chavez mundoEs a menudo el destino de los dirigentes revolucionarios el que, después de muertos, aquellos que los habían atacado y vilipendiado en vida empiecen a alabarlos, al mismo tiempo que distorsionan y diluyen sus ideas, convirtiéndolas en algo inofensivo, del mismo modo en que se neutraliza a un animal molesto.

Alan Woods

 "...a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar" (Simón Bolivar, Manifiesto de Cartagena)

La conocida cita de Bolívar parecería resumir la historia de la actitud de la revolución bolivariana ante su enemigo de clase, la burguesía venezolana y sus mentores en Washington. 

Corriente Marxista del PSUV

La Revolución Bolivariana se ha caracterizado por ser pacífica, y se ha mantenido fiel a esta premisa durante los 14 años en el gobierno. Sin embargo, toda medida progresista que se tome para defender los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en general, debe ser arrebatada de los privilegios de la clase burguesa, es por esto que la oligarquía en Venezuela, no puede quedarse de brazos cruzados mientras esto pasa. Y durante todo este tiempo ha sido un seguro enemigo del gobierno y del pueblo. Ejerciendo incluso la violencia cuando se ve acorralada, o cuando el pueblo intenta defender sus derechos (sicariato de campesinos, sindicalistas, golpes de estado). Algo está claro, la burguesía nunca ha sido pacífica con la revolución y el pueblo. No lo fue cuando tuvo gobiernos aliados, y no lo será bajo gobiernos progresistas.

Deivi Peña

Desde el inicio de la Revolución Bolivariana la burguesía nacional en su afán de restablecer el poder político en Venezuela, ha efectuado diversas acciones desestabilizadoras con el propósito de debilitar y acabar por completo con el proceso revolucionario que se ha venido llevando a cabo desde el año 1999.

Cristofer García

Reformismo o Revolución

Las tesis reformistas, plantean la posibilidad de ir derrotando paulatinamente al capitalismo, reforma tras reforma, avanzando “lento y seguro”. Se analiza de esta forma a la burguesía como un ente sometidos a las reglas del libre mercado y a las leyes que rigen en materia económica. Ingenuamente ven a la clase dominante sólo como empresas o personalidades jurídicas carentes de voluntad propia o dirección humana consciente. Esperan estos “socialistas utópicos” que la oligarquía del país sólo se sentará a esperar que las medidas llevadas a cabo por el gobierno revolucionario les derroten, y les arrebaten los privilegios de los cuales han gozado toda su vida.

Juventud Marxista
El pasado lunes 16 de noviembre tuvo lugar en Caracas el encuentro del Vicepresidente de la República Bolivariana J. V. Rangel con la cúpula de Fedecámaras encabezada por su presidenta Albis Muñoz.Este encuentro formaba parte de la iniciativa del go El pasado lunes 16 de noviembre tuvo lugar en Caracas el encuentro del Vicepresidente de la República Bolivariana J. V. Rangel con la cúpula de Fedecámaras encabezada por su presidenta Albis Muñoz.

Este encuentro formaba parte de la iniciativa del gobierno de un acercamiento a la cúpula empresarial en la idea que tras la victoria del referéndum revocatorio y las elecciones del día 31 de octubre se creaban las condiciones políticas para que el capital privado, tanto nacional como internacional, empezara a invertir en Venezuela. Esto conecta además con el cambio de actitud de la cúpula de Fedecámaras en los últimos meses en ir a un diálogo sin condiciones con el gobierno de cara a sumar en la nueva etapa en la construcción política del país y “dejar atrás”, “no mirar al espejo”, es decir, olvidar la implicación de la dirección de Fedecámaras, incluida su presidenta, Albis Muñoz, en el golpe de estado del 11 de abril y su participación en los intentos de desestabilización del país.Todo ello basado en la teoría de que el olvido tras las victorias electorales es la moneda de cambio para que los capitalistas empiecen a invertir y desarrollar la economía venezolana.

