCP y el PSP en vísperas de estos acontecimientos. Qué lejos estaban de la previsión, análisis y comprensión de la dirección bolchevique de Lenin y Trotsky en cada una de las etapas de la revolución. Así, el segundo movimiento decisivo de la reacción, en un momento elegido intencionadamente debido a las presiones turbulentas de la revolución, terminó en una derrota. Pero de nuevo Spínola conservó su posición y se preparó para un nuevo intento en circunstancias más favorables. Por en esta ocasión él había perdido la presidencia. Tuvo que dimitir obligado por el MFA, aunque se ocultó a las masas que había intentado dar un golpe de estado para tomar el poder en sus manos, La revolución había recibido un nuevo impulso hacia la izquierda con el triunfo sobre la intentona golpista. A pesar de esto la inflación continuó subiendo hasta alcanzar del 30-35 por ciento. El paro crecía rápidamente. La inflación profundizó la situación de empobrecimiento de las masas. Los grandes capitalistas y los bancos continuaban su resistencia pasiva. La inversión cayó rápidamente y ocurrió lo mismo con la producción. Las condiciones de las masas cada vez eran más críticas. Dentro de la fuerza aérea un amplio sector de los oficiales estaba con Spínola. Pero la mayor parte de los oficiales del ejército y la armada estaban en su contra. El 10 por ciento de los oficiales de la marina habían sido depurados a través del retiro forzoso, 200 oficiales del ejército habían perdido sus rangos. Así que una minoría importante y considerable de las fuerzas armadas, particularmente entre los altos mandos, estaba con Spínola. Pero la oposición de las masas y la inevitable resistencia de la tropa de los tres sectores del ejército, la aplastante mayoría tenían la misma actitud que los trabajadores fue lo que consiguió echar por tierra el complot contrarrevolucionario de Spínola. El MFA comienza a consolidar el poder Sin aprender nada de los acontecimientos de esta época, el PCP continuó con su programa de la “revolución democrática”. La misma postura de Stalin tras la revolución de febrero en Rusia, con la diferencia de que los comunistas portugueses habían abandonado el adjetivo “burgués” y hablaban y escribían sobre la revolución democrática en abstracto. El congreso del PC del 29 de octubre de 1974, casi un mes después de los acontecimientos de septiembre, continuaba todavía incluyendo sólo reivindicaciones democráticas, con vagas referencias a la “liquidación de los monopolios en el desarrollo económico”, que puede significar mucho o nada. Esto sólo conseguía despistar a sus seguidores. El gobierno anteriormente se había enfrentado a una situación donde la mayoría de los comités de empresa en muchas, sino en todas, las grandes empresas e industrias habían acumulado una gran parcela de poder, decidiendo la contratación y el despido de los trabajadores, pero ahora de mala gana tuvo que reconocer el derecho a huelga. ¡Pero puso tantas condiciones que habría sido más difícil hacer una huelga en Portugal que en EEUU con la ley Taft-Martley Act o en Gran Bretaña con la Ley de Relaciones Industriales de los conservadores británicos! Las huelgas de solidaridad estaban prohibidas y todo tipo de huelgas “políticas”. Pero el movimiento continuaba desarrollándose a pesar de la timidez del PSP y PCP, y del hecho de que el MFA se limitaba únicamente a reaccionar ante los acontecimientos. La ley de huelga se aceptó antes de estos acontecimientos. Sin duda el propio Spínola tuvo algo que ver en la redacción de las condiciones. Mientras el PCP guardaba silencio, a los dirigentes del PSP no les quedó otro remedio que protestar. Así, el 2 de septiembre el PSP condenó la “naturaleza restrictiva de la ley” e hizo referencia a la “actual naturaleza dinámica de los conflictos laborales”. En realidad, comprendían la imposibilidad de contener la presión acumulada en el movimiento obrero después de dos generaciones de represión. Precisamente Spínola lo que deseaba dominar era este irresistible movimiento de las masas. Los fascistas habían intentado reorganizar sus fuerzas en una serie de partidos pequeños que se multiplicaban como las setas. Los monopolios aterrorizados por la oleada elemental de las masas probablemente les financiaban. No hay duda de que los grandes capitales internacionales también contribuían. En septiembre y octubre el gobierno, temiendo que las masas se tomaran la justicia por su mano, prohibió los grupos fascistas, muchos de cuyos dirigentes “patriotas” eran miembros o