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POR LA NACIONALIZACIÓN BAJO CONTROL DE LOS TRABAJADORES DE LAS EMPRESAS OCUPADAS Y EN CRISIS Imprimir Correo electrónico
Jueves 02 de Octubre de 2003
El 1 de octubre varios centenares de trabajadores de empresas ocupadas y en conflicto de Venezuela tomaban las calles de Caracas, desde la sede de una de ellas –la Industria de Perfumes- hasta el Palacio de Miraflores convocadas por el recientementec El 1 de octubre varios centenares de trabajadores de empresas ocupadas y en conflicto de Venezuela tomaban las calles de Caracas, desde la sede de una de ellas –la Industria de Perfumes- hasta el Palacio de Miraflores convocadas por el recientemente creado Comité de Empresas Tomadas y en conflicto y por la Unión Nacional de Trabajadores (UNT).Este volante, editado conjuntamente por El Militante, El Topo Obrero y Activistas Comunitarios de Antímano (Caracas), fue repartido masivamente en esa manifestación como contribución al debate que en estos momentos existe entre los activistas obreros venezolanos y los trabajadores de las empresas tomadas.

Actualmente, varias empresas venezolanas (Constructora Nacional de Válvulas CNV- en Los Teques, la Industria de Perfumes en Caracas, la textilera Fénix Guárico- y otras) permanecen tomadas por los trabajadores luego de que sus empresarios en algunos casos prácticamente las abandonasen, en otros las hayan conducido a la quiebra y en casi todos intentasen despedir a trabajadores. Otras muchas empresas están en crisis en estos momentos y podrían ser tomadas en cualquier momento para defender el empleo.

Estos trabajadores vienen soportando: salarios caídos, problemas familiares y humanos de todo tipo, ataques de los empresarios y la derecha como el asalto de sicarios armados enviados por el empresario de Fénix, derrotado por los trabajadores y sus familias, o el intento de desalojo contra los trabajadores de CNV, paralizado por la respuesta de estos y las comunidades cercanas con el apoyo y solidaridad de centenares de trabajadores y sindicalistas venezolanos e incluso de otras partes del mundo.

Pero lo más importante es que los trabajadores, pese a todos estos obstáculos -y a que no llegaba la respuesta del gobierno a sus demandas de que interviniese- se han mantenido claros en la necesidad de continuar la lucha así como en su apoyo al proceso revolucionario que vive el país. Recientemente, además, han dado un paso adelante decisivo unificándose en un Comité de Empresas Tomadas y en Conflicto. Este paso es la primera vez que se da en la historia del movimiento obrero venezolano, pero no es un hecho aislado sino que sigue el camino abierto por los trabajadores argentinos que han tomado centenares de empresas para resguardar las fuentes de trabajo.

Cada una de las empresas venezolanas en conflicto tiene sus características específicas pero hay un denominador común: la lucha de los trabajadores por defender sus derechos y puestos de trabajo y enfrentar el saboteo económico de los empresarios profundizando la revolución. Por eso estas luchas deben contar con el apoyo y solidaridad de todos los demás trabajadores y de los sectores populares. El primer paso, como ya ha aprobado el Comité de Empresas Tomadas es recabar la solidaridad política y material del resto del movimiento obrero y popular. Para mantener la lucha y enfrentar las situaciones límite que muchos trabajadores sufren es necesario que todos los sindicatos y organizaciones clasistas, con la dirección de la UNT al frente, desarrollemos una campaña nacional e internacional activa de explicación de estos conflictos y recogida de solidaridad: vendiendo bonos, haciendo colectas, dando a conocer el número de cuenta bancaria del comité de empresas en crisis e ingresando aportaciones en esa cuenta cuanto antes.
Una primera medida urgente que debemos exigir al gobierno es que impida cualquier posible desalojo (varias empresas se hallan en zonas gobernadas por golpistas como Miranda o Carabobo) y que conceda un subsidio digno a cada uno de estos trabajadores en tanto no se solucione su problemática. Pero lo más importante es que el gobierno bolivariano, como expresión de la voluntad popular que es, tiene que encontrar cuanto antes una solución para estos trabajadores tomando en cuenta que uno de los recursos que está utilizando la contrarrevolución es intentar minar la moral y la confianza de las masas obreras y populares a través del empeoramiento de sus condiciones de vida, el desempleo, etc.