Para Albis Muñoz, la reunión con J. V. Rangel fue muy satisfactoria. Cabe destacar la disposición al diálogo del Ejecutivo y, sobre todo, las garantías de que este gobierno no tenía ninguna tendencia “estatatizante”, como le aseguró el vicepresidente. Es decir J. V. Rangel tranquilizó a Albis tras los discursos del presidente Chávez durante la campaña electoral en los que recalcaba que no se podía acabar con la pobreza en Venezuela mientras no se acabara con el capitalismo, así como la propuesta de expropiar las empresas cerradas o con problemas y los latifundios ociosos y ponerlos todos ellos bajo control de los trabajadores y campesinos. Estos discursos alimentaban la inquietud en la dirección de Fedecámaras de que Chávez pudiera nacionalizar amplios sectores de la economía. En una entrevista al diario económico español Expansión el pasado 10 de mayo, Albis Muñoz mostraba la opinión de que “el gobierno venezolano es enemigo de la propiedad privada, un gobierno que busca acabar con lo que tenemos para desarrollar una nueva actividad”. Ahora parece que los empresarios venezolanos cambiaron de opinión. Los golpistas de hace unos meses trocaron su fusta por una lira y parecen dispuestos entablar diálogo con el Gobierno Bolivariano para desarrollar a la nación.

Ciertos sectores del gobierno han acogido con enorme satisfacción esta nueva actitud de los empresarios, en especial los ministros de Planificación y Finanzas. Esta actitud de Fedecámaras cabe además dentro de la concepción de que es el momento del inversionista privado que cree empleo y hacer avanzar el país. La estabilidad política tras el referéndum revocatorio sería la base para la inversión de capital tanto nacional como foráneo.

¿Que política económica debería implementar el Gobierno Bolivariano?

El debate acerca del modelo económico del Ejecutivo bolivariano es fundamental de cara a implementar los 10 puntos que el pasado 15 de noviembre expuso el presidente Chávez en la reunión en Fuerte Tiuna, con alcaldes y gobernadores y que conforman la estrategia bolivariana que busca construir una nueva sociedad basada en la igualdad, solidaridad y la equidad y se propone eliminar el burocratismo, combatir la corrupción, democratizar los espacios comunicacionales, desarrollar el modelo endógeno y trazar estrategias para erradicar la pobreza.

Por ello es fundamental el debate en el seno del conjunto del movimiento bolivariano acerca de si es correcta o no esta apuesta por el sector privado como medio para mejorar las condiciones de vida de la población y hacer avanzar el proceso revolucionario. ¿Estamos en el preludio de una nueva etapa de crecimiento económico sostenido, en el que con la ayuda de la inversión estatal, los altos precios del crudo en los mercados internacionales, y a través del estímulo de la inversión privada tanto nacional y extranjera en Venezuela se pueda acabar con la pobreza y recortar desempleo y crear riqueza? ¿Van a invertir los empresarios venezolanos y ayudar a relanzar la actividad productiva?

En primer lugar, mucho tendremos que mejorar para que Venezuela sea un lugar atractivo a la inversión privada. Actualmente, la inversión productiva per capita es la más baja desde 1940. Venezuela ocupó el penúltimo lugar en el Opacity Index de Kurtzman Group, que mide el grado de transparencia administrativa entre inversionistas y autoridades del gobierno, solamente detrás de Indonesia (The Economist, September 18th - 24th, 2004). Así mismo, ocupó el último lugar en el ranking Risk for Business de The Economist Intelligence Unit, que mide el grado de riesgo de realizar inversiones directas en mercados emergentes a nivel mundial (The Economist, September 18th - 24th, 2004). Estos acercamientos entre el gobierno y patronal favorecerían, según sectores del Gobierno Bolivariano, un mejor clima para la inversión.

El problema de la inversión privada en Venezuela no es tan solo un problema de la percepción por parte de los capitalistas del proceso bolivariano. La baja, por no decir nula, inversión de los capitalistas extranjeros y nacionales es un problema que existía antes de que el presidente Chávez llegara al poder, y refleja una tendencia histórica. (Ver grafica: En azul inversión privada, en ocre inversión total como % del PIB).

La realidad es que hay una huelga de inversión por parte de los capitalistas no tan sólo desde la victoria del Presidente Chávez sino desde hace más de dos décadas. La cuestión es descubrir qué impide que los capitalistas venezolanos hayan podido desarrollar y hacer avanzar el país no tan solo en los últimos años sino en las ultimas décadas y si el obstáculo que impide la inversión puede ahora cambiarse fruto de la política económica del Gobierno Bolivariano y ser superado e invertido.