elementos destacados de la disuelta Legión Fascista. El 2 de octubre el COPCON (la recientemente organizada policía de seguridad del MFA) hizo una redada en las oficinas del llamado Partido Progresista de Lisboa, encontraron “un arsenal”... y... “planes” que se llevarían a cabo durante la manifestación de la “mayoría silenciosa”. Este partido, entre otros, fue prohibido. Los partidos “democráticos” de derechas estaban suspendidos en el aire sin una base sólida. Las presiones de las masas se reflejaban de manera distorsionada en la ultra izquierda que sitió al Partido Socialdemócrata del Centro, donde había encontrado cobijo el antiguo Partido Fascista del Gobierno. Las tropas enviadas a “proteger” el congreso simpatizaron con los manifestantes de izquierdas y eso llevó a un comentarista extranjero, burgués pero serio, a afirmar que estas acciones, estaban “¡provocando el temor de un giro a la izquierda del gobierno y de una posible guerra civil!” La casta de oficiales de este gobierno semi-bonapartista con el poder real de decisión en manos del MFA comenzó a tantear el terreno para institucionalizar el Consejo de la Revolución, y de este modo tener un control permanente o casi permanente del estado y el país. Los dirigentes del PSP y del PCP les defendieron. Pero la reacción, después de la destitución de Spínola, estaba llena de miedo y rabia. ¡He aquí un giro curioso en la Revolución Portuguesa! La reacción estaba en contra del dominio y el control militar, mientras los “progresistas” estaban clamorosamente a favor. Los dirigentes del PSP y del PCP no tenían una organización que ofrecer frente a la del Estado mientras los partidos de derechas, como en todas has revoluciones anteriores, no tenían ni a las masas ni a la mayoría de la casta de los oficiales. Así pues, el PPD lanzó un fuerte ataque contra las reuniones del MFA en Aveiro. “Cuando vemos al MFA discutiendo la composición del gabinete, examinando los planes económicos, pronunciándose sobre la ley sindical, debemos preguntarnos, como se lo preguntan en los países extranjeros: ¿estamos viviendo o no bajo un gobierno militar? Hemos alcanzado el punto de ruptura... no podemos seguir viviendo en un clima de guerra civil... no podemos tolerar durante más tiempo la escalada del lenguaje revolucionario que adquiere un tono cada vez más triunfante. Es vital que el pueblo no sea sometido a soluciones revolucionarias que él no ha elegido....” La Asamblea del MFA del 6 de febrero de 1975 entregó todos los poderes a la Junta Militar para “depurar y dar moralidad al modo de vida de la nación” y oponerse a las maniobras contra la economía, la defensa nacional y el orden público. Este lenguaje era impreciso pero colocaba una bota militar clara y firmemente sobre la nación. El 12 de febrero Mario Soares pidió a la Junta que “disipe la inseguridad en Portugal haciendo públicos sus objetivos y propósitos”. La Junta en ese momento habría tenido dificultades en hacer esto porque ni ellos mismos los conocía, ¡aparte de la determinación a mantener el poder en sus manos e impedir el regreso del antiguo régimen! En este momento estaban en una posición similar a la de Castro en 1959, después del derrocamiento de Batista. Es verdad que ellos no habían tenido que llevar a cabo una arriesgada guerra de guerrillas, pero sí se habían visto obligados a ponerse a la cabeza de un golpe militar que había abierto de par en par las compuertas de la revolución, y ahora no podían controlar tan fácilmente el movimiento. El PPD (socialdemócratas) el 14 de febrero acusó a la Junta Militar de “socavar” el papel de los partidos civiles. Cada vez más el poder real estaba por decreto en manos de la Junta. Así que decidieron que el MFA debería tener el derecho a veto en la elección del presidente y controlar el gobierno provisional y la asamblea constituyente, como también decidirían los nombres de los miembros militares del gabinete e insistían en la independencia del ejército, la independencia de la Junta y el reconocimiento de su lugar en la constitución. Aunque en unas condiciones diferentes, estos eran los poderes que tenía la Junta militar argentina antes de su derrocamiento. Era una constitución por excelencia bonapartista, pero la burguesía portuguesa e internacional no estaba dispuesta a apoyar este poder debido a su relativa independencia y carácter incontrolado. Especialmente porque parecían basarse en las masas en busca de apoyo. Todos los seguidores más conservadores de Spínola en las fuerzas armadas se