El crecimiento del desempleo se debe en parte al saboteo consciente de la economía para debilitar el proceso revolucionario pero tiene una raíz más general: forma parte de una crisis global del sistema capitalista. En toda Latinoamérica los empresarios recortan inversiones, atacan nuestros derechos y despiden a miles de trabajadores buscando mantener sus beneficios a costa de hundirnos en la miseria. Esto ha provocado una reacción popular: en Argentina como decíamos- centenares de empresas fueron tomadas y esto podría extenderse en cualquier momento a otros países. La lucha contra el desempleo y los ataques empresariales crece: huelgas generales en Colombia y Chile, marchas masivas en Brasil y Perú, nueva explosión obrera y campesina en Bolivia… incluso en las grandes potencias capitalistas (Estados Unidos, Europa, Japón) los empresarios atacan repetidamente a la clase obrera y el desempleo alcanza máximos históricos. En España de cada 100 nuevos contratos realizados más de 90 son temporales; en EEUU bajo Bush el número de pobres aumentó en 1 millón en un año. Los ataques patronales han provocado paros nacionales en España, Italia, Grecia, Portugal… y luchas masivas en Austria, Francia… Los gobiernos reaccionarios de estos países están al servicio del capital y anteponen siempre la sacrosanta propiedad privada al derecho al trabajo y a una vida digna, para defender los beneficios empresariales aumentan la explotación de los trabajadores y no le paran e incluso reprimen las luchas de estos.

Un gobierno popular y revolucionario tiene que actuar de modo bien distinto, anteponiendo la defensa de los puestos de trabajo -que son la base de la riqueza nacional- y de los intereses de la clase obrera y el pueblo, que somos la inmensa mayoría de la sociedad, a cualquier otra consideración. El gobierno debe reunirse con los trabajadores de las empresas tomadas y asumir sus reivindicaciones. Cada uno de estos colectivos de trabajadores debe discutir en asamblea sus reivindicaciones y plantear cuál cree que es el mejor modo de seguir manteniendo abierta la empresa y defender los empleos. De este debate debe surgir un programa de lucha que recoja las reivindicaciones específicas de cada colectivo de trabajadores y reivindicaciones generales que den una solución global a todas las empresas de forma que esta unidad en la lucha que tanto ha costado conseguir y que es la clave para vencer se mantenga. En nuestra opinión lo que mejor garantiza la continuidad de las empresas y el mantenimiento del empleo en este momento de crisis capitalista profunda es la nacionalización de las empresas en crisis bajo el control de los trabajadores.

Las empresas nacionalizadas deberían ser integradas dentro de un plan económico nacional junto a las cooperativas y el resto de empresas públicas. El control y participación de los trabajadores garantizaría que no habría despilfarro ni una mala gestión. En muchas de estas empresas la gestión incluso podría realizarse por parte de un comité cuatripartito formado a partes iguales por representantes del gobierno, de los trabajadores de la propia empresa, de los sindicatos clasistas y de las comunidades cercanas. El argumento de que esto supondría un ataque a la propiedad privada es chimbo. Los propietarios de estas empresas han acumulado beneficios durante años que nadie sabe adónde han ido a parar y ahora o no quieren o son incapaces de mantener las empresas funcionando. Lo democrático, justo, razonable y revolucionario es que si ellos no pueden o no quieren poner a producir las empresas sean los que se han montado en defender estas, los trabajadores, los que las gestionen democráticamente con ayuda técnica, económica, etc del gobierno. La decisión final debe estar en manos de los trabajadores de cada empresa pero la nacionalización garantizaría una solución global y unificada para todas que reforzaría la unidad del movimiento obrero.

La nacionalización de estas empresas debería combinarse con la nacionalización de la banca también bajo control de los trabajadores o el control obrero y popular sobre una PDVSA refundada y gestionada en interés del desarrollo nacional y de la revolución.

Estas medidas incrementarían los recursos disponibles tanto para las inversiones necesarias en estas empresas como para conceder créditos baratos y a largo plazo a otras empresas, a las cooperativas y a los pequeños productores, y supondrían un avance decisivo en la profundización de la revolución.


- Por el Control obrero y la gestión de los trabajadores de las empresas ocupadas
- Aprobación de una ley de quiebras que favorezca a los trabajadores
- Ley de expropiación y nacionalización
- Destitución de los inspectores de trabajo que no responden a los intereses de la clase obrera
- Participación de los trabajadores y los sindicatos clasistas (UNT) en el control de estos
- Comisión permanente formada por los propios trabajadores de empresas tomadas y en conflicto que vigile los casos en el ministerio de Trabajo

- Reenganche de los despedidos y pago de todos los salarios caídos
- Subsidio para los trabajadores hasta que se resuelva el conflicto
- Nacionalización bajo control de los trabajadores de las empresas en crisis