En primer lugar hay que partir de que los capitalistas invierten para obtener el máximo beneficio posible, es decir, si hay actividades económicas que dejen una rentabilidad mejor que otras, el capital se dirigirá a esas ramas de la producción y de la economía en detrimento de otras. El hecho es que la burguesía venezolana al igual que el resto de las oligarquías de América Latina es débil no tan siquiera para competir en el mercado mundial sino también en el mercado interno. Las empresas venezolanas no pueden competir en un mercado mundial dominado por las grandes trasnacionales, un mercado mundial además cada vez en contracción y donde se acentúa la lucha por los mismos, la débil industria venezolana o sucumbía a los monopolios o era absorbida por ellos.

El hecho de la existencia del petróleo bajo nuestro subsuelo y de los inmensos recursos que generaba acentuó aún más ese carácter parasitario y atrasado. La debilidad de la burguesía tuvo su contra partida en la hipertrofia del Estado, que asumía sectores decisivos de la economía que la clase dominante, debido a las grandes inversiones que acarreaban, no podía asumir y garantizaba el funcionamiento del país bajo el capitalismo. Un Estado venezolano agigantado aparecía como el garante de los intereses comunes de los capitalistas tanto nacionales como extranjeros. Esa característica es la mejor medida de la tendencia inherente de las fuerzas productivas a la socialización y del carácter parasitario de la burguesía y su incapacidad de hacer avanzar la sociedad. La actividad del Estado venezolano suplía y alimentaba a la famélica y parasitaria oligarquía venezolana.

La única posibilidad para que la burguesía venezolana pudiese invertir sería que el conjunto de los mercados mundiales estuvieran en expansión. Sin embargo, la situación de la economía mundial actual y la perspectiva para el conjunto del sistema capitalista en todo el mundo es una reducción de los mercados mundiales y una lucha despiadada por los mismos. La expresión más clara de ello es la caída del dólar. La misma refleja fundamentalmente, entre otros factores, la saturación del mercado interno norteamericano y la búsqueda por acaparar una mayor cuota del mercado mundial para las exportaciones estadounidenses depreciando el dólar frente a otras monedas, especialmente respecto al euro.

La burguesía venezolana es incapaz de competir en este mercado mundial en contracción con las trasnacionales norteamericanas y europeas. Este hecho hace de ella una oligarquía rentista y parásita. Vende sus posesiones a las trasnacionales que, o bien las cierra para copar sus mercados, o bien reduce significativamente su producción (un ejemplo claro es el sector papelero nacional). La fuga de capitales responde a que el capital es más rentable para este puñado de parásitos invertido fuera que dentro de Venezuela.

Los compatriotas del Gobierno Bolivariano se equivocan si creen que es necesario que los empresarios inviertan para que se cree empleo. A primera vista esta afirmación parece sin sentido. Veamos, sin embargo, que no es así. Observemos las cifras de utilización de la capacidad productiva instalada: En el tercer trimestre de 2004 la capacidad utilizada de las industrias fue de un 55% frente al 44% del tercer trimestre de 2003. Estas cifras muestran que prácticamente sin invertir un solo Bolívar en bienes de equipo se podría poner a funcionar al doble las empresas venezolanas y aumentar el número de empleados proporcionalmente. Sin embargo, esto no se hace: como reconoce Lope Mendoza, presidente de Conindustria, “Las empresas están utilizando su mismo plantel de trabajadores para producir más (...) las inversiones siguen estancadas”y continúa afirmando que “las únicas inversiones que hay son las de reposición de equipos y mantenimiento” (Ultimas Noticias, 24 de noviembre). Si no se invierte en bienes de equipo es porque no hay mercado para que los empresarios venezolanos vendan esos productos al precio que ellos quisieran y así obtener el beneficio deseado. Por eso deciden sacar su dinero fuera del país, comprar deuda o meterlo en el banco donde pueden obtener muchos más beneficios.

La Revolución Bolivariana ha acentuado el boicot económico y el parasitismo histórico de la oligarquía venezolana. Evidentemente una revolución no es el mejor escenario para que invierta un capitalista. Eso lo sabe todo el mundo: desde nosotros los revolucionarios hasta el presidente G. W. Bush, pasando por todas las trasnacionales y, como no, también lo sabe Fedecámaras. La razón es bien sencilla. El pueblo venezolano y en particular la clase obrera están cada día más organizados, han perdido el miedo, tienen confianza en si mismos y por ello reclaman sus derechos, especialmente los más fundamentales como son el de tener una vida mejor, un empleo digno, una vivienda digna, etc. Eso, naturalmente, entra en contradicción con los intereses de los capitalistas nacionales y extranjeros que piden una porción cada vez más grande de la riqueza nacional y sólo lo pueden lograr a costa de las condiciones infrahumanas de vida de la mayor parte de la población. A eso se refieren los oligarcas y sus voceros cuando dicen que “Venezuela no está dispuesta a hacer las transformaciones estructurales que necesita” y piden el fin del control de cambios y de la inmovilidad laboral entre otras “reformas para impulsar la economía”.