oponían a estas medidas Estaban a favor de la “reestructuración” de las fuerzas armadas para deshacerse de los oficiales radicales y con “inclinación revolucionaria”. Decían que la reorganización “...no será fácil, pero si oficiales revolucionarios clave siguen en la política, entonces será imposible”. En noviembre todos los antiguos generales de los tres sectores del ejército se habían retirado forzosamente, los almirantes a los 62 años, los generales de brigada a los 60 y los coroneles y capitanes de la marina a los 57 años. ¡Hasta Spínola pasó oficialmente a la situación de jubilado! Cunhal y el PCP siguieron obediente y estáticamente cada giro de las fuerzas armadas. Soares, el dirigente del PSP, mientras que hablaba demagógicamente de socialismo y dictadura del proletariado en un futuro lejano, al mismo tiempo, adoptó una posición equívoca ante el poder arrogante del MFA. 18 de enero Cunhal hizo algunas preguntas retóricas al líder del PSP: “Diga quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos”. “¿Es usted un aliado del PCP y otras fuerzas democráticas contra el capitalismo y la reacción, o está con las fuerzas conservadoras de derechas contra la revolución?” Soares reflejaba las dificultades de los círculos burgueses y pequeño burgueses ante las tensiones de la sociedad portuguesa y la actitud radicalizada del MFA; intentaba asustar a los oficiales radicales y a las masas con el espectro de la intervención de las potencias capitalistas extranjeras. ¡En ese momento las maniobras navales de la OTAN alrededor de Portugal obviamente eran un intento de amenazar a las masas e incluso a los oficiales radicalizados! El dirigente socialista propuso al MFA un nuevo acuerdo y en una conferencia de prensa el 27 de febrero declaró que “una profunda escisión y finalmente un bloqueo económico o la intervención extranjera, son posibilidades que no se pueden excluir o tomar a la ligera”. Esta era la atmósfera en que se maquinaba la nueva conspiración spinolista. Igual que en la revolución rusa, las masas ejercían una enorme presión sobre los patronos y éstos querían una mano dura a la cabeza del Estado, es decir, volver a algún tipo de dictadura policiaco-militar para detener la revolución. La expropiación de las empresas estaba en el aire y querían librarse de este espectro. El 21 de Febrero el gobierno aprobó el “Plan Económico Trienal” en el que se veía la mano de los ministros del PCP y el PSP, ya que los oficiales no se consideraban expertos en economía. ¡Qué parodia tan miserable y travestida! Era menos radical que las medidas de la posguerra en Francia e Italia; mucho menos que el programa del gobierno laborista británico de 1945-51 e incluso que el actual. Preveía el control estatal parcial de ciertas industrias (como el Consejo Nacional de Industria Británico), la expropiación de algunas tierras y el aumento de la inversión extranjera. Igual que las medidas que quería introducir Tony Benn con el Consejo Nacional de Industria Británico y existen en Italia con el IRI (Instituto de Reforma Industrial) y el “Dirigisme”, o en Francia y el “plan” –francés que preveía un mayor control político de la economía, la inyección de ayuda estatal para evitar las bancarrotas y el desempleo, mejorar los servicios sanitarios, además de una reforma de la Seguridad Social. Al mismo tiempo, igual que lo propuesto por Tony Benn en el Consejo Nacional de Industria Británico, el Estado se quedaría con el 51 por ciento de las minas más importantes, el petróleo, gas natural, acero, refinerías, petroquímicas, electricidad, tabacos y fabricación de armas, la mayoría de estas industrias en Gran Bretaña ya están totalmente nacionalizadas. De Melo Antunez, que supuestamente había redactado el documento, declaró era un documento “revolucionario”, aunque se apresuró a asegurar a las grandes empresas que ¡los cambios no se producirían de una forma “abrupta y violenta”! Al mismo tiempo, quizá para recompensar el arrojo del MFA, los dirigentes del PSP y el PCP anunciaron “una política de ajuste de precios e ingresos” para controlar la inflación. La clase obrera “debía tener en cuenta la peculiar situación histórica en la que estamos...”