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| Alí Primera en el Teatro Teresa Carreño |
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| Viernes 31 de Octubre de 2003 |
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Al bajar esas primeras escaleras nos recibe con su gran sonrisa el compañero de siempre, el Cantor del Pueblo. Uno no puede creérselo. En una pantalla gigante, al lado de las escaleras mecánicas que te suben a la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Car
Al bajar esas primeras escaleras nos recibe con su gran sonrisa el compañero de siempre, el Cantor del Pueblo. Uno no puede creérselo. En una pantalla gigante, al lado de las escaleras mecánicas que te suben a la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, escrito en una esquina “Que mi canto no se pierda”, esta Alí Primera, con su mirada de futuro. Ya esta sola imagen le hace a uno brincar todas las emociones, sentir alivio, esperanza, reivindicación. Atrás parecen quedar los recitales clandestinos, en una tarima improvisada, con el miedo siempre acechando porque la represión puede llegarnos en cualquier momento.
Ya habíamos vivido en otros momentos la experiencia de entrar al TTC no ya para ver un Cascanueces en Diciembre o uno que otro concierto dominical de alguna orquesta sinfónica local sino para sentir el calor revolucionario que se respira cuando nos sumergimos en la marea roja que poco a poco está ganando los espacios que le corresponden y que antes la burguesía les había negado a muchos. Pero es que uno no termina de creérselo, no sé por qué. Hacer la cola para entrar a la Ríos Reyna y no sentir esa mirada pretenciosa del burgués que viene a creerse humano porque escucha Las Valkirias o del pequeño-burgués culturoso que se siente superior a quienes caminan a su alrededor es una sensación completamente nueva para muchos que durante años asistimos a eventos en el teatro insignia de tiempos superados, cada vez que el bolsillo nos lo permitía. Estaba subiendo las escaleras, estaba por entrar a esa sala tan grande y no había tenido que cancelar un monto equivalente a la mitad de un salario mínimo. De hecho, no había tenido que cancelar absolutamente nada. Me pude sentar tranquilamente, en medio de las sonrisas de quienes, como yo, parecían no poder creerse esto de que íbamos a escuchar a Los Guaraguao en el Teresa Carreño. Me senté bien arriba, eso sí, porque tanta gente, tanto pueblo, no se puede meter fácilmente en ninguna sala teatral, por más grande que sea. Las luces se apagaron, sentía el latir de tantas emociones, de tanta espera por fin reivindicada. Y caminando, con su amabilidad de siempre, nos recibe Luis Britto García, con unas breves palabras, donde recordamos aquellos tiempos en que nadie se hubiese podido imaginar lo que estaba sucediendo. Pero era cierto, la música no tardó en fluir y la alegría en manifestarse como siempre en la camaradería que nos une. Cada vez que recuerdo esa noche sabatina que apenas termina, una sonrisa se asoma, con la satisfacción de haber podido vivir estos tiempos, esta época que nace. Por eso los reaccionarios y ultra conservadores de la “élite cultural” venezolana hablan del estado deplorable en que se encuentra el que fue su teatro. No aguantan la idea de tener que compartirlo con quienes nunca pudieron pisar su grandiosidad en tiempos pasados. Para ti, camarada, como cantabas tú mismo, Yo te digo camarada por encima de la idea y aferrado a la querencia que sentimos por la tierra Propongo que nuestras manos sean buenas para la siembra que alimente a la ternura y a los derechos del hombre Pido que nadie se asombre si le digo camarada cuando le encuentre llorando de rabia ante la injusticia Cuando lo escuche cantando al amor y a la alegría cuando lo sienta soldado del combate por la vida Hay que armarse con la luz para vencer la oscurana así lo enseñó Jesús nuestro primer camarada Y si un niñito jugando con un camión de madera dice alegre: ¡camarada! seguro que está nombrando al constructor de juguetes y no al que hace armas de guerra Yo llamo a la vida misma dulce y buena camarada y al tener los cuatro metros de mi tierra liberada pido que mis camaradas me despidan con canciones flores rojas, puño en alto y me prometan seguir luchando por la alborada que también es camarada que también es camarada (recitado) Camarada es la llovizna cayendo en la tierra seca y la canción cuando vuela hasta posarse en el alma Y camarada es el cielo con su generoso azul llenando todos los ojos que pueblan el universo y camarada del amor... ¡el beso! |