El enriquecimiento de las trasnacionales y las oligarquías latinoamericanas bebe de la miseria de las poblaciones de América Latina, incluida la venezolana. Esto es el abc para cualquier persona progresista y, desgraciadamente, parece haber sido olvidado por algunos miembros del gobierno bolivariano.

Que la movilización popular impida el normal desarrollo de los planes de la oligarquía y del imperialismo y que sea un ejemplo para el resto de los países de América Latina y del mundo es la causa de su odio a la Revolución Bolivariana. Por muy buenas palabras e intentos que hagamos de mostrarnos como personas razonables y dialogantes con Albis Muñoz o Condolezza Rice, no dudaran en aplastarnos a la primera oportunidad que se les vuelva a presentar. Así lo demuestran los últimos años de golpismo y, recientemente, el asesinato del compatriota Danilo Anderson. Si hoy nos vienen con buenas palabras de reconciliación y olvido es para adormecer a los trabajadores y a los sectores populares y así mañana poder golpearnos mejor.

Sólo avanzando al socialismo podremos implementar el modelo de desarrollo endógeno

Los capitalistas nunca han cumplido con el pueblo y tampoco lo harán ahora. Algunos ministros del Gobierno Bolivariano, en vez de confundirse a si mismos y los demás, de sembrar ilusiones en que Fedecámaras o la inversión extrajera van a hacer avanzar la nación, tendrían que hacer como el Presidente Chávez y llamar las cosas por su nombre: Esto es que “Bajo el capitalismo es imposible acabar con la pobreza”.

El modelo de desarrollo endógeno sólo se podrá implementar si se acaba con el capitalismo en Venezuela. Una economía nacionalizada y planificada tendría enormes ventajas para el pueblo venezolano. El monopolio del comercio exterior permitiría proteger la industria venezolana y ponerla a funcionar al 100%, con un aumento muy rápido y en pocos meses del número de trabajadores empleados. La nacionalización de la banca y de todo el crédito permitiría financiar plenamente las cooperativas y aumentar la escala de su actividad. La democracia participativa y protagónica tendría al fin un contenido real: los trabajadores, los campesinos y los sectores populares participarían en la planificación del conjunto de la economía, tendrían el poder real en sus manos, el poder de cómo se asignan los recursos económicos y cómo se dirige la actividad productiva en su parroquia, en su fábrica, en su estado y en toda la nación. Para ello y sobre la base del aumento de la riqueza nacional y para ayudar a reducir el desempleo el Gobierno Bolivariano podría introducir una reducción sustancial de la jornada laboral a 35 o 30 horas semanales. Todo esto permitiría la participación real del pueblo que, liberado de la lucha humillante por la subsistencia diaria, podría gestionar de veras sus asuntos, los de su comunidad y los del país, dando un golpe mortal al burocratismo que atenaza actualmente la Revolución Bolivariana.

Esta perspectiva seguro que no será del agrado de Albis Muñoz y confirmará todos sus temores “estatatizantes”. Muchos compatriotas pensarán con razón que estas medidas arrecharán al imperialismo americano y que ello traerá nuevos peligros a la revolución. Esto es cierto. Pero coincidirán con nosotros en que lo que ha mantenido en pie al proceso bolivariano no ha sido ni el estado de ánimo de la oligarquía ni el del imperialismo hacia la revolución. Lo único que lo ha sostenido y hecho avanzar ha sido la lucha, la conciencia y la movilización del pueblo venezolano. Este espíritu revolucionario se mantendrá si el Gobierno Bolivariano, con el presidente Hugo Rafael Chávez Frías al frente, cumple las expectativas que los pobres y humildes de Venezuela han puesto en él. Estas expectativas sólo se podrán cumplir si se profundiza la revolución dentro de la revolución hacia el socialismo y se rompen las ataduras que suponen al libre desarrollo del género humano la propiedad privada de los medios de producción y el Estado nacional en Venezuela y en América Latina.

Vea también:

* ¿Es posible mantener el crecimiento económico y resolver los problemas de las masas dentro del capitalismo?

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