. Antes de esto, en agosto de 1974, el MFA y el gobierno debían declarado su intención de nacionalizar los tres principales bancos: el Banco de Agola, el Banco Nacional Ultramarino y el Banco de Portugal. Quizás ese había sido uno de los factores que llevaron a la burguesía a presionar a Spínola para la conspiración de septiembre. Ahora, una vez más, estas tímidas medidas, unidas a la situación de “indisciplina” de los soldados y la actuación de los obreros como si “ellos fueran los dueños de las fábricas”, echando y arrestado a los directores fascistas, estableciendo elementos de doble poder y control obrero en las fábricas e industrias, en general, hacían la vida imposible a la clase gobernante, especialmente a las siete familiar. Y más allá estaba la presión de las grandes potencias imperialistas, especialmente EEUU. Podemos estar seguros de que la embajada estadounidense de manera discreta empujó a Spínola... a la ruina. Resulta irónico que los dirigentes pequeño burgueses de los partidos obreros, en condiciones revolucionarias, a veces se vean empujados por los acontecimientos revoluciones y las presiones favorables de las masas, y terminen yendo más allá de donde deseaban o pretendían llegar. Que los “dirigentes” no tenían idea de nacionalizar ni siquiera los “principales puestos de mando” de la economía se pude ver en el “plan” trienal. Veían el “socialismo” en un futuro distante y lejano, unas cuantas generaciones más allá. Ahora era el momento de la revolución “democrática”. En particular el PCP se resistía a la presión de las masas, predicando la paciencia para no “provocar a la reacción”. Si en esta ocasión su político no terminó en un desastre fue gracias a la marea revolucionaria y a pesar de su política. Los dirigentes del PCP no comprendían nada de la dialéctica de los acontecimientos. Si dependiera y todavía depende de ellos la revolución ya habría sido aplastada. El golpe del 11 de marzo: la reacción tiene que retroceder Con la revolución en su punto de ebullición, con la autoridad de los empresarios minada, con una situación social y política indefinida, la reacción no podía esperar a las elecciones. Sabían que las masas rechazarían el capitalismo. Al igual que la burguesía rusa, comprendían que la clase capitalista débil y aislada sería una pequeña minoría dentro de la Asamblea Constituyente. Habían tenido que aceptar el totalitarismo fascista o bonapartista, el control autoritario, durante más de cincuenta años para salvaguardar su propiedad. Ahora sentían la presión hirviente de la revolución y buscaban algún general que les salvara con una nueva dictadura militar y así restablecer la “ley y el orden”. El 11 de marzo de 1975, Spínola, un aventurero todavía menos afortunado que Kornilov, decidió, probablemente después de consultar con sus aliados de la OTAN y las embajadas de Europa occidental y EEUU, que había llegado el momento de acabar de una vez por todas con la revolución. Como Kornilov, movilizó a lo que no pasó de ser sólo un ejército fantasma en Lisboa procedente de la base aérea de Tancos. Les dijo a los paracaidistas y a los oficiales de aviación que habían sido la reacción menos radical y el sector más importante del apoyo a Spínola, que los tupamaros, ayudados por conspiradores anarquistas, habían tomado los cuarteles de artillería de Lisboa. Este era el sector más radical de las tropas donde los maoístas tenían algo de apoyo. Utilizaron unos cuantos aviones para bombardear los cuarteles y pedir la rendición del comandante. Los paracaidistas se dirigieron a los cuarteles, intercambiaron disparos y hubo unas cuantas bajas. Habían preparado el apoyo de unidades terrestres y esperaban que dieran un “apoyo considerable” en la intentona contragolpista. Hubo un enfrentamiento entre el comandante de los paracaidistas, el capitán Martín, y el capitán de artillería, De Almeida. Los cuarteles de la guardia republicana fueron ocupados por oficiales spinolistas. El oficial al mando, el general Ferreira, fue tomado como rehén. Spínola denunció que los “comunistas dominaban el caos”. Pero, en realidad, Spínola contaba con menos fuerzas que Kornilov en 1917. Este último también engañó a sus tropas (la salvaje división de montañeros del Caúcaso) denunciado una “rebelión bolchevique”. Pero al producirse manifestaciones de masas de los trabajadores, las fuerzas del contragolpe se desvanecieron. Los paracaidistas y los comandos siempre son las fuerzas más conservadoras del ejército, formadas habitualmente por los elementos más aventureros y salvajes de la población, normalmente es la fuerza de elite de las tropas de choque, la de más confianza y la última en resquebrajarse, como ocurría con los cosacos en Rusia. Ahora los paracaidistas aseguraban a los manifestantes “nosotros no somos fascistas”. Se unieron a los trabajadores y a las tropas del regimiento de artillería. Algunos entregaron sus rifles a los manifestantes como prueba de su buena fe. A las pocas horas del golpe, la base aérea fue tomada. Spínola y la mayoría de su camarilla de oficiales huyeron a España. El golpe se evaporó, no en días sino en minutos. Ha sido quizás el intento de contrarrevolución más ridículo y cómico de la historia. Fue un fracaso precisamente debido a la atmósfera revolucionaria que estaba al rojo y que afectaba no sólo a los trabajadores y campesinos, sino también a toda la base de las fuerzas armadas. No había un sólo regimiento en Portugal que pudiera ser utilizado para propósitos contrarrevolucionarios. El pueblo portugués había vomitado al fascismo al que identificaba con la dictadura del capital y no estaba dispuesto a permitir que se diera ni un sólo paso hacia el establecimiento de otro régimen similar. Esta es la verdadera explicación del fracaso. Era el tercer intento de canalizar la revolución hacia el bonapartismo burgués. En la fábula cuando el pastorcillo gritó ¡qué viene el lobo! por tercera vez nadie lo creyó, y fue devorado. ¡Pero en esta ocasión quien sufrió el desastre fue el lobo de la reacción! Unas semanas antes del intento de golpe, en las elecciones para la junta militar, se vio que Spínola tenía fuerzas dentro de la casta militar en las que poda confiar dada la inclinación clara de algunos oficiales hacia la reacción. Después de su dimisión de la presidencia había mantenido contactos políticos y militares, sólo esperaban la oportunidad para lanzarse. Para la asamblea del MFA fueron elegidos oficiales llamados centristas, partidarios de Spínola, antiguos colegas y ayudantes suyos, en vez de elegir oficiales radicales de izquierda, seguidores de Rosa Coutinho, Gonçalvez y Carvalho. El propio Carvalho y tres de los cinco miembros del Comité Coordinador del MFA fueron derrotados en las elecciones de oficiales. Carvalho sólo consiguió mantener su puesto en la Asamblea General como miembro ex-oficio, ya que era el jefe de la COPCON. Era evidente un cierto giro a la derecha en el seno de los oficiales, lo que significaba un tremendo peligro para la revolución y sobre todo, porque los dirigentes obreros no alcanzaban a comprender sus repercusiones. Al darse cuenta de la situación, los oficiales radicales tomaron medidas. Los oficiales derechistas seguidores declarados de Spínola fueron destituidos. La estructura del Estado Mayor de las fuerzas armadas cambió. Se formó una Junta Nacional de Salvación con plenos poderes legislativos para “dirigir y poner en práctica el programa revolucionario en Portugal”. El comandante Correira Jesuino encabezaba un consejo con poder para vetar la legislación del gabinete y de legislar con o sin la aprobación del gabinete. La Asamblea General fue remodelada, el ejército de tierra tendría 120 representantes, la armada 60 y la aviación otros 60. En el “Consejo Supremo de la Revolución” elegido por este organismo no tenía ni un solo miembro que tuviese una graduación inferior a capitán. ¡Predominaban los generales de brigada, almirantes y comandantes de aviación! Marx escribió que en los escritos de Hegel, pesados y aparentemente oscuros, se podía ver la revolución en un momento histórico determinado. ¡Sólo el genio creador de la historia podía depararnos el espectáculo de una revolución en los vehículos de los generales y almirantes! Esto fue así porque el capitalismo en Portugal estaba agotado, un país medio colonial y semi-imperialista sin salida bajo el capitalismo después de la pérdida del imperio. Al mismo tiempo, la dictadura militar burguesa estaba completamente desacreditada incluso entre sectores de casta militar debido a los cincuenta años de experiencia bajo la dictadura. Pero la razón principal del inmenso papel que jugaron los militares ha sido la parálisis de las organizaciones obreras y la ausencia de un partido y dirección auténticamente marxistas. En realidad, desde el inicio de la revolución el verdadero poder ha estado en manos de los trabajadores y los soldados el MFA ha llevado el vacío provocado por el fracaso de las direcciones del PCP y PSP. Los cadetes (demócratas constitucionales), el partido de la burguesía liberal en la revolución rusa, a la primera oportunidad se pasó al lado de la contrarrevolución y apoyó a Kornilov, porque no había lugar en Rusia para una democracia burguesa y porque era necesario para mantener el capitalismo, controlar y dominar a los obreros y campesinos bajo las bayonetas de una dictadura militar. De la misma manera, los partidos “liberales” en Portugal (el PPD y otros) se vieron obligados a apoyar la reacción spinolista. Por la misma razón, sólo veían “caos y desorden... colapso económico y ruina” en la falta de disciplina de los soldados, en la amenazante usurpación que suponían las prerrogativas de gestión y otras “reivindicaciones no razonables”, no sólo de las trabajadores industriales, sino también de los trabajadores de cuello blanco. No es una casualidad que en las revoluciones rusa y española este fuese el comportamiento de la burguesía liberal. Esto ya fue explicado teóricamente por el leninismo-trotskismo sobre la base de la experiencia. Nosotros ya pronosticamos que este sería el comportamiento inevitable de los “demócratas” en Portugal, debido igualmente a la situación y naturaleza del país, y también, por supuesto, a las condiciones de la revolución en Portugal e internacionalmente. Desgraciadamente, para la dirección del PSP y PCP, estas consideraciones “teóricas” eran un libro cerrado. Ellos eran hombres “prácticos” y buscaban la colaboración de los capitalistas liberales en “su” revolución democrática. Consecuentemente, que la burguesía liberal y sus partidos rechazaran la mano tendida para colaborar en el “frente popular” para ellos significó una sorpresa desagradable y una conmoción. No hay que agradecerles a ello que el resultado no haya sido el mismo que en España o Chile. Sino que se ha debido simplemente a la debilidad de la contrarrevolución burguesa y, por consiguiente, a la ineptitud de su dirección. Muchos hombres de negocios fueron arrestados, incluidos siete 7 miembros de la familia Espirito Santo que poseía uno de los bancos más grandes de Portugal. También fueron arrestados Jorge y José Manuel de Melo, directores de la CUF, el grupo de empresas más grande de Portugal. Después todos fueron puestos en libertad. Fueron arrestados 131 conspiradores, incluidos el comandante de los paracaidistas Rafael Durao y José Sánchez Osorio, dirigente del Partido Demócrata Cristiano. El Consejo Supremo de la Revolución decretó la destitución de los oficiales “incompetentes” y ordenó el pase a la reserva de cualquier oficial que no estuviese dispuesto a realizar una declaración de lealtad al MFA. Todos los militares implicados en el golpe del 11 de marzo fueron expulsados y sus propiedades confiscadas. El tratamiento para los oficiales hermanos implicados en el golpe fue excesivamente suave y tolerante. Si la reacción hubiera triunfado como en Chile se abrían producido ejecuciones y creados campos de concentración para los oficiales radicales, sindicalistas, socialistas y comunistas. Los oficiales radicales de izquierda actuaron con decisión porque sus propias cabezas estaban en juego, lo mismo que el destino inmediato de la revolución, Detrás del intento de golpe estaban los grandes capitalistas portugueses, que contaron con la colaboración de los gobiernos de occidente y las multinacionales instaladas en Portugal. Como si formase parte de un acuerdo, los medios de comunicación de masas de algunos países, como Gran Bretaña, la radio, la televisión y la prensa, inmediatamente publicaron noticias deformadas para apoyar el golpe. Las elecciones, previstas para seis semanas después, fueron ignoradas por estos declarados constitucionalistas. ¡Una lección muy valiosa para la clase obrera¡ Cuando los intereses del capital están en juego, el refrán “la necesidad no entiende de leyes” se convierte en un principio. Los comentaristas de radio hablaban de una revuelta de los “moderados” contra el primer ministro y el gobierno “comunistas”. Por ejemplo, The Evening Standard, un periódico británico, publicaba el siguiente titular:”¡Los moderados se levantan contra el extremismo!” Toda la prensa describía la situación como el último movimiento de los demócratas, obligados a actuar contra la “anarquía” y el “caos” existentes en Portugal. Todo estaba preparado para apoyar a la reacción en la posible guerra civil. La burguesía internacional no descartaba esta posibilidad. Durante cincuenta años había guardado silencio ante los crímenes del anterior régimen dictatorial, sólo veía “orden” y “tranquilidad”en el país, apoyo popular a Salazar y Caetano. Desgraciadamente para ella, la reacción era demasiado débil. El aire caliente de la revolución disipaba los vapores de la reacción. Se apoyaba en unas fuerzas inseguras y fantasmagóricas. Esta es una indicación de cómo ha cambiado la situación desde la revolución española de 1931. “El capitalismo en Portugal ha muerto” – The Times Los capitalistas y terratenientes portugueses habían perdido sus principales reservas de apoyo en la población después de cincuenta años de dictadura, guerra colonial y represión en África. Aparte de la chusma fascista una pequeña minoría y (probablemente) una minoría de oficiales, nadie apoyó el llamamiento de Spínola. El que ayer era el “héroe” de la revolución, no tenia hoy ni siquiera apoyo entre las fuerzas armadas. El intento de golpe reaccionario para inclinar la situación a favor de los intereses del capitalismo fracasó, y el resultado, una vez más, fue impulsar la revolución más a la izquierda. Las masas trabajadoras se levantaron contra el gran capital por que comprendía que detrás estaba el espectral monóculo de Spínola. Los empleados de banca habían observado las transacciones financieras de la oligarquía. Las transferencias al extranjero de decenas de millones de libras de Spínola y sus conspiradores. Estos sectores, históricamente son un sector atrasado de los trabajadores política e industrialmente (por su conciencia sindical). Las capas avanzadas son los trabajadores industriales en el acero, ingeniería, minería, transporte, etc., Las direcciones del PCP y el PSP, hasta ese momento, habían engañado a estas capas avanzadas planteando que la perspectiva de la nacionalización y la revolución socialista sólo era posible a largo plazo (décadas). Ahora era el período de la “revolución democrática” y no había que provocar a la burguesía liberal y era necesario evitar que cayera en brazos de la reacción. Hasta este momento las direcciones del Partido Comunista y Partido Socialista, han jugado un papel incluso peor que los mencheviques en la revolución rusa. Intentaron frenar las luchas de la clase obrera. Se sometieron a los dirigentes militares. Intentaron obligar a los trabajadores a “respetar” los derechos de la propiedad privada y a no disgustar a los militares. Querían que los trabajadores aceptasen un nivel de vida inferior y no hicieron nada contra los directores de empresa que intentaban actuar como si todavía estuviera Caetano en el poder. Sus perspectivas para la revolución eran las mismas que las de los mencheviques en Rusia. Una generación de democracia burguesa antes de poder hablar de “socialismo”. Resultaba utópico pensar decían que en este Portugal tan atrasado, donde no se había llevado a cabo la revolución democrático burguesa, fuera posible instaurar el socialismo. Pero el apoyo que los banqueros habían dado a la contrarrevolución hizo que estallara la indignación entre los trabajadores de la banca. El PC no estaba suficientemente implantado en sus filas e intentaba influir en ellos confundiéndoles con sofisterías. ¡Los trabajadores de la banca ocuparon los bancos y se negaron a abrir hasta que no fueran nacionalizados! Los soldados, al igual que los trabajadores, eran conscientes de los intereses que había detrás del golpe. Además a los oficiales que dominaban el MFA tampoco les gustaban los financieros que estaban detrás del golpe. Sabían que habrían perdido la vida si el intento de golpe hubiese tenido éxito. Como no tenían ninguna de las inhibiciones de los timoratos líderes pequeño burgueses de los partidos comunista y socialista, seguían la dirección que les marcaban los trabajadores. Aceptaron los hechos y anunciaron la nacionalización de los bancos con compensación únicamente a los pequeños accionistas que de otra manera se verían perjudicados. Ocurrió el 14 de marzo, a los tres días de la ocupación. A continuación los trabajadores de seguros siguieron el ejemplo de los de la banca y ocuparon las compañías de seguros exigiendo su nacionalización, y a nadie se le ocurriría calificar de vanguardia revolucionaria, en ningún país, a los trabajadores de seguros. Esto también fue apoyado por el MFA. Fue entonces cuando el MFA declaró que el objetivo de la revolución, ex post facto, era el “¡socialismo!” Lo que hizo avanzar la revolución y la defendió de los ataques de la reacción fue la actividad y la presión de las masas en cada una de las etapas de la revolución. La fuerza motriz de la revolución ha sido el movimiento de los trabajadores y los soldados, incluso sin una organización como las juntas o los soviets. Los “partidos” tardíamente abrazaron el “socialismo” como su objetivo inmediato, una vez que la casta de oficiales radicales lo había convertido en un objetivo respetable. Y así quedaron atrás teorías tales como